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No crean que la hemos tomado con la Dirección General de Tráfico, ni que pertenecemos a ese grupo de “los locos de Canonball”, ni tan siquiera que acumulamos en los archivos de Más que Ciencia una colección de multas impagadas por infringir las normas de circulación de manera continuada o que aspiramos a un nombramiento en ese departamento. Sencillamente, entendemos que la gobernanza de cualquier país debe de regirse por el rigor y si esos asuntos entienden de temas tan delicados como este, ha de extremarse al máximo y que, ante la duda, siempre será mejor que campe a sus anchas un delincuente a que vaya a la cárcel un inocente.

Desde estas páginas hemos puesto en solfa los criterios de la instauración del carnet por puntos y más recientemente las verdades a medias sobre los supuestos beneficios de llevar abrochado el cinturón de seguridad (tal y como está diseñado y salen los autos de la fábrica en España y Europa), pero las campañas que la citada Dirección General lleva a cabo nos obligan a ello.
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Somos los primeros… en consumo de cocaína y cannabis. Y lo dicen las aguas, que son unas chivatas pero no unas mentirosas. Ya se conocía que el caudal de los ríos españoles estaba bastante contaminado por la presencia de compuestos farmacéuticos, como antibióticos. Determinadas sustancias que no son metabolizadas por nuestro organismo acaban en las aguas residuales y, de estas, en los ríos.

Lo que no se había utilizado hasta ahora es el potencial de información que tienen las aguas para tomar el pulso al grado de drogadicción de una ciudad, o por extensión de un país. Pero, de cuando en cuando, la ciencia también se pone al servicio de la protección de la salud.

La investigación coordinada por varias universidades y centros científicos y realizada por primera vez y al mismo tiempo en 19 ciudades del continente europeo se ha basado en el análisis de las aguas residuales a través de biomarcadores urinarios que han detectado de manera fiable la presencia de cocaína, anfetamina, metaanfetaminas, éxtasis y cannabis.  Ver artículo completo »

Hay quien define a los tangos como el sonido del canalla perdedor. También se asocian los boleros o los corridos mexicanos con otro tipo de perdedores que ahogan sus penas en alcohol. Son melodías y letras que evocan la noche y descibren escenarios lúgubres, oscuros. Sitios de tragos y humo e historias en las que la botella pasa por un aliado para olvidar.

Y nada más lejos de la realidad, puede actuar como anestésico pero no como amnésico y, en cualquier caso, podría incrementar la capacidad de elaborar recuerdos que permanezcan en el tiempo. Un estudio asocia el alcohol con el estímulo de zonas del cerebro implicadas en el aprendizaje y la memoria. El trabajo, publicado en el Journal of Neuroscience, asegura que el alcohol libera hormonas en el cerebro que están relacionadas con estos procesos. Ver artículo completo »

Ketamina

A veces determinadas sustancias cobran una importancia inesperada. Tal vez eso sea lo bonito y atractivo de la ciencia y la investigación, encontrarte con un efecto inesperado de un sustancia que lleva ahí, en los estantes de los hospitales y farmacias un montón de tiempo.

La molécula a la que me estoy refiriendo es la ketamina. La ketamina es una molécula que se sintetizó por primera vez en el año 1962 y que ha venido siendo empleada mucho en el campo veterinario. Está a caballo entre un anestésico  y un relajante.

Por este motivo,  se emplea para hacer intervenciones quirúrgicas no muy profundas en animales. Si se requiriera de un grado anestésico mayor sería necesario recurrir a otras sustancias como el propofol o el pentotal, que dejan al animal o persona totalmente anestesiado, vamos lo que llamamos anestesia general. Por ello también se utiliza para la inducción y mantenimiento de la anestesia general, usualmente en combinación con un sedante. Ver artículo completo »

De manera más o menos recurrente, los medios de comunicación se hacen eco de extraños casos de aparentes muertos que vuelven a estar con nosotros tras haber sufrido la terrible experiencia de haber pasado unas horas enterrados vivos. La última narrada es de hace apenas unos días. Las televisiones hacían un hueco para narrar de la historia, terrible historia, de un señor de avanzada edad que, gracias a su potentes gritos, evitó el viaje al más allá. Afortunadamente, despertó mientras estaba aun en la morgue, dentro del ataúd. Sus gritos alertaron a los empleados de la funeraria, y hoy puede vivir para contarlo.

Un flagrante error en el examen forense certificó su muerte y, con él, el peregrinar hacia el cementerio. Resulta increíble que con los avances médicos en la actualidad, y que debieran de estar al alcance de los habitantes del primer y del llamado tercer mundo, se puedan producir errores de tal naturaleza. Que forenses o médicos, tras un examen, certifiquen que una determinada persona está, como decía un profesor que tuve en la Universidad, “totalmente muerta”.  Ver artículo completo »

Homeless

Foto de Franco Folini

Aunque parezca increíble hay países que tienen contabilidad de casi todo. Por más contradictorio que suene, Dinamarca tiene su propio registro de personas sin hogar o homeless, que acaba de ser explotado estadísticamente y ofrece interesantes datos sobre este colectivo poblacional. Uno siempre pensaría que, por definición, las personas sin techo carecerían de toda documentación, registro y control, pero si se piensa un poco detenidamente, la mayoría de ellos acudirán en algún momento a un dispositivo de apoyo, por ejemplo, un comedor de beneficencia, uno de los lugares en los que los daneses establecen ese control.

En ese registro, desde 1999 hay contabilizadas más de 32.000 personas. Dos tercios son varones. En torno al 60% de todos ellos tienen algún trastorno psiquiátrico y la mitad de los varones y el 37% de las mujeres consume algún tipo de droga. Durante diez años de seguimiento, el 17% de los varones y el 10% de las mujeres fallecieron.  Ver artículo completo »

Releyendo a Conan Doyle y su Sherlock Holmes, compruebo que nadie se escandaliza cuando el detective entra en fase depresiva, muy de tarde en tarde, y le pide a su amigo Watson la jeringuilla con morfina y se encierra en su biblioteca para volver a alcanzar el equilibrio. Tampoco nadie cuestionó el arte de Gauguin o Van Gogh, en parte provocado por los excesos de la absenta, ni tampoco la genialidad creativa de los Rolling Stones, Kurt Kobain, Tom Waits y otros artistas que llegaban a sus musas a través del poco edificante camino de las drogas.

La farmacología seria también basa alguno de sus productos más populares en el funcionamiento de drogas como la cocaína o las anfetaminas, y para tratamientos tan dispares como la depresión o la eyaculación precoz. Los efectos que provocan dan las suficientes pistas para diseñar determinados fármacos.

La cocaína produce un estado eufórico debido a que interviene en las sinapsis de nuestras neuronas cerebrales, haciendo que los neurotransmisores que permiten la conexión entre las neuronas no sean eliminados. Si no se eliminan estos neurotransmisores, engañamos al cerebro haciéndole creer a las neuronas que reciben más transmisores, y de ahí la sensación (es decir, la apariencia) de euforia.  Ver artículo completo »

Cannabis

Foto de LancerenoK

Rewind es una divertida película española de 1999 en la que su protagonista, Daniel Guzmán, vive disparatadas experiencias temporales, consistentes en auténticos rebobinados de una película, su propia vida, que puede modificarse en sus múltiples desenlaces, precisamente por eso mismo, por la prodigiosa digresión temporal que experimenta. Lo que iba a ser una cena romántica acaba en fiasco pero queda registrado en una cámara de vídeo.

Seguramente esa película toma mucho más sentido en clave cannabis. Esta droga es capaz de ocasionar profundas alteraciones de la percepción del tiempo, entre otras ilusiones y alucinaciones. Aunque no en todas las personas ni bajo todas las circunstancias, el tetrahidrocannabinol (THC), principio activo del hachís y de la marihuana, es una verdadera droga psicoactiva, capaz de provocar alteraciones sensoriales.

El THC es sedante y potencia el efecto depresor del alcohol. Consumido en grupo induce una falsa sensación de aumento de la comunicación y de la empatía. Se ha demostrado que la cantidad y calidad de la comunicación entre usuarios de esta droga decrece notablemente tras su uso, aunque la percepción sea la contraria.  Ver artículo completo »

Drogas

El ska lento al que llamamos reggae se asocia al cannabis. La música de la movida madrileña, a la heroína. Y en el cielo, desde hace más de cuarenta años, luce Lucía entre diamantes.

Pero, para pintar una flor, no hace falta tomar peyote; ni para ver el pasado, ayahuasca. Y seguro que Van Gogh era ya Van Gogh mucho antes de probar la absenta… Así podríamos seguir largo rato.  Ver artículo completo »