Felisa Wolfe-Simon ante el árbol de la vida

Uno de los eslóganes más coreados durante las revueltas estudiantiles de mayo del 68 era “Hay otros mundos, pero están en este”. El equipo dirigido por Felisa Wolfe-Simon ha demostrado, al descubrir una bacteria que utiliza el arsénico para vivir y crear vida, que la utopía es una realidad.

Ahora bien, ¿esta bacteria estaba ahí y no lo sabíamos hasta ahora? ¿Es una adaptación seleccionada por las condiciones extremas, lo que abre nuevos caminos para reflexionar sobre cómo se adaptan los organismos al cambio global? ¿O es un ser que procede del mundo exterior y, por lo tanto, abre nuevas vías a aquellos que buscan vida fuera de la Tierra? Sea lo que fuera, lo cierto es que vive entre nosotros, pero no es como nosotros.

Hasta el pasado viernes 2 de diciembre, la comunidad científica trabajaba con un solo paradigma: todos los organismos vivos, desde el microbio más pequeño al ser humano (y hoy somos más de 12 millones de especies diferentes), compartimos un mismo patrón, una misma maquinaria molecular: ácidos nucleicos (ADN y ARN que contienen los planos de construcción y las instrucciones de funcionamiento), proteínas (que ejecutan las instrucciones de los planos), lípidos y glúcidos (ladrillos y combustible).  Ver artículo completo »