A Joe, mi alter ego
Podemos estar preparados para asumir nuestra propia muerte. Al fin y al cabo se trata de un diálogo con uno mismo para racionalizar que nuestro paso por este territorio es transitorio. Lo que resulta más complicado es asumir la desaparición de alguien a quien queremos y está a nuestro lado —sea de nuestra especie o pertenezca al universo de las llamadas mascotas—.
Por mucho que ese final esté anunciado por el desarrollo de una enfermedad o porque ocurra de manera imprevista, todos tenemos un componente emocional que se desborda en esos momentos y que se amplifica con la súbita aparición en nuestra mente de momentos vividos junto a ese ser querido. Ver artículo completo »













