Que la energía es necesaria para que funcione la vida en el planeta y especialmente nuestro modo de vida en el mismo parece que nadie lo pone en duda ni entra en la agenda de discusión de ningún Gobierno del mundo. Ahora bien, si comentamos que para enfriar un minuto una central de producción eléctrica son necesarios más de 500.000 metros cúbicos de agua (tres veces más de la que cae cada minuto por las cataratas del Niágara), seguro que nos parece una barbaridad o un desperdicio.
Si a este dato de cómo dilapidamos un recurso tan escaso como es el agua, añadimos que entre un 30 y un 50% del agua que se lleva a las ciudades se pierde por el camino y que nos cuesta prácticamente el 20% de la cantidad de energía que se produce, sin duda estamos dibujando una caricatura de un nuevo rico encendiendo puros con billetes de 500 euros.
Esta contradicción del progreso se denomina colisión agua-energía y debiera obligarnos a un replanteamiento a fondo de un sistema que, nunca mejor dicho, hace aguas por bastantes sitios. Ver artículo completo »












