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Durante la Edad Media los basiliscos inspiraron el terror más absoluto. Consiguieron el mérito de ser las bestias más atroces en una época tan profusa en supersticiones. En los Dialogus creaturarum (1480) se describe al basilisco como “una clase de lagarto, al que se llama Basilisco en griego y Régulo en latín; Isidoro de Sevilla dice que es el rey de todo ser vivo excepto del hombre: Todos huyen del basilisco debido a que su hálito es mortal, lo mismo que su apariencia, y las armas conocidas no sirven contra el…”.

Dado que quien lo veía directamente moría, la única forma relativamente segura de ver a un basilisco era reflejando su imagen en un espejo.

Hacia el año 1300 empezaron a proliferar en Europa las Jenny Haniver. Muchos eruditos medievales (como Fray Selimbeno de Adamo, Cesareo de Heisterbach o Pierre Des Vaux de Cernay), nobles y Papas contaron con una Jenny Haniver como su posesión mas preciada y secreta. Solo las mostraban en contadas ocasiones y por supuesto se las contemplaba reflejadas en un espejo.  Ver artículo completo »

Durante la Edad Media nadie dudaba de la existencia de dragones. La creencia perduró durante cientos de años incluso en las mentes de los más cultos. Apenas 20 años antes del siglo de la Razón, el erudito jesuita Atanasio Kircher, contemporáneo de Galileo, publicó un libro en el que además de una teoría sobre el origen de los dragones, describía con un elegante dibujo una cría de dragón: el Draco volans.

La primera noticia fiable que se tiene de un draco volans se debe a don Deodato de Gozon, un esforzado soldado de origen Gascón. El militar relató en 1345 que mató a un dragón en combate singular delante de una cueva de la isla de Rodas. Por esta hazaña ganó el título de Caballero de Rodas.

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Hablar de peste hoy, incluso de peste negra o bubónica, no resulta anacrónico pero tampoco apocalíptico. La plaga bíblica que acabó con la vida de entre 30 y 50 millones de personas (uno de cada tres europeos) en la Edad Media se erradicaría actualmente con la administración de un simple antibiótico, la tetraciclina.

Aun así, sigue afectando a la población. Al año se contabilizan en torno a 2.000 casos, mayormente en zonas rurales, y se puede considerar endémica en algunas zonas de África, América y Asia. El contagio a humanos se produce habitualmente por su contacto con pulgas de roedores.

Un estudio publicado en Nature ha conseguido la secuenciación completa del ADN de esta enfermedad cuando se mostró más virulenta. Para realizarlo se tomaron muestras de víctimas que murieron en torno a 1350, básicamente de algunas piezas dentales donde se encontraban restos de sangre deshidratados. Ver artículo completo »