Releyendo los procesos de Nuremberg a los dirigentes del nazismo o repasando en la hemeroteca grandes juicios del Tribunal de la Haya a sistemas políticos responsables de masacres de pueblos, existe en la defensa de los criminales una constante: la eximencia por obediencia debida. Algo así como si se entrara en una especie de histeria colectiva donde lo único importante es obeder las órdenes sin cuestionarse si son justas o no y con ella desapareciera la responsabilidad.
En apariencia, se trata en la mayoría de los casos de personas normales, sin rasgos de psicopatía en su comportamiento, que desempeñaban trabajos normales antes de convertirse en criminales sin ningún tipo de piedad. ¿Es posible entonces que una persona común se transforme en un asesino? Ver artículo completo »









