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Todos tenemos que comer —algunos dicen que cinco veces al día— pero no todas las comidas son iguales. O al menos, no nos lo parecen. Eso está claro. Para gustos los colores, dicen. Pero también está claro que hay algunos sabores que podríamos denominar universales, algunas comidas que se escapan a los particulares patrones culturales de los países y que gustan por igual a un chino, a un bengalí o a un mismísimo hijo de la Gran Bretaña. ¿Ya están salibando pensando en la denominada fast food? Seguro.

Y no se equivocan. De ese tipo de comida, vamos a desgranar unas líneas. Un tipo de comida que gusta a humanos y… a ratas. En concreto, de los snacks, esos aperitivos salados que mayoritariamente nos obligan a comer hasta que el raquítico envase en el que se comercializan queda tan limpio como los suelos del palacio.

La tradición dietética hasta ahora hablaba de la irresistible atracción fatal de su alto contenido en grasa y carbohidratos, pero unos investigadores han querido ir más allá y se les ocurrió estudiar el patrón de actividad del cerebro cuando se comen las deliciosas patatas fritas, las chips. Y para ello se pusieron a observar qué ocurría en el interior de la cabeza de unas ratas alimentadas con patatas fritas, otras que lo hacían con una mezcla de grasas y carbohidratos en una proporción similar a las que contienen las patatas y un tercer grupo que comía un pienso estándar.  Ver artículo completo »

Vigorexia

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Cuando uno pone la vista hacia adelante, al verano que se avecina, no puede evitar la tentación de mirarse algo más detenidamente en el espejo al salir de la ducha. Rápidamente, no puedo evitar la sensación de que hay que acometer algún reajuste. Dietas y ejercicio son las soluciones más habituales y, en cierta medida, si se hacen con unas pautas adecuadas no solo serán buenos para perder esos kilos de más, sino que además valdrá para estar mejor a todos los niveles.

Si vamos al gimnasio, ya sabemos, hay de todo, pero siempre llaman la atención los mazas, esos que se toman el ejercicio y las pesas como una penitencia existencial cuyo único fin es esculpir esos pectorales y esa tableta de chocolate a base de machacarse en el gimnasio y de tomar alguna cosilla…

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delgada

Mucho se habla sobre los cánones de belleza y los modelos sociales que priman la delgadez o las curvas en los cuerpos de mujer. Un debate más cercano a la economía que a la salud y en el que está implicado un amplio sector de la industria, ya sea de la moda, de la estética o laboratorios fabricantes de productos milagro para acabar con grasas superfluas, de las sociedades llamadas avanzadas.

Partiendo del principio de que no todos somos iguales y que cada cual tiene su propia anatomía y que, por lo tanto, el principal y el único canon de belleza pasa por aceptarse tal y como la naturaleza nos ha creado —que hay gente pa tó—, surge el interrogante de si estamos ante un debate estético provocado por los gustos de las propias mujeres o, por el contrario, está inducido por los hombres. Parece que la respuesta se decanta más por la segunda que por la primera opción. Ver artículo completo »

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Existen numerosas señas de identidad que nos diferencias de otras especies. Hasta aquí, todos de acuerdo. También existen marcadas diferencias entre nosotros, como puede ser el color de piel, que nos otorgan la categoría de especímenes únicos o que nos permiten agruparnos por ellas. De Perogrullo, ¿no? Y si nos ponemos a buscar otros elementos comunes, digamos más frikis, seguro que muchos de vosotros caéis en la cuenta del abdomen, sobre todo en un tipo de abultamiento provocado por la ingesta de cerveza.

Exacto, la barriga cervecera. Ahora bien, ¿nos enfrentamos a otro de los insondables misterios de la ciencia o por el contrario somos presa del pábulo y la fabulación de los detractores de este producto? Es decir, ¿existe una relación directa entre beber cerveza y el aumento de la panza? Menos mal que, como decía El Guerra (el torero), “hay gente pa tó” y podemos encontrar las respuestas en las revistas especializadas. Preocupados por obtener algo de luz en este asunto, un grupo de investigadores alemanes (o sea, concienzudos y bebedores de cerveza, por supuesto) se pusieron manos a la obra. El estudio lleva por título: “Beer consumption and the ‘beer belly’: scientific basis or common belief?”. Ver artículo completo »

Pasó Halloween y atrás quedó eso de susto o golosinas de los más pequeños, aunque siempre queda lo de “¿zuzto o muette?” para los que seguimos instalados en la crisis. Aunque si decimos ¿susto o grasa? seguro que más de uno se apunta de mil amores, aunque para ello tenga que soportar sin pestañear la última película de la Hammer.

Como lo oyen, aplastarse en la butaca del salón o de un cine y tragarse —sin la ración gigante de palomitas de maíz y el refresco carbónico de turno, que eso es hacer trampas— una peli de miedo-miedo puede quemar cerca de 200 calorías. O, si lo prefieren así, equivale al peso que podemos perder a lo largo de una caminata de media hora.

Eso al menos afirma un estudio realizado por científicos de la Universidad de Westminster (Reino Unido) del que se ha hecho eco el tabloide británico The Sunday Telegraph. Los investigadores quisieron comprobar los efectos que provocan en el organismo el visionado de películas que nos ponen en tensión —que nos llevan a situaciones de estrés— y comprobar el gasto de energía que se provoca.  Ver artículo completo »

Basta con ponerse a dieta para que te apetezca todo aquello que te ha prohibido el nutricionista. Seguro que a ustedes les pasa lo mismo. Es el maldito cerebro, que nos recuerda que las pizzas, los chuletones, las tartas… están buenos, pero que muy buenos. El cerebro y otro aliado: el estómago, que también juega su papel en esto de desear alimentos ricos en calorías.

Porque cuando el estómago está vacío, activa una región del cerebro, la corteza orbitofrontal (una de las regiones cerebrales menos estudiadas), donde se focaliza la toma de decisiones y la formación de expectativas; en concreto, es la zona que regula la planificación de la conducta asociada a las ideas de recompensa y castigo.

Pero no nos distraiguemos de nuestro asunto. Decíamos que cuando nuestras tripas rugen le mandan señales solicitando ayuda al cerebro, le dicen claramente que se está acabando el combustible para funcionar y le exigen que tome decisiones. Y no solo a corto plazo, parece que le exige que la comida que se ingiera sea la más abundante en calorías.  Ver artículo completo »

Pasó a la historia como la precursora de la ciencia de la economía doméstica, un área donde se combinan aspectos como la cocina, la nutrición, el abastecimiento de agua, la higiene y la salud. Nació en Masasachusetts en 1842, en el seno de una familia de profesores que implementaban sus ingresos con una pequeña granja y tienda, donde Ellen Swallow Richards contribuía al sustento familiar.

A pesar de tener marcado un futuro como ama de casa en el medio rural del este de EE UU, la curiosidad y sus inquietudes la animaron a completar su formación académica y ahorrar para poder ingresar en la Universidad. Trabajando como profesora particular y limpiando casas, además de sus ocupaciones en el negocio familiar, Ellen logró reunir el dinero suficiente (300 dólares) para ingresar a los 25 años en el Colegio Vassar (era de las pocas instituciones que aceptaban mujeres en su alumnado) para cursar estudios de Astronomía y Química.

Su brillante currículo le permitió ingresar en el MIT (el Instituto Tecnológico de Massachussets), convirtiendóse en la primera mujer de esta institución en conseguir el grado en Química, aunque no le permitieron doctorarse.  Ver artículo completo »

La gran hormona

A veces con la información ocurre lo mismo que con la medicación… si se le añade el prefijo auto, se puede convertir en algo peligroso. Si la automedicación puede convertir en perjudicial algo beneficioso para la salud, una mala autoinformación puede hacernos acabar con una empanada de tal calibre que nos acabe confundiendo.

En estos tiempos en los que se preconiza la cultura de lo sano, de lo saludable y donde en cierto modo se vive una entronización de las hormonas y las vitaminas, hasta hace poco unas desconocidas y ahora elevadas a la categoría de bálsamo de Fierabrás, hay que tener mucho cuidado con tirarse al monte y confeccionar su propia receta para liberarnos de determinado mal o para potenciar determinadas actividades como aumentar la potencia sexual.

Ciertamente, la alimentación cumple un papel fundamental en la vida sexual de los humanos, pero de ahí a confeccionar una dieta a base de apio, carne, huevos, arándanos, nueces y helados para convertirnos en máquinas amatorias va un abismo.  Ver artículo completo »

Si forma parte de esa legión de adoradores del color oscuro (moreno) en la piel durante el verano, pero también ha ingresado en el club de los que les preocupa que un exceso de exposición a los rayos de sol le acabe provocando un melanoma en su piel (cáncer), añada las fresas a su equipaje (dieta) plagado de zanahorias.

Huelga hablar a estas alturas de la película que ponernos morenos no es otra cosa que un mecanismo de defensa del organismo y que la zanahoria es un alimento rico en carotenos, que contribuye a producir en su organismo la melanina, una sustancia producida por unas células llamadas melanocitas. Es el pigmento que nos pone morenos y a cubierto de los efectos del sol. Su ingesta, pues, nos prepara para las inclemencias de Lorenzo.

Así que nos detendremos unas líneas en hablar de las propiedades de las fresas como factor de defensa, o mejor dicho del extracto de fresa. La clave está en unas moléculas, las antocianinas, que son los responsables de otorgar el color rojo a hojas, flores y frutos y que están presentes en abundancia en las fresas.  Ver artículo completo »

Endúlzame la vida

Como quiera que se acerca el veranito y como ya hemos hablado en otras ocasiones, hay que ponerse a la línea. Sacrificios aparte, un aspecto que se cuida mucho es la manera que tenemos, en especial los que somos golosos, de compensar el dulzor del azúcar con otros edulcorantes que, aportando dulzura, no nos engordan casi nada.

En el mercado hay numerosos productos que son edulcorantes artificiales. La sacarina, el ciclamato o el aspartamo son tres de los más populares. Los encontramos en multitud de bebidas light y se puede tomar en el café, como cuando antaño echábamos el sobrecito de azúcar. Por cierto, ¿qué fue de esos ricos y duros terrones de azúcar?

La sacarina se sintetizó en 1878, pero no se empleó como tal hasta casi 25 años más tarde. La sacarina, comparada con el azúcar común, es entre 250 y 350 veces más dulce, esta diferencia depende de la pureza y de si el azúcar es blanco o moreno. El ciclamato se descubrió en el año 1937. Los estudios reportan que es hasta 50 veces más dulce que otros edulcorantes artificiales. El aspartamo, descubierto en 1965, es un dipeptido (dos aminoácidos), fenilalanina y acido aspártico, que de un tiempo a esta parte se ha puesto bastante de moda en refrescos bajos en Calorías (ojo, Caloría con mayúscula). Su capacidad edulcorante es entre 150 y 250 veces más potente que la del azúcar.  Ver artículo completo »