Sócrates se preguntaba si sería posible engañar a los ciudadanos atenienses con una falacia: convencerlos de que los dioses habrían creado tres clases sociales diferentes a las que se pertenecía por nacimiento.

La primera de ellas sería la de los gobernantes, que habrían sido fabricados con oro; la segunda la de los administrativos, fabricados con plata y la tercera la de los artesanos, agricultores y soldados, hechos con hierro.

Esta invención daría estabilidad a la vieja Atenas: cada uno ocuparía el lugar que le corresponde en la jerarquía social. Condicionados desde el nacimiento. Ver artículo completo »