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Miedo al dolor

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“Si los hombres parieran…,”Eres una quejica” o “Ellas resisten más que ellos”. Son  caras de la misma moneda. Estereotipos en torno a las diferencias de género que nos posicionan como las más duras o las más blandas, según soplen los vientos de la cultura dominante en ese momento.

Y de hecho, se han apoyado en diversos estudios médicos realizados en torno al umbral de dolor y la tolerancia a este de hombres y mujeres. Sin dudar de sus resultados, uno nuevo realizado en España refleja que prácticamente no existen diferencias entre géneros a la hora de enfrentarse al dolor crónico. Sigue leyendo

Resaca

resacaLos británicos pasan un año de su vida con resaca. Ante titulares como este, uno no deja de alarmarse, tanto por la cantidad de tiempo perdido por algo tan absurdo como beber de manera salvaje como por lo poco que ha evolucionado la ciencia para encontrar remedio a un mal tan común: las consecuencias de la borrachera.

No duden de los datos, que resultan fiables, y si a esa media sumamos la cantidad de días perdidos por los habitantes de otros países, la cifra de horas desperdiciadas en el mundo sería de auténtico vértigo. Aunque lo fácil es predicar la abstinencia, esta recomendación no resulta práctica, habida cuenta de que nos enfrentamos a un mal que existe y al que debiera encontrarse una solución.

Pero esta no existe, tan solo hay medicamentos paliativos que más o menos nos pueden aliviar de una sintomatología que va desde el dolor cabeza y mareos a la náusea, pasando por la consabida hipersensibilidad a la luz o al sonido y la irritabilidad en general que mostramos.  Sigue leyendo

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A veces las relaciones sexuales no resultan placenteras. No nos queremos parecer a ninguna campaña publicitaria de ningún producto, pero ¿quién no ha pasado alguna vez por una experiencia desagradable en forma de irritación o incluso dolor cuando hemos practicado el sexo?

Si eliminamos todo el romanticismo e incluso lo puramente sexual, lo del coito se puede reducir a su expresión más simple: una cuestión de fricción de dos cuerpos. Y ya sabemos que en física o la mecánica, el roce —provocado por la aspereza, la piel, o la fuerza en que se produzca— es sinónimo de desgaste o de calentamiento. Y eso se acaba traduciendo en dolor.
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 brazos cruzados

Cruzarse de brazos es una expresión que nos indica que alguien se desentiende de algo. Para los expertos en comunicación no verbal, significa que nos encontramos a la defensiva, ya sea durante una conversación o en una situación social. Una tendencia natural que adoptamos, una especie de pose que nos protege frente a las amenazas, que nos da seguridad. Sin entrar a cuestionar estas teorías ni restarles validez —son explicaciones que se sustentan en la observación minuciosa de la gente—, la otra ciencia nos aporta una perspectiva —o uso, si lo prefieren— diferente sobre esta postura tan característica de los humanos.

Recientemente, investigadores británicos se han dedicado a estudiar las reacciones cerebrales que se producen cuando ponemos brazo sobre brazo sobre nuestro pecho. Y la conclusión resulta bastante curiosa: engañamos al cerebro, lo confundimos, en la manera en que percibe la sensación de dolor. Sigue leyendo

Quemaduras solares

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El Sol… fuente sin duda de vida y de salud, pero también si te descuidas de estropicios en la piel que pueden acabar derivando en cáncer. Pero no se apuren, que no vamos a hablar de los baños de sol y de sus efectos perjudiciales en la epidermis, sino más bien de todo lo contrario.

Todos, salvo los habitantes de la noche, hemos comprobado en nosotros mismos cómo el proceso de lucir un bonito bronceado pasa, siempre y cuando no se aplique el recomendado protector solar en forma de crema o aerosol, por un molesto y doloroso color rojizo que nos impide apoyar la parte quemada sobre las sábanas.

La industria del ramo lleva años aplicada a buscar remedios y soluciones a esas dolorosas quemaduras, pero poco se había estudiado sobre los responsables de ellas. Hasta ahora.  Sigue leyendo

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A Joe, mi alter ego

Podemos estar preparados para asumir nuestra propia muerte. Al fin y al cabo se trata de un diálogo con uno mismo para racionalizar que nuestro paso por este territorio es transitorio. Lo que resulta más complicado es asumir la desaparición de alguien a quien queremos y está a nuestro lado —sea de nuestra especie o pertenezca al universo de las llamadas mascotas—.

Por mucho que ese final esté anunciado por el desarrollo de una enfermedad o porque ocurra de manera imprevista, todos tenemos un componente emocional que se desborda en esos momentos y que se amplifica con la súbita aparición en nuestra mente de momentos vividos junto a ese ser querido. Sigue leyendo

La crisis, sin duda, añade un punto de presión y estrés a la ya complicada vida moderna. Aunque no he tenido tiempo de echar un vistazo a las estadísticas, parece de Perogrullo que los problemas piscológicos y físicos —los psicosomáticos— hayan aumentado entre nosotros. Ahora bien, como ocurre con otro tipo de hechos —por ejemplo la del número de delitos— es bastante posible que jamás sepamos el alcance real, ya que con tanto ajuste acabamos recortando el dinero destinado a acudir al médico o al fisio para eliminar tensiones y, por consiguiente, no habrá aumento en los datos oficiales que recogen estas manifestaciones del estrés.

La representación gráfica del estrés podría ser una máquina funcionando a pleno rendimiento, a tope de revoluciones, pero el cerebro no es un órgano que se esté quieto, toma decisiones continuamente. Unas, como los latidos del corazón o el ritmo respiratorio, se producen de manera automática y otras son voluntarias, es decir, dependen de un buen procesamiento y funcionamiento de determinadas áreas de su estructura.

Los científicos que se ocupan de estudiar, descubrir y diseccionar cómo funciona han puesto su punto de mira en una región llamada habénula como responsable de la toma de decisiones en momentos o situaciones como la que atravesamos. O sea, de estrés añadido.  Sigue leyendo

Afortunadamente, los científicos ampliamos nuestro conocimiento a través de nuestros colegas, y no necesariamente porque nos aporten puntos de vista novedosos sobre nuestras investigaciones. También aprendemos de otros campos. Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar a un colega que trabaja para la empresa farmacéutica Abbot. Este investigador, norteamericano y un buen amigo por cierto, nos deleitó hablando de dos aspectos muy relevantes actualmente en el panorama científico: el dolor y la inflamación.

Su charla me resultó altamente interesante porque planteaba a un nivel molecular por qué se producen estos dos fenómenos y, sobre todo, de qué manera se pueden abordar; es decir, cómo podemos mejorar las sustancias antiinflamatorias y las analgésicas. Sigue leyendo

“Unos pican y otros no”, seguro que el final de esa coletilla aplicada a determinado tipo de pimientos les sonará a muchos. A bote pronto, la primera explicación que se podría dar es que se trata de variedades distintas de una misma especie, unas con picante y otras sin él, que se mezclan en los cultivos, se recolectan a la vez y se cocinan en un mismo proceso.

A partir de ahí, el azar hace el resto: que nos abrasemos el paladar al comer uno o que degustemos un sabor que no nos haga beber rápidamente o comen pan para evitar la picazón.

Pero no es así, todos son hermanos y, por lo tanto, son genéticamente iguales. No queda otro remedio que aplicar nuestros conocimientos de química y estudiarlos por dentro para destripar la verdadera razón por la cual, tratándose de una misma especie, presentan esas reacciones particulares. Sigue leyendo

Erguirse sobre las cuatro extremidades para apoyarse solo en dos representa uno de los grandes saltos en la evolución. Para algunos es una señal de la supremacía de los mamíferos llamados humanos sobre el resto (de los mamíferos, se entiende, ya que las aves y algún que otro saurio lo hicieron antes). Eso, y el desarrollo cerebral.

Ahora bien, en términos ergonómicos y de diseño, el negocio ha resultado una ruina total. Vamos, una chapuza poco pensada o una decisión precipitada, a pesar de su presunta mayor inteligencia. Existen en nuestra anatomía pruebas del error que aun arrastramos. Sigue leyendo

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