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Ojos del Guadiana, foto Greenpeace

A los que nos gusta la naturaleza nos suelen impresionar los nacimientos de los ríos. Comprobar cómo un pequeño manantial se acaba convirtiendo en un gran cauce de agua donde florecen numerosos ecosistemas.

Yo, que soy de planes de estudio pretéritos —ahora no sé con exactitud si los estudiantes de secundaria estudian eso— aprendía en esas aulas de geografía que el Guadiana era un río peculiar. Brota en la montaña, en los alrededores de las Lagunas de Navalcudia, trascurre por su cauce y, unos kilómetros más abajo, pasadas las Lagunas de Ruidera, desaparece bajo la tierra para volver a surgir en un punto que, tradicionalmente, se ha denominado los Ojos del Guadiana.

Un fenómeno realmente inusual que dio pie a que el imaginario popular construyera numerosas leyendas y, en España, el dicho “eres como el Guadiana”, haciendo referencia a personas que desaparecen como por arte de magia y vuelven a aparecer. Técnicamente no es que se convierta en un río subterráneo, sino que se filtra en un sistema acuífero a través de las múltiples fisuras en las rocas.  Ver artículo completo »

bonobo

Seguimos quitando una hoja al vestido del ser humano como centro de la vida en el planeta y a esos atributos que hasta ahora solo destinábamos para los de nuestra especie. Hablando de comida y alimentación y, salvando la especial relación entre madres y descendencia, es común afirmar que los animales no tienen amigos en este asunto, que incluso los perros son capaces de morder la mano de su amo y que, al margen de las relaciones de los machos alfa con el resto de la manada, cada individuo va a lo suyo.

Es decir, que eso de compartir no forma parte de sus pautas de comportamiento salvo en nosotros, que somos capaces de desarrollar ese sentimiento denominado altruismo. Un elemento que nos vuelve a hacer especiales y únicos, y que lógicamente nos sitúa de nuevo en la cúspide de la cadena evolutiva.

Un nuevo estudio con primates, los bonobos —esa especie que comparte numerosos rasgos comunes con nosotros— quita la razón a este planteamiento y demuestra que individuos de esta especie comparten voluntariamente sus alimentos —son capaces de renunciar incluso a ellos— con extraños. Tan solo piden a cambio interactuar con ellos. Algo parecido a lo que llamamos búsqueda de una amistad.  Ver artículo completo »

Con el otoño llega el frío a esta parte del equinoccio y los picos más altos empiezan a cubrirse con el manto blanco de la nieve. ¿Blanco? En la mayoría de los lugares sí, pero en algunas zonas de las montañas de Colorado en Estados Unidos y en otras áreas aisladas de la Tierra esas primeras nevadas tienen color rosa.

Un fenómeno que se denomina popularmente nieve de sandía por los lugareños norteamericanos (por el color de la pulpa de esta fruta) y al que la fantasía y mitología le han atribuido un carácter mágico que induce a su ingesta. Las superficies de nieve rosada se conocen desde hace miles de años, el propio Aristóteles en sus tratados sobre la Naturaleza hace referencia a ella, y ha intrigado a exploradores y alpinistas, que suelen incluir en sus relatos fantásticos sobre sus recorridos por tierras vírgenes la descripción de estas alfombras heladas de color rosado. Suelen ser más visibles en el deshielo de la primavera. Ver artículo completo »

Los agricultores que han desarrollado su actividad junto a la costa siempre han buscado en el mar elementos que contribuyeran a abonar sus tierras. Una actividad milenaria que fue arrinconada por el progreso. La investigación en fertilizantes fue el detonante para abandonar prácticas como el uso de la concha del mejillón o de algas para enriquecer sus tierras de cultivo, en detrimento de otro tipo de productos que resultaban más baratos o, sencillamente, menos costosos en esfuerzo (venían directamente de la fábrica en lugar de tener que recolectar ellos mismos el abono).

El progreso, en esta ocasión, no tenía razón y ha supuesto de hecho un paso atrás. Resulta que el tratamiento con conchas de mejillón mejora la calidad y fertilidad de suelos ácidos: aumenta su pH y reduce la cantidad de aluminio. Ver artículo completo »

La vida tal y como la conocemos es posible gracias a la explotación de las reservas subterráneas de agua. Las utilizamos tanto para el abastecimiento como para regar las cosechas o dar de beber a los animales que luego comeremos. Estos acuíferos se vacían periódicamente, pero el ciclo del agua los va rellenando paulatinamete y se mantiene de este modo el equilibrio del ecosistema.

Ahora bien, su sobreexplotación en los últimos cien años está poniendo a prueba este equilibrio.Una investigación publicada por Nature recientemente nos indica que estamos entrando en déficit y se están vaciando sin que puedan rellenarse de manera natural.

El estudio, realizado por investigadores de la McGill University de Montreal (Canadá) y Utrecht University en Holanda, ha combinado los datos existentes sobre el uso de napas subterráneas de todo el mundo con modelos desarrollados por ordenador sobre los recursos hídricos. De este modo, han establecido unos parámetros para medir el uso del agua respecto del suministro, que han arrojado el siguiente resultado: el área del suelo de la Tierra que depende de estas fuentes de abastecimiento de agua para la agricultura —denominada huella de agua terrestre— supera en una proporción de tres a uno a la capacidad de los pozos de agua subterránea.

En términos de población, estos datos significan que en torno a 1.700 millones de personas viven en áreas de terreno donde las reservas de agua, y por tanto los ecosistemas que dependen de ellos, corren un serio riesgo de amenaza.

Geográficamente, este mayor déficit se localiza en el continente asiático y en ciertas zonas de América del Norte. Concretamente, las zonas en alerta por una sobrexplotación corresponden al oeste de México y a High Plains y Central Valley de California en Estados Unidos por lo que se refiere al continente americano y a Arabia Saudí, Irán, el norte de India y partes del norte de China en Asia.
No obstante, a pesar de estos preocupantes datos, el estudio concluye que la mayoría de los acuíferos en el mundo, el 80%, están siendo explotados de manera sustentable y no existe un riesgo de que el actual modelo de su uso entre en colapso.

Los investigadores sugieren que hay que proceder a un cambio de modelo en la explotación agrícola que pasa por poner límites a la extracción de agua, introducción de técnicas de irrigación más eficientes y la promoción de dietas diferentes, con más o menos carne, con el objetivo de adecuar las reservas a las necesidades.

De lo contario, ya sabemos cuál es la receta al uso para acabar con el déficit. La naturaleza, cuando se pone a recortar, lo hace en términos de desaparición de especies.

La naturaleza supone una fuente inagotable para la imaginación de los humanos. Unas veces porque nos da pistas para crear o desarrollar ingenios (la formación de las telas de araña ha servido de modelo para diseñar los tejidos de keblar de los chalecos antibala y el velcro está inspirado en las plantas), otras porque nos muestra el camino a seguir (la molécula que utilizan las conchas de los moluscos para permanecer selladas es la base de un potente pegamento) y otras, sencillamente, porque ponemos a animales o plantas a trabajar para nosotros.

Este es el caso de los microorganismos. Los hemos puesto a trabajar bien para fabricar biomasa, bien para depurar las aguas residuales. Sencillamente, las agrupamos en concentraciones que pocas veces se dan en su hábitat natural y juntas producen energía o, como en el caso de un investigador holandés, se utilizan para depurar (se comen) las impurezas de las aguas residuales, convirtiendo unas aguas contaminadas en aptas, al menos, para el riego.

Es el prototipo de la llamada economía azul y, que a diferencia de otras tecnologías, son bastante menos contaminantes y más ecológicas (tanto por lo que ahorran como por lo que evitan de malgastar recursos escasos).  Ver artículo completo »

Copyright National Geographics

Los pescadores saben que, además de peces, sus cañas o sus redes atrapan todo tipo de objetos que la gente, por descuido o negligencia, arroja al mar. ¿Se imaginan que al recoger pacientemente el carrete aparezca de entre las aguas un bicho amarillo o azul, con forma de pez y que asemeje a un juguete?

Esta casualidad se puede dar en aguas del Cantábrico. Y no es un juguete, sino un auténtico robot-policía que vela por la calidad de los mares y que alerta ante cualquier tipo de vertido. El prototipo ha sido probado con éxito en el Acuario de Londres y ahora hace sus pinitos en alta mar.

Equipado con unos pequeños sensores químicos, recoge datos sobre la calidad del agua en los alrededores del puerto de Gijón (España) y transmite la información de forma inalámbrica al centro de control del puerto para que adopte las medidas de prevención para evitar la contaminación.  Ver artículo completo »

Vivir en un país donde se acumulan las segundas reservas hídricas del mundo, ver como las aguas que fluyen de tus ríos satisfacen las necesidades de más de mil millones de personas y en cambio morirte de sed: una paradoja que se torna en dura realidad si se es habitante o natural de Nepal, un pequeño país situado en el corazón del Himalaya.

En su territorio existen cerca de 3.000 glaciares y lagos, que atraen a un buen número de turistas aficionados a la montaña y la naturaleza y a los escaladores más avezados que intentan acceder a  los temibles ochomil: el Everest. Es la parte idílica de la región, pero la realidad que se oculta tras estas gestas es la de un país con un gran déficit de infraestructuras básicas que hacen que cerca del 20% de los nepalíes, unos 4,5 millones de personas, no tenga acceso directo a una fuente de agua potable. Son las terribles consecuencias de haber nacido en un país con un índice de pobreza que ronda el 42%. Ver artículo completo »

Utilizar aguas residuales derivadas de plantas depuradoras, es decir todavía contaminadas para el consumo humano, para cultivar especies que a su vez generen energía parece un binomio atractivo para gestionar un recurso cada vez más escaso en el planeta y que puede contribuir a una doble causa: conservar o gestionar de una manera más adecuada las reservas hídricas y contribuir al desarrollo de plantaciones que posteriormente sean utilizadas para obtener bioenergía.

El proyecto ya ha superado con éxito sus primeras pruebas en Carrión de los Céspedes, Sevilla, en una plantación de una especie que no se destinará ni al consumo animal ni al humano. Así se lo plantearon en el proyecto Reguam (Reutilización de aguas depuradas para usos ambientales). Ver artículo completo »

La concentración de poblaciones humanas representan la principal amenaza para los ecosistemas de agua dulce. Los residuos inherentes a su actividad industrial y la presión urbanística que ejercen sobre estos espacios suponen una pérdida de la biodiversidad del entorno.

La Unión Europea, a través del programa Lakeadmin, se ha planteado como objetivo recuperar el buen estado de los cursos de agua en un plazo de tres años.

Este programa (Administración Regional de las Iniciativas de Restauración de Lagos), dotado con 1, 48 millones de euros, pretende aunar los diferentes esfuerzos realizados por las Administraciones regionales en este campo y obtener unas conclusones generales que sirvan como modelo para todos los socios comunitarios.  Ver artículo completo »