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Morir por amor, por la pérdida de un ser amado… qué bonito sentimiento, digno de folletines, de obras literarias reconocidas como Romeo y Julieta y que forma parte de las leyendas, tales como la de los amantes de Teruel o el doncel de Sigüenza. También, de vez en cuando, se abren paso en las abigarradas páginas de los periódicos noticias de algún animal de compañía que padece la desaparición de uno de sus amos.

Pero, sinceramente, creo que hay que ser más abiertos de miras y observar con atención a nuestro alrededor. Comprobaremos que estos comportamientos no solo son extensibles a humanos y animales que somos capaces de domesticar, como perros, gatos o aves. Por ejemplo, los elefantes también sufren por amor. Sigue leyendo

elefante hormiga 

La mitología atribuye a uno de los mamíferos terrestres más grandes que pisan la tierra un temor reverencial a determinados animales muy, muy pequeños, como ratones u hormigas. Forma parte de esa leyenda de que lo diminuto puede con lo enorme y la inteligencia derriba el muro de la fuerza. En definitiva, el mito de David contra Goliath.

Parece demostrado, al menos en Kenia, que los elefantes no se acecan a las acacias por miedo a sufrir ataques de las hormigas. De un tamaño casi un millar de veces menor, estos insectos mantienen a raya a los glotones paquidermos.

No crean que se trata de una lucha de un individuo contra otro, pero se acerca bastante al modelo. Las columnas de hormigas que se instalan o utilizan los troncos y ramas de las acacias para alimentarse de sus frutos o para encontrar refugio se han convertido en sus principales guardianes. Es decir, compiten por tan codiciado y suculento manjar con los elefantes. Para defender su territorio las hormigas atacan el verdadero talón de Aquiles de sus rivales: su trompa, que además de gran nariz les vale como brazo articulado para proveerse de los alimentos y llevarlos a su boca.  Sigue leyendo

Polifemo, el temible cíclope que aterrorizó a Ulises con la mirada de su único ojo desde el centro de su gran cabezota, es el resultado de la imaginación calenturienta de un embustero Ulises que, al volver a casa después de vagar por el mundo durante más de 20 años, sin duda tuvo que dar muchas explicaciones por su inexplicable retraso. Pero Ulises no inventó tanto como pudiera parecer a primera vista.

En sus correrías, pasó un tiempo en Sicilia (los temibles escollos y remolinos Escila y Caribdis se hallan en el difícil Estrecho de Mesina). Y en las cuevas de la isla aparecen abundantes esqueletos de gigantes con grandes cráneos… y una única cavidad en el centro de la cara: son los fósiles de los cíclopes.

Durante el siglo XX, en la cueva de Spinagallo, prácticamente al lado de Siracusa, se encontraron cientos. En realidad, se trata de huesos fósiles de elefantes enanos. Y la cavidad hueca no es un ojo: corresponde a la base de la trompa.  Sigue leyendo

Un reciente artículo de la revista Emerging Infectious Diseases refiere el curioso caso de elefantes enfermos de tuberculosis que contagiaron a los cuidadores y trabajadores que entraron en contacto con ellos.

Por otra parte, la forma más común de contagio de la tuberculosis en la Antigüedad probablemente era el consumo de leche contaminada de vacas tuberculosas, problema hoy ya totalmente eliminado de nuestro entorno. En el estudio sobre los elefantes, la infección se propago por vía respiratoria. También pueden sufrir tuberculosis los perros y así se ha demostrado.

En realidad, todo este preámbulo es para llamar la atención sobre el verdadero problema: la tuberculosis humana (TBC), transmitida de persona a persona. Se calcula que en el mundo hay más de 2000 millones de personas infectadas por la bacteria causante de la TBC.

Estar infectado no implica desarrollar la enfermedad, pero es condición indispensable. Esto es, primero te infectas y luego enfermas, o no. Para que un infectado enferme, generalmente se deben dar algunas circunstancias más, en particular desnutrición, alcoholismo, infección por el VIH o malas condiciones de vida (pobreza), aunque en ocasiones el sujeto que enferma carecía de todos esos factores.  Sigue leyendo

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