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Durante la Edad Media los basiliscos inspiraron el terror más absoluto. Consiguieron el mérito de ser las bestias más atroces en una época tan profusa en supersticiones. En los Dialogus creaturarum (1480) se describe al basilisco como “una clase de lagarto, al que se llama Basilisco en griego y Régulo en latín; Isidoro de Sevilla dice que es el rey de todo ser vivo excepto del hombre: Todos huyen del basilisco debido a que su hálito es mortal, lo mismo que su apariencia, y las armas conocidas no sirven contra el…”.
Dado que quien lo veía directamente moría, la única forma relativamente segura de ver a un basilisco era reflejando su imagen en un espejo.
Hacia el año 1300 empezaron a proliferar en Europa las Jenny Haniver. Muchos eruditos medievales (como Fray Selimbeno de Adamo, Cesareo de Heisterbach o Pierre Des Vaux de Cernay), nobles y Papas contaron con una Jenny Haniver como su posesión mas preciada y secreta. Solo las mostraban en contadas ocasiones y por supuesto se las contemplaba reflejadas en un espejo. Ver artículo completo »





