No hay nada tan inútil como la muela del juicio o el apéndice. Parece que están en el cuerpo con el único fin de provocarnos dolor. No parecen tener una misión concreta para que funcione esa máquina que algunos definen como perfecta. Aún así, forman parte de nuestro organismo. Son huellas del largo recorrer en el tiempo para llegar a ser una especie que se considera a sí misma como la reina de la naturaleza.
Las muelas del juicio son herencia de tiempos pretéritos donde los humanos mascaban hierbas para complementar su alimentación y donde una hilera de molares más facilitaba la tarea. Hoy es raro la persona que no acaba en el sillón del dentista para su extirpación. Y para digerir la celulosa de esa dieta rica en proteínas vegetales, estaba el apéndice.
El propio Darwin llegó a catalogar una decena de miembros “inútiles” en la anatomía humana que consideraba sin interés para la selección natural. Rasgos superfluos producto de un pasado animal. Pero el viejo Charles se quedó corto en su enumeración… Ver artículo completo »




