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auriculares

Uno de los espectáculos molestos que nos ofrece la civilización tecnológica es contemplar a esa caterva de adolescentes, y no tan adolescentes, solitarios que nos obsequian con su imagen contorneándose al compás de una melodía parapetados en unos auriculares —cascos, para entendernos— de donde percibimos algo parecido a una música. Bueno, se puede empeorar con unos gorgoritos desafinados saliendo de sus labios.

Presuponemos que, para escuchar esos sonidos, el volumen debe de estar tan alto que están acabando con su capacidad auditiva y que en nada y menos se quedarán sordos. Al menos, así se alimentó una leyenda urbana que ha ido creciendo desde que ese tipo de audífonos se popularizó en la década de los ochenta. De hecho, se publicó algún que otro estudio donde se afirmaba que una de cada 20 personas se estaba quedando sorda por el abuso de estos dispositivos. Ver artículo completo »

cotorrillas 

Algunos se atreven a llamarlas cotorras, tampoco es para tanto, pero si juntamos en una habitación a un hombre y a una mujer, con casi total seguridad la conversación acabará monopolizada por ella. ¿Agilidad mental? Seguro que sí. No me sean mal pensados, que esto no va de guerra de sexos ni de nada que se le parezca.

Sigamos: los estadounidenses, que, ya saben, son muy aficionados a hacer recuentos y a la estadística, ya dijeron que ellas pronuncian, de media, unas 20.000 palabras de media frente a las escasas 7.000 que acostumbran a salir de los labios de ellos. Casi una tercera parte más.

Algunos, norteamericanos también, andaban con la mosca tras la oreja intentado descubrir los motivos de esa mayor locuacidad femenina y acaban de publicar su solución en el Journal de Neurosciencie: la responsable es una proteína, la FOXP2 —que vaya nombre tan onomatopéyico para una proteína que se la podría haber bautizado con un simple proteína del lenguaje—.  Ver artículo completo »

delgada

Mucho se habla sobre los cánones de belleza y los modelos sociales que priman la delgadez o las curvas en los cuerpos de mujer. Un debate más cercano a la economía que a la salud y en el que está implicado un amplio sector de la industria, ya sea de la moda, de la estética o laboratorios fabricantes de productos milagro para acabar con grasas superfluas, de las sociedades llamadas avanzadas.

Partiendo del principio de que no todos somos iguales y que cada cual tiene su propia anatomía y que, por lo tanto, el principal y el único canon de belleza pasa por aceptarse tal y como la naturaleza nos ha creado —que hay gente pa tó—, surge el interrogante de si estamos ante un debate estético provocado por los gustos de las propias mujeres o, por el contrario, está inducido por los hombres. Parece que la respuesta se decanta más por la segunda que por la primera opción. Ver artículo completo »

coqueteo

—¿Qué haces? ¿Coqueteas con esa chica (o con ese chico)?

—La verdad es que no, estoy siguiendo mi dieta de adelgazamiento.

A lo mejor como diálogo de una sitcom puede resultar válido, pero… y si resulta que es verdad, ¿cómo se quedan? En la locura que hemos entrado por tener un peso acorde a determinados cánones y eliminar los superfluo —las lorzas— de nuestra anatomía, nos pasamos el día buscando actividades que aumenten nuestra capacidad para quemar grasas.

Lo último que he leído al respecto afirmaba con cierta vehemencia que coquetear adelgaza, que en ese ejercicio de conquista se consumen 11 kilocalorías por minuto (vamos, que en 120 segundos consumes el equivalente a esas tortas de arroz con las que engañamos al estómago sustituyendo el pan de las comidas) y que, además, en el caso de los varones, aumenta su producción de testosterona en la sangre (no podría ser de otro modo). El citado artículo hace referencia a un estudio realizado por biólogos en la Universidad de Bogotá (Colombia). Ver artículo completo »

Que si sus ondas pueden provocar algún tipo de cáncer, que no los guardemos en el bolsillo delantero del pantalón ya que su contacto con la genitalidad masculina acaba derivando en impotencia, que su uso abusivo puede convertirse en un trastorno obsesivo compulsivo u otros tipos de enfermedades mentales… Pues si les parecen muchos los trastornos que parecen acompañar el manejo de los teléfonos móviles, añádanle uno más: que si nos acompañan en la cama, pueden acarrearnos una depresión.

En esta ocasión, la teoría se basa en las patologías que causa la contaminación lumínica. Ya hemos comentado en otros artículos que los humanos estamos concebidos como animales de vida diurna y que alterar el ciclo circadiano del descanso es un tema como para tomárselo en serio. Y dentro de estas alteraciones, la luz artificial juega un papel fundamental.

Pues esa luz brillante en forma de destello que sale de nuestros teléfonos puede ser el origen de alteraciones en el estado de ánimo que nos llevaría a estar bajos de tono —y en situaciones extremas, a la depresión— y dificultar nuestra capacidad de aprender cosas nuevas al día siguiente.  Ver artículo completo »

Los científicos, como colectivo, tienen sentido del humor; y como prueba de que tienen capacidad de reírse de sí mismos, se reúnen todos los años en torno a unos galardones que premian las investigaciones más absurdas o imposibles. Son los Ig Nobel.

Si enunciamos que un grupo de investigación ha conseguido la fórmula para “predecir la forma en que crecerá una cola de caballo o coleta”, que hay gente que se dedica a estudiar que los chimpancés son capaces de “reconocer a sus congéneres mirándoles el trasero”, que “inclinarse hacia la izquierda hace que la Torre Eiffel parezca más pequeña”, que “los investigadores del cerebro, mediante el uso de instrumentos complicados y estadísticas simples, pueden ver actividad cerebral significativa en cualquier lugar, incluso en un salmón muerto” o a “qué ocurre con el café cuando lo llevamos en una bandeja de la barra a la mesa”, seguro que piensan que se trata de frikis que tienen demasiado tiempo libre.

Pero no, estos trabajos existen y se han publicado en revistas científicas. Es decir, que se han elaborado concienzudamente, han pasado los rígidos controles de este tipo de publicaciones y, sobre todo, a pesar de lo absurdas que puedan aparecen, algo de interés para la humanidad tendrán cuando se hacen y se editan.  Ver artículo completo »

El lenguaje, la capacidad de articular mensajes de acuerdo a una reglas previamente establecidas y comunmente aceptadas por los individuos de una especie o de un colectivo dentro de esta, es una de las formas a través de las cuales establecemos patrones para determinar la inteligencia de los diferentes organismos que cohabitamos en el planeta.

Así, hasta la fecha se creía que en el mundo de los mamíferos, aparte de los humanos, solo las ballenas contaban con unas reglas de lenguaje perfectamente delimitadas que les permiten comunicarse y construir, por lo tanto, mensajes que facilitan el intercambio de información entre ellas. A esta exigüa lista de mamíferos hay que sumar a partir de ahora a los murciélagos.

Un grupo de científicos norteamericanos coordinados por Kristen M. Bohn ha comprobado que los murciélagos son capaces de artícular un código de mensajes que utilizan durante su fase de apareamieno. Frases que sirven tanto como melodía de seducción para las hembras como de señal de advertencia a los otros machos de que han ligado y se mantengan al margen y no se inmiscuyan en la relación.  Ver artículo completo »

Todos los seres vivos, animales o plantas, dejamos rastros de nuestra edad. Siendo niño, al contemplar un tronco cortado, me resultó fascinante saber que ese dibujo con forma de diana en su interior no era otra cosa que una representación gráfica del DNI, que por cada anillo había que sumarle un año al árbol. Luego, no dejó de inquietarme la afirmación de un lugareño de que a los burros se les reconoce su edad mirándoles la dentadura (ya saben: “A burro regalado no le miren el diente”).

Pasaron los años y comprendí que las arrugas son la expresión de la edad en los humanos, aunque hay algunos especímenes que, a base de aplicar cirugía u otro tipo de ungüentos, se empeñan en camuflarlos. Pero no es un método preciso, ya que la piel envejece por múltiples razones, entre ellas la exposición a los rayos de sol.

Para conocer la edad de un ser humano basta con analizar un poco de su saliva. Y con un margen de error mínimo. La saliva contiene nuestro ADN, es decir, toda nuestra información genética. Pues bien, una de las cinco partes básicas que forman este código es la citosina. La citosina sufre una modificación química según vamos envejeciendo. A este proceso se llama metilación y en función del cuadro que presente podremos determinar cuál es la edad de a quien se le haya escapado un poco de saliva.  Ver artículo completo »

Somos los primeros… en consumo de cocaína y cannabis. Y lo dicen las aguas, que son unas chivatas pero no unas mentirosas. Ya se conocía que el caudal de los ríos españoles estaba bastante contaminado por la presencia de compuestos farmacéuticos, como antibióticos. Determinadas sustancias que no son metabolizadas por nuestro organismo acaban en las aguas residuales y, de estas, en los ríos.

Lo que no se había utilizado hasta ahora es el potencial de información que tienen las aguas para tomar el pulso al grado de drogadicción de una ciudad, o por extensión de un país. Pero, de cuando en cuando, la ciencia también se pone al servicio de la protección de la salud.

La investigación coordinada por varias universidades y centros científicos y realizada por primera vez y al mismo tiempo en 19 ciudades del continente europeo se ha basado en el análisis de las aguas residuales a través de biomarcadores urinarios que han detectado de manera fiable la presencia de cocaína, anfetamina, metaanfetaminas, éxtasis y cannabis.  Ver artículo completo »

Reciclar y reutilizar sí, pero extremando las medidas porque al final, por optimizar los recursos, podemos hacer un roto a la naturaleza de cuidado. El agua es uno de los bienes más escasos y a los que el ser humano está destinando mayores recursos para un uso más racional. En este sentido, varias líneas de investigación  tecnológica avanzan para dar un nuevo uso a las aguas residuales. Aparentemente, con las ténicas habituales de depuración se pueden destinar para usos agrícolas e industriales, aunque no siempre.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla ha alertado recientemente de la existencia de un tipo de nematodos, conocidos popularmente como gusanos redondos, en las estaciones depuradoras de agua, que se pueden transimitir a los cultivos a través del riego.

Los nematodos son la segunda especie más común en el planeta. Se calcula que puede haber hasta medio millón de especies diferentes. Básicamente, se trata de organismos acuáticos o que necesitan humedad para proliferar y existen especies que viven libremente y otras que son parasitarias de plantas o incluso del hombre (aunque son el grupo menos numeroso). Las parasitarias de las plantas se introducen en ellas (y pueden llegar a través del riego) y absorben sus jugos.  Ver artículo completo »