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Diabetes

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La evolución ha dotado a cada especie con unas características concretas. Los diferentes diseños responden a las necesidades adaptativas para vivir en un entorno y cualquier cambio puede resultar perjudicial. Es el precio que tenemos que pagar los seres pluricelulares. Modificar nuestros hábitos de vida (de ejercicio, de dieta, etc.) supone jugar a la contra de la naturaleza y aumentar nuestras papeletas para padecer enfermedades. Resulta muy complicado ganarle la partida a la genética, aunque afortunadamente los humanos contamos con el aliado de nuestra inteligencia y, gracias a ella, de la Medicina, que cuando deja de ser preventiva se convierte en paliativa en la mayoría de los casos.

Hoy nos detendremos en uno de estos males que afecta a un porcentaje elevado de la población: la diabetes. Los cálculos de la OMS auguran que afectará a 370 millones de personas en los próximos 15 años. Una enfermedad crónica que puede acabar provocando una pésima calidad de vida, que se caracteriza por mantener unos niveles altos de azúcar en la sangre y que puede abocarnos a la muerte. Ver artículo completo »

cerradura 

Uno de nuestros objetivos es prolongar nuestra existencia en este planeta cuanto más tiempo mejor. Pero vivir más también puede resultar caro en términos de adaptación. De entrada, hay que subrayar que todos tenemos una fecha de caducidad y que en función de la misma nuestro organismo ajusta el funcionamiento de todas sus células. De ahí que, si estiramos la goma y prolongamos nuestra existencia, parece lógico pensar que alguien (alguna parte de nuestro cuerpo) ha de tener que pagar la fiesta. Es decir, que tendremos que acostumbrarnos a vivir con nuevas enfermedades —achaques producto del funcionamiento de células gastadas— y a combatirlas.

Quizá uno de los ejemplos más palmarios lo encontramos en nuestra osamenta. Diseñada para aguantar nuestra constitución, los huesos no tenían previsto estar tanto tiempo en activo y con su deterioro surgen los problemas de descalcificación, artrosis, artritis…. También el desarrollo de determinado tipos de cáncer es una buena muestra de ello. Sobre todo de aquellos cuya aparición, estadísticamente hablando, surgen a partir de determinada franja de edad adulta. Cuando la esperanza de vida no superaba los 50 años, lógicamente, no se desarrollaban, moríamos por otro tipo de causas. Ver artículo completo »

el color de los medicamentos<br /><br />

Los comportamientos de los humanos responden a diferente tipo de variables. Nos dejamos llevar por las percepciones que procesamos a través de los cinco sentidos a la hora de tomar determinado tipo de decisiones. Como especie, ni el oído ni el olfato resultan las más determinantes —tenemos una cierta desventaja sobre otras—. En cambio, la vista parece que nos influye sobre las demás.

En otras ocasiones hemos comentado cómo realmente comemos por la vista o cómo los colores predisponen favorable o desfavorablemente nuestro estado de ánimo. De hecho, esta circustancia es bien conocida por las compañías aseguradoras, que a través de sus propias estadísticas de siniestros establecen sus rankings de conductores más asiduos a entregar partes de accidentes. De hecho, aquellos automovilistas —entre otras variables como la edad, años de carnet, etc— que optan por comprar vehículos de color rojo muestran una predisposición a mantener una conducción más agresiva y, por lo tanto, resultan potencialmente más caros. Ver artículo completo »

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Por mucho que se empeñen los poetas y por muy poéticos que puedan resultar, los ojos negros no existen. O, mejor dicho, si los ve no tenga duda: esta frente a una persona enferma. Se denomina Aniridia y su principal síntoma es que la falta total o parcial del iris.

Se trata de una rara enfermedad que afecta a los dos ojos por igual y tiene su origen en el anómalo funcionamiento del gen PAX6, el encargado de regular la unión de las proteínas con el cuerpo. Quienes la padecen tienen una visión baja y padecen fotofobia, pero también puede afectar al aparato urinario, los riñones e incluso al desarrollo mental. Se conoce como tal desde principios del siglo XIX.

Pero volvamos al color de ojos. Esos negros que inspiran a los vates son realmente de color marrón oscuro —los predominantes para nuestra especie humana—, pero además de los verdes y azules, los siguientes en abundancia, los hay de más colores.  Ver artículo completo »

No hay nada tan desagradable como amanecer tras una noche de excesos de alcohol —sea o no de garrafón— y tabaco y comprobar cómo nuestro cuerpo se haya inmerso en un torbellino de náuseas, acidez de estómago, dolores de cabeza, pérdidas de equilibrio y… por favor, hable más bajito que no aguanto los gritos. La temible resaca. Entonces, en un segundo de lucidez mental, es cuando nos acordamos de la ciencia, los científicos y por qué no han descubierto ya un remedio eficaz e instantáneo para paliar sus efectos.

Bueno, tiempo al tiempo, que Zamora no se conquistó en una hora. Al menos, después de algo más de 200 años de ciencia moderna —bastante menos de los que lleva el ser humano ahogando sus penas en alcohol— ya se ha descubierto la molécula responsable de ponernos tan mal cuerpo (es un decir, ya que si no nos excediéramos no habría tal): la carnosina.

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Hay otros mundos pero están en este, sin duda. Sobre todo uno desconocido, el que forman el universo de microorganismos, esos seres vivos que no somos capaces de ver pero que sin embargo dejan una constante huella de su presencia. De sobra es conocido que los ácaros nos acompañan durante el sueño. Pero, ¿y en la oficina, quién nos acompaña de manera silenciosa a lo largo de esas ocho horas de promedio que permanecemos en nuestro lugar de trabajo?

Un equipo de investigadores de la Unversidad de San Diego, California, y de la de Arizona se han hecho la misma pregunta y se han puesto a rastrear quién mora en los despachos. Y la medalla a las bacterias más trabajadoras hay que dársela a un tipo bastante común, los Streptococcus, Corynebacterium y Lactobactillus. Y en una proporción nada desedeñable, unos diez millones de bacterias por metro cuadrado. En total, se identificaron unas 500 bacterias de diferente género. Ver artículo completo »

El contacto es quizás la manera más intensa de comunicarse que hemos desarrollado los humanos. El roce de las yemas de los dedos sobre la piel de un semejante, sea en forma de caricia, de apretón de manos o incluso de cachete, transmite emociones y mensajes de seguridad, de confianza, de fuerza, de protección, de solidaridad, de cariño.

La piel es una fuente continua de sensaciones, pero también puede resultar un vehículo de contagio de enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que 7 de cada 100 infecciones en el mundo desarrollado y cerca de 10 en las naciones en vías de desarrollo que se transmiten en los hospitales son provocadas por una deficiente forma de lavarse las manos por parte del personal de los centros hospitalarios o por los visitantes que tocan a los pacientes.

Imaginen el grado que puede alcanzar esta manera de contagio en los llamados países de llamado Tercer Mundo. Y los datos hacen referencia tan solo a lo que ocurre en los hospitales. Ver artículo completo »

Se acerca el veranito y a todos nos entra cierto reparo a la hora de pensar que en poco tiempo nos vamos a tener que lucir en las playas y piscinas con poquita ropa. La operacion bikini se pone en marcha y las dietas imposibles, los sacrificios y el ejercicio físico están a la orden del día. Es el momento de arrepentirnos de habernos zampado esos alimentos basura, que nos hicieron las delicias en la boca pero que ahora nos amargan el presente.

Así que allá va una reflexión para esos momentos de pasar hambre o de agotador ejercicio. Comer bien no solo nos mantiene en forma física, sino que tiene otra serie de valores añadidos relevantes. No tomar mucho azúcar, por ejemplo, es fenomenal para no engordar, además si somos golosos existen bastantes edulcorantes como sustitutivos.

El azúcar, o mejor dicho, los azúcares son imprescindibles para el funcionamiento de todas las células de nuestro cuerpo y, por extensión, para que todo el cuerpo funcione correctamente. Es más, el cerebro funciona solo con glucosa, que es un azúcar.  Ver artículo completo »

¡Infección!

Cultivo de bacteria E.colli

Como ocurre en la vida en pareja, todo depende de la compatibilidad. Cuántas veces habremos dicho eso de que no se me va esta u otra enfermedad porque me ha cogido cariño. O más académicamente, se pregunta por qué unas bacterias pueden afectar a unos animales y a otros no o por qué hay personas más susceptibles que otras de contraer enfermedades infecciosas. Amor de célula, seguro.

La compatibilidad de dos células y, por lo tanto, la capacidad de formar una unión estable depende de su parte externa, de su membrana celular. La membrana tiene lípidos, proteínas y azúcares y la interacción se produce a través de estos últimos gracias a unas proteínas que se llaman lectinas. Si una bacteria posee una lectina en la que encajan unos azúcares que tiene una célula humana, esa bacteria podrá infectar a la célula humana. Es más, muchas veces no se necesita que la bacteria entre, simplemente con que la toxina causante de la enfermedad, que es una proteína, reconozca los azúcares, podrá entrar en la célula y causar la enfermedad. Ver artículo completo »

En el anterior post dejamos abierta la pregunta acerca de qué elemento —distinto de la grasa— provoca que el colesterol LDL que tengamos corriendo por las venas sea de tipo B (el que tiende a pegarse y causar problemas). Para más información acerca de los dos patrones de colesterol LDL, recomiendo consultar este trabajo de Rizzo y Berneis. La respuesta está en los hidratos de carbono simples y/o refinados.

Uno de los ejemplos más frecuentes es la fructosa, así como todos los carbohidratos que, si bien en su origen son integrales y completos, sufren el refinado pertinente para que luzcan mejor, para que duren más en las estanterías de los supermercados o para que provoquen más hipoglucemias reactivas (subidas de azúcar seguidas de bajadas exageradas), que se traducen en más pulsiones por comer esos alimentos…

El experimento de Krauss (2001) demostró que al variar la dieta reduciendo la ingesta de la tan temida grasa, aumentando proporcionalmente los carbohidratos, el colesterol LDL de tipo B aumenta, incrementándose con ello el riesgo de sufrir problemas cardio-metabólicos. Ver artículo completo »