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Parece ser que el lema “lejos de nosotros la peligrosa tentación de pensar” fue pronunciado en diversas ocasiones por numerosas autoridades académicas españolas cuando comparecían ante los poderosos (desde Felipe II a Fernando VII). En los tiempos en que ir contra el dogma solía costarle a uno la vida, indudablemente tal lema resultaba adaptativo.

Sin embargo, resulta inconcebible que las personas se alejen de la “peligrosa tentación de pensar” sin que nadie se lo imponga por la fuerza. Sorprendentemente, más de la mitad de los norteamericanos cree que Dios comenzó la creación al atardecer del sábado 22 de octubre del año 4004 a. C. del calendario Juliano.  Ver artículo completo »

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El Renacimiento supuso para Europa dejar atrás el modelo dogmático que había pervivido durante la Edad Media. Reactivar el conocimiento, poner en cuestión los dogmas impuestos desde el clero, con el hombre como centro del universo. Durante los siglos XV y XVI se produjo la primera de las revoluciones, con la creación y uso de la imprenta; la información comenzaba a fluir y se imprimían los primeros volúmenes de los grandes pensadores del momento.

La recuperación de los elementos y principios grecolatinos permitieron, a aquellos que se atrevieron, dudar sobre Dios y cuestionar una fe que, podría mover montañas, pero abandonaba al hombre a su suerte.

Justo en este momento de la historia nace Miguel Servet, aragonés, testarudo. Hijo de un notario y de madre descendiente de judíos conversos,  nació en Villanueva de Sigena, un pueblo de la comarca de los Monegros, ubicado en el lado oscense. Interesados en que su hijo recibiera la mejor de las educaciones lo enviaron a Francia a iniciar estudios de Derecho. Su pasión por el conocimiento le llevó a dominar la astronomía, la geografía, jurisprudencia y las matemáticas, entre otras disciplinas, además de la teología y medicina por la que es bien conocido. Ver artículo completo »

Trofim Lysenko.

Si algo se aprende en una vida dedicada a la investigación es a valorar el concepto de lo relativo y huir de los maximalismos. En ciencia no hay dogmas ni caben los dogmáticos, y cuando este espíritu invade los despachos de los burócratas, se corre el riesgo de hacer que fracase toda la sociedad, como le ocurrió a la soviética, cuya agricultura -y por tanto la alimentación de toda la población- todavía está pagando los errores cometidos (al intentar que la política totalitaria pueda aplicarse a las ciencias biológicas) por abrazar sin más el dogma revolucionario.

Lenin escribió que “salvo el poder, todo es ilusión”, pero los jóvenes bolcheviques, imbuidos por el espíritu del nacimiento de un nuevo hombre, llegaron a confundir poder e ilusión, e impregnados de prejuicios sobre todo aquello que pudiera parecer pequeñoburgués, se emplearon a fondo a erradicarlo.

Trofim Lysenko (1898-1976), ingeniero agrónomo y prohombre del régimen, es el responsable directo del atraso del campo soviético e indirecto de las hambrunas que ha padecido el país, así como de que la Unión Soviética pasara de ser exportador a importador de trigo.  Ver artículo completo »

Estatua de Giordano Bruno

“La Iglesiafue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo”, son palabras del entonces cardenal Ratzinger, ahora Benedicto XVI. Y, aunque pueda parecer inquietante, el bueno de Benedicto lo único que hace es aplicar el dogma, perdón, la razón cristiana (la certeza en una verdad absoluta conseguida directamente a través de la revelación divina). Una razón convertida en filosofía de pensamiento único que durante más de un milenio oscuro predominó en Europa.

Cuando nos acercamos al 450 aniversario del nacimiento de Galileo, es hora de preguntarse si el delito del astrónomo y de otros tantos precursores de la ciencia fue precisamente cuestionar el dogma. En su caso, aquel que solo reconocía la existencia de un mundo único e inmutable donde todos los astros del Universo giraban en torno a una Tierra estática colocada en su centro por Dios todopoderoso.

O el de Giordano Bruno, cuyo crimen fue algo aparentemente tan inocuo como defender la posibilidad de que existiera más de un sistema solar. Hoy día sabemos que hay al menos 70.000 trillones.  Ver artículo completo »

Foto by chiquita83

Ampararse en la genética para explicar quiénes somos es una coletilla que se ha instalado en el conocimiento como si se tratara de algo que irremediablemente formara parte del destino. Se llega a tal punto de osadía que, con frecuencia, las explicaciones de fenómenos tan aberrantes como la superioridad racial o es sexismo se explican en algo tan falso como una hipotética diferencia en los genes, y punto.

Una falacia que ha contaminado al propio lenguaje. Personas tan ilustres como el secretario de comunicación de un partido, Esteban González Pons (PP), se permiten el desliz de afirmar: “En el código genético de los socialistas está la traición y la mentira”.

La genética contiene buena parte de las claves de nuestra esencia, pero la pasión por esta disciplina no debe hacernos caer en una suerte de determinismo científico. Buscar argumentos geneticistas para explicarlo todo ha sido origen de errores y líneas de investigación tan falsas como sus conclusiones. Ver artículo completo »