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¡¡¡A quien no le guste el dulce que levante la mano!!! A mí me encanta y la verdad es que últimamente, con eso de las operaciones bikinis, las Navidades y demás, mucha gente ha dejado por completo de tomar azúcar del de toda la vida (sacarosa) para tomar unos sustitutivos, que en principio son menos calóricos que el endulzante tradicional.

El otro día, una amiga me preguntó cuál era la diferencia entre la sacarina y el aspartamo, porque había visto en el hipermercado en la parte de edulcorantes los dos botes y no se decidía por ninguno.

En realidad, existe una gran variedad de sustitutivos del azúcar: la sacarina, el aspartamo y algunos otros no tan conocidos ni comerciales, como el neotame. Ver artículo completo »

Menudo dilema. ¿Dulce o salado? Sin entrar en otro tipo de consideraciones sobre los sabores (que hay quien los divide en cuatro, aunque recientemente se ha añadido a esta categoría un quinto) seguro que la mayoría se queda encallado al resolver esta duda si tuviera que optar por uno de los dos.

Dejemos el azúcar a un lado y vamos a por el otro. La sal forma parte de la historia de la humanidad y no solo por su sabor, sino también por sus notables propiedades para conservar los alimentos —lo de la congelación es un invento relativamente moderno o reservado para gente que vive en las zonas frías del planeta—. De hecho, se le han atribuido determinado tipo de propiedades mágicas e incluso Ernest Jones dedicó, a principios del siglo pasado, un ensayo a la obsesión humana por este producto. Ver artículo completo »

En el anterior post dejamos abierta la pregunta acerca de qué elemento —distinto de la grasa— provoca que el colesterol LDL que tengamos corriendo por las venas sea de tipo B (el que tiende a pegarse y causar problemas). Para más información acerca de los dos patrones de colesterol LDL, recomiendo consultar este trabajo de Rizzo y Berneis. La respuesta está en los hidratos de carbono simples y/o refinados.

Uno de los ejemplos más frecuentes es la fructosa, así como todos los carbohidratos que, si bien en su origen son integrales y completos, sufren el refinado pertinente para que luzcan mejor, para que duren más en las estanterías de los supermercados o para que provoquen más hipoglucemias reactivas (subidas de azúcar seguidas de bajadas exageradas), que se traducen en más pulsiones por comer esos alimentos…

El experimento de Krauss (2001) demostró que al variar la dieta reduciendo la ingesta de la tan temida grasa, aumentando proporcionalmente los carbohidratos, el colesterol LDL de tipo B aumenta, incrementándose con ello el riesgo de sufrir problemas cardio-metabólicos. Ver artículo completo »