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Obediencia debida

Releyendo los procesos de Nuremberg a los dirigentes del nazismo o repasando en la hemeroteca grandes juicios del Tribunal de la Haya a sistemas políticos responsables de masacres de pueblos, existe en la defensa de los criminales una constante: la eximencia por obediencia debida. Algo así como si se entrara en una especie de histeria colectiva donde lo único importante es obeder las órdenes sin cuestionarse si son justas o no y con ella desapareciera la responsabilidad.

En apariencia, se trata en la mayoría de los casos de personas normales, sin rasgos de psicopatía en su comportamiento, que desempeñaban trabajos normales antes de convertirse en criminales sin ningún tipo de piedad. ¿Es posible entonces que una persona común se transforme en un asesino? Ver artículo completo »

mirada 

Con una sola mirada somos capaces de confiarnos a un extraño. Para unos, es una cuestión de química que hace que reconozcamos a ese alma gemela al instante, mientras que para otros, responde a patrones que tienen que ver con los rasgos fisionómicos de cada persona.

Porque, además de ver, percibimos, es decir, procesamos todo ese conjunto de información que captan los ojos y recibimos sensaciones. Unas sensaciones que pueden ser determinantes a la hora de categorizar todo ese volumen de información. Y de las sensaciones percibidas, la confianza o no que nos transmita un sujeto o un objeto puede resultar fundamental para interactuar con él.

Comentado lo comentado, no resulta extraño que haya grupos de científicos que se dediquen a estudiar este tipo de reacciones y se embarquen en investigaciones que tengan como objeto encontrar pautas comunes que puedan hacer entender la conducta de los humanos —que, como los romanos de las historietas de Asterix, “están locos”—.  Ver artículo completo »

estupidez 

Cuántas veces hemos oído eso de “su padre era ya listo así que el hijo debe serlo también” solo por el hecho de pertenecer a la misma familia.

¿Cuánto hay de verdad en todo esto? ¿Es posible heredar la estupidez o la genialidad? ¿Hay algo en nuestros genes que nos predetermine a ser psicópatas o grandes genios? ¿O sólo es una leyenda urbana eso de que las cualidades no físicas se encuentran en los genes, y que es posible saber si uno será bueno en matemáticas conociendo su estructura genética? Ver artículo completo »

Una mujer y un hombre, heterosexuales se entiende, jamás podrán ser solo amigos. ¿Cierto? Como cliché es una cuestión que ha llenado horas y horas de interminables y agradables charlas de café y cuya afirmación encuentra vehementes defensores y detractores, basándose casi siempre en las experiencias personales o narradas en tercera persona pero muy próximas.

Hay quien afirma sin rubor que haberla hayla, pero que si es posible es porque siempre, y recalcamos el adverbio, una de las dos partes ha de controlar sus impulsos sexuales hacia la contraria (normalmente el varón), cuando no son las dos las que refrenan y/o abortan los impulsos y deseos sexuales. Vamos, que es algo de nuestra naturaleza y cuando se encuentran un espécimen XX con uno XY se activan, y de qué modo, los instintos de reproducción y, por lo tanto, las ganas de ejecutar el ayuntamiento. Ver artículo completo »

Sobre el carácter de los niños se dicen muchas cosas: que si son ingenuos, que si no tienen maldad porque en su pequeño universo no se conciben las ideas del bien y del mal, que siempre dicen la verdad (como los borrachos, por cierto)… Pero lo que nunca se había afirmado, hasta ahora, es que piensan como si fueran científicos: analizan patrones estadísticos, hacen experimentos y asimilan conocimientos mediante la observación de lo que hacen los demás. Sorprendente, ¿no?

Es decir, que en su corta inteligencia, hacen uso de la estadística para tomar sus propias decisiones. Se han realizado diferentes estudios que prueban este esquema de pensamiento. Uno de los más curiosos fue poner a un bebé junto a una caja llena de bolas rojas y blancas. Los investigadores se acercaban a la caja y cogían bolas mayoritariamente de determinado color, el rojo. Luego, dejaron que fuera el peque quien diera la bolas a quien se acercaba a la caja. Sin mayor problema, en el reparto optaba por entregar más pelotas rojas que blancas. Ver artículo completo »

Empatía animal

“Las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”, decía Mathama Gandhi. Sin querer, nos mostraba una metáfora de lo que significa empatía. Una habilidad de inferir los pensamientos y sentimientos de otros que genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura. Vamos, que ser empáticos sencillamente es ser capaces de leer emocionalmente a los semejantes.

La postura, el tono de voz, la mirada, un gesto, por ejemplo, son elementos que transmiten información sobre nosotros y que pueden provocar comportamientos empáticos, es decir, que nuestro interlocutor se ponga a nuestro nivel y nos imite. Y no pueden negar que no existe un comportamiento más empático o contagioso que el bostezo.

Si tienen perro, o cohabitan junto a uno, es posible que se hayan dado cuenta de que cuando abrimos nuestra boca en señal de hastío o cansancio, él se apresta a realizar la misma acción. Este tipo de ¿acción empática?, además de entre humanos, se había observado entre distintos tipos de simios y en los canes.  Ver artículo completo »

Juntos podemos, la unión da la fuerza… frases hechas que encierran toda una lección de la naturaleza en la compleja lucha por la supervivencia. El trabajo en equipo forma parte del acerbo de cualquier animal que viva en comunidad. Es decir, es inherente a las ‘especies sociales’, inlcuida la humana.

Ahora bien, nosotros nos atribuimos en exclusiva la producción en cadena y haber inventado la división del trabajo -aunque existe por ahí un organismo unicelular que se nos adelantó unos cuantos miles de años- fruto de nuestra mayor inteligencia. O sea, que somos iguales en el comportamiento, pero no en el método ya que somos capaces de razonar.

Entendemos la colaboración entre los individuos de una misma especie -salvo la nuestra- como algo instintivo, mecánico y, por lo tanto, no tienen capacidad de reaccionar ante un imprevisto o en una situación nueva que se les presente. Pero los elefantes se han empeñado en llevarnos la contraria. Ver artículo completo »