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adan 

La ortodoxia cristiana dice que somos “imagen y semejanza de Dios”… pero como este señor (o ¿señora?) “está en todas partes” no debiéramos ser tan distintos de otras especies como nos creemos porque, de ser así, habría que buscar la intervención del Maligno en los elementos que nos diferencian del resto —a nosotros o a ellos—. Digo yo.

Así que, si obviamos la arrogancia que nos caracteriza —quizá esa parte de nuestro carácter es obra del mismísimo demonio— y evitando las comparaciones —existen cientos de cosas que nos hacen bastante más torpes y menos inteligentes que muchos animales—, así como en aras de buscar esos puntos comunes que nos asemejan al resto, por aquello de sumar y no restar —ya saben: siempre positivo nunca negativo—, habrá que tirar de la genética para encontrar ese tronco común y esas líneas que nos definen. Porque seguro que existe algo que objetivamente nos haga ser distintos.

Desde que en el año 2006 se hizo publico el genoma humano, llamó poderosamente la atención un grupo de genes denominados HAR, que responde a las siglas Human Accelerated Regions (regiones humanas aceleradas). Estas regiones, que son un total de 49, la presentan muchos vertebrados, pero las que tenemos los humanos son muy diferentes a la del resto, incluso a las de los chimpancés, que tan cerca están de nosotros en la escala evolutiva. Ver artículo completo »

nariz 

La verdad es que nos lo temíamos. El tamaño de la nariz, de las fosas nasales, está en relación con el clima. Se trata de un mecanismo de adaptación que nuestra especie ha logrado desarrollar para sobrevivir mejor a las diferentes temperaturas que tienen los parajes donde hemos decidido poner nuestra tienda de campaña. O si lo prefieren, es el precio que hemos tenido que pagar por ser una especie andarina, que no se conformó con quedarse en África y prefirió explorar tierras lejanas buscando vaya usted a saber qué.

Así, las narices finas y alargadas están mejor preparadas para los climas fríos, mientras que las chatas y aplastadas resultan más útiles para los cálidos. La confirmación científica ha sido realizada por un equipo norteamericano y pone como responsable a los senos maxilares. Y vayamos por partes.

Además de albergar el sentido del olfato, por cierto el sentido más antiguo pero el menos desarrollado en nosotros, la nariz cumple un papel fundamental en la respiración. Ver artículo completo »

camel

Que lo pequeño sobrevive mejor es una afirmación que ofrece poca resistencia. Ahí tienen como muestra los organismos unicelulares que pisan la faz de la Tierra desde hace miles de millones de años, frente a los mastondónticos dinosaurios que se desaparecieron en un instante. Aun así, los humanos nos sentimos orgullosos al contemplar cómo generación a generación nuestros vástagos nos dan capones con la barbilla y, por lo general, seguimos discriminando a los bajitos.

Lo grande nos fascina y descubrir que una nueva especie que pobló el planeta era grande aumenta los caracteres tipográficos del descubrimiento. Pero en esta ocasión, el revuelo se ha montado no tanto por su tamaño como por su ubicación: los camellos gigantes habitaron el Ártico, en Canadá. Y no crean que fue a base de dejarse crecer un abriguito de pieles a modo de los mamuts —los antecesores de nuestros elefantes—. Más bien fue que, por aquel entonces, lo que hoy conocemos helado gozaba de un clima algo más templado, entre los 14 y los 22 grados centígrados. Al fin y al cabo, hace unos 3,5 millones de años, allá por el Plioceno medio, también hubo otra era de calentamiento global.  Ver artículo completo »

leopardo 

Somos fruto de un complejo mecanismo evolutivo. Gracias a él, todos los organismos tenemos una apariencia determinada que nos permite adaptarnos de la mejor manera posible a los hábitats y sobrevivir.

Los colores de la piel o pelaje, la forma de nuestras extremidades, las capas que nos cubren son una muestra de ello. Ahora bien, existen apariencias que no acaban de explicarse debidamente o, digamos, que no acaban de haberse depurado completamente. Y vamos al lío. Por ejemplo, algo determinante en todos los animales que hemos desarrollado visión es la posición que tienen los ojos en la cabeza. Así se explica que los herbívoros tengan situados los ojos en los laterales porque, según explican los biólogos, sacrifican parte de la visión frontal para tener un mayor campo de visión. Situados a los lados de la cabeza, llegan a tener un campo visual que les permite observar lo que ocurre en un ángulo superior a los 300 grados (prácticamente no tienen ángulos muertos), pero en cambio la visión superpuesta de los dos ojos apenas llega al 30%. Ver artículo completo »

metabiologia 

Uno de los enigmas que los humanos nos empeñamos en descifrar es el origen de la vida. Representa una de las cuestiones a las que intentamos dar una respuesta desde las más variadas disciplinas. En las últimas décadas, parece que nos hemos instalado en el consenso de que vida es todo aquello que evoluciona —o tiene capacidad de evolucionar—.

Si pasamos por alto las interpretaciones teológicas —que merecerían un capítulo al margen—, parece claro que los mecanismos evolutivos que hacen evolucionar a las especies es un fenómeno que se llama mutación.  Las mutaciones son cambios en la información genética que pueden permitir a los individuos adaptarse mejor a las condiciones ambientales (mutaciones beneficiosas) o bien tener consecuencias desastrosas siendo causa de enfermedad (mutaciones deletereas). Ver artículo completo »

El beso

kiss

Todo comienza con un beso (aunque Hollywood se empeñó machaconamente en hacernos creer que todas las películas acababan con uno). Un primer beso que es la expresión de deseo y de unión en una pareja. Pero más allá de las prácticas amatorias, ese primer beso puede resultar determinante. Si nos ponemos cursis, por aquello de que las chispas que salten en esa toma de contacto inicial serán cruciales para la continuidad de los tortolitos y si nos ponemos académicos, porque con el intercambio de fluidos se produce otro tipo de intercambio.

Y vamos a ello, o mejor dicho, con ello. De entrada hay que subrayar que no es patrimonio de los humanos (no todos los animales lo hacen, pero hay algunos, como ciertos primates o zorros por ejemplo, que sí) y que, en sus orígenes, los paleontólogos creen que surgió como una expresión de cuidado materno: una forma de alimentar boca a boca cuando las mamás machacaban la comida antes de ofrecérsela al bebé.

Dicho lo cual, obviemos todo lo relativo a la excitación que puede provocar el beso (suele ser el preámbulo del acto sexual entre humanos), que estas líneas no van de sexo. Aunque si quieren entrar en cuestiones relacionadas con el placer y el beso, pues sepan que al unir los labios con otra persona estamos reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés), lo que nos provoca un cierto bienestar al tiempo que se libera dopamina, noradrenalina, feniletilamina y oxitocina (las hormonas del placer). ¿Suficiente, no?  Ver artículo completo »

Arrugas útiles

dedus

No somos anfibios ni animales acuáticos pero nos gusta el agua como si lo fuéramos. Tanto que más de uno solo sale del líquido elemento cuando nota que las yemas de sus dedos están tan arrugados como uvas pasas. Pero esta circunstancia, la de que se arruguen los dedos por su cara interna, no solo pasa cuando los ponemos a remojo, este proceso también sucede cuando vamos envejeciendo, aunque no es tan evidente.

Este hecho común ante acontecimientos que nada tienen que ver —mojarse y envejecer— ha provocado la curiosidad científica. Observando el funcionamiento de nuestros dedos arrugados por el agua, un grupo de investigadores británicos pudo comprobar que de este modo —con arrugas— se mejora la capacidad de agarrar otros objetos mojados o sumergidos bajo el agua.

Algo que sin duda pudo haber facilitado nuestro paso de cazadores a recolectores, es decir, cuando nuestros antepasados decidieron asentar sus posaderas en un territorio y vivir recolectando los frutos del campo o en las riberas de los ríos.  Ver artículo completo »

boxzapatos

Los caminos del Señor resultan incescrutables y los de la evolución también. Por mucho que se empeñen algunos, el ser humano aterrizó en este planeta tras un largo camino evolutivo que lo situó a la cabeza de los depredadores. Ahora bien, y obviando lo de la inteligencia, si se miran al espejo les puede resultar curioso nuestro desarrollo morfológico. No encontrarán en su anatomía ni las garras de un águila o tigre, ni las fauces de un león o la fuerza descomunal que exhiben los rinocerontes en su cabeza, por ejemplo. Tampoco nuestra piel parece especialmente preparada para resistir las acometidas de otros depredadores, ni estamos adornados de instrumentos de defensa y ataque como pueden ser los cuernos.

Apenas tenemos signos externos que evidencien nuestra capacidad para la caza y lograr nuestro sustento. Y aunque alguno de ustedes volverá a la carga con lo de la inteligencia y la capacidad humana para fabricar herramientas que se conviertan en flechas, lanzas o punta de hachas… con algo debiéramos habernos defendido/atacado hasta entonces, ¿digo yo? Ver artículo completo »

vampiros energeticos

Los aficionados a los relatos y filmes de ciencia ficción —aunque sean de lo más gore o de serie b— seguro que en seguida se reconocerán en las siguientes líneas y que una sonrisa de “ya lo sabía yo” los ilumina. Surge, quién sabe de dónde, una especie de mutante, bicho o alienígena que posa su mano sobre otro mortal y lo deja seco, sin gota de energía.

Vampiros energéticos haberlos háilos, y sin necesidad de buscarlos en otras especies. Los tenemos entre nosotros. Al fin y al cabo, la energía, y los humanos la desprendemos, además de transformarse se puede conducir y transportar (y si no, de qué íbamos a tener esos calambrazos de carga electroestática cada cierto tiempo). Ver artículo completo »

tongue

De chicos, y no tan chicos, nos sorprende la cantidad de cosas que podemos hacer con el cuerpo —y no me lean por donde no deben, que esto hoy no va de acrobacias ni de sexo—. Sobre todo en lo concerniente a sonidos. No me digan que no han probado nunca a imitar a ese compi que hacía sonar sus articulaciones con un simple movimiento de manos. Más o menos, todos lo acabábamos consiguiendo, aunque el ruido de nuestros nudillos no alcanzara la proporción de los que sacaba’el líder.

El truco —sí, aciertan— tiene su explicación científica. Las articulaciones están bañadas por un líquido llamado sinovial que tiene como misión lubricarlas para evitar el rozamiento y desgaste entre los huesos cuando éstos se mueven. De hecho, su ausencia o su presencia en mayor cantidad de la precisa acaba provocando lesiones. Pues bien, en este líquido —como en la mayoría— hay disuelta cierta cantidad de gas.

Al estirar las articulaciones, estamos separando los huesos de la articulación y al aumentar este espacio lo que ocurre es que la presión del líquido disminuye y esos gases disueltos, de golpe, forman burbujas. La formación de estas burbujas producen el ruido que oímos.

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