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maze

A veces uno no es consciente de lo que pueden complicarse las cosas. Me refiero a que es habitual que queriendo arreglar una cosa fastidiemos otra. Me ha venido a la memoria uno de estos desaguisados monumentales, ocurrido hace no demasiado tiempo.

Existe un herbicida, es decir una sustancia para evitar que crezcan las malas hierbas, llamada atrazina que, además de llevar a cabo su papel, hace cosas que no debería hacer. Me explico. Este herbicida produce una castración química de ranas macho. Mal asunto, pero es que además una de cada diez ranas machos se convierten en hembras. Tela marinera. Ver artículo completo »

parapsicologia

Pues sí, ya ha trascurrido una semana. No es que deseara que el pasado 21 de diciembre se acabara el mundo, no acercamos a otro fin, el del año, y hay que ver cuántas historias, cuánto cuento y cuánto caradura anda por ahí suelto intentando hacer negocio a costa de los más frágiles. Interpretar cualquier jeroglífico o escritura ancestral me parece algo extraordinario, pero no me cabe duda de que deben existir maneras y maneras de interpretar lo que indica la famosa estela del fin del mundo.

Resulta asombroso el revuelo montado a costa de los pobres mayas, hasta la NASA tuvo que salir al paso y lanzar un par… de comunicados para convencer a la gente de que no iba a pasar nada… ¡Impresionante! La propia agencia espacial desmintiendo a todos aquellos que se han hecho eco de una historia no real. Me parece increíble.

Como hemos comentado ya aquí, los mayas, o anteriormente los egipcios o los sumerios, fueron unos grandes estudiosos del firmamento. Sin duda alguna, todas estas culturas emplearon la astronomía como herramienta para el conocimiento, para saber lo que iba a suceder durante el año y para tratar de anticiparse al futuro.  Ver artículo completo »

El progreso y los avances científicos suponen una larga escalera hacia el éxito en la que la mayoría de los que nos dedicamos a este oficio solo podemos aspirar a contribuir colocando algún ladrillo que sirva para que junto a otros pongamos en pie otro peldaño. Y eso es mucho. Ni siquiera se puede afirmar que los nominados o galardonados con el Premio Nobel hayan sido capaces de construir por sí mismos un solo peldaño y mucho menos que de golpe hayan creado otra planta en eso del conocimiento.

Esos grandes pasos quedan reservados para pocas mentes privilegiadas, como la de algún matemático teórico. El resto nos conformamos con poner nuestro granito trabajando en equipo y con la conciencia de que podemos ser capaces de aprender de otros y enseñar a otros cuantos. Teóricamente, estos argumentos debieran de ser suficientes para vacunarnos contra los ataques de ego, acompasar nuestras investigaciones en la consecución de pequeños logros y, sobre todo, para los que empiezan, modular las ganas de escribir con letras de oro nuestro nombre en el Olimpo de la Ciencia.

En este sentido, y sin querer de ejercer de gallego, es bueno siempre desconfiar de los trabajos que se presentan con grandes resultados. De hecho, un reciente estudio titulado Empirical Evaluation of Very Large Treatment Effects of Medical Interventions asegura que la gran mayoría de las investigaciones que dicen haber obtenido grandes efectos presentan unos resultados erróneos.  Ver artículo completo »

Foto de Alvimann

Hace ya dos años que salimos a la luz. El 11 de noviembre de 2010, un ilusionado equipo de científicos y periodistas hacíamos público este blog con la intención de difundir historias de ciencia de forma sencilla, sin por ello perder rigor. En el tiempo transcurrido, Más que Ciencia ha ido creciendo, sin prisa pero sin pausa, añadiendo secciones (y las que aun esperan su momento) y haciéndose un modesto nombre (o eso nos gusta creer) entre los medios de difusión científica en castellano.

Así, este sitio sigue creciendo en número de visitas (el mes pasado fue, sin ir más lejos, el que más obtuvo) y ya está asentado en más de 20.o00 mensuales, más del doble que hace un año, cuando celebrábamos nuestro primer aniversario. Asimismo, hemos recibido un premio que nos hizo especial ilusión: el de la categoría de Divulgación en los Premios de la Salud 2012, que concede Caja Rural de Granada. También nos compensa parte del esfuerzo diario comprobar que Más que Ciencia aparece listado en el puesto 18 entre los blogs de ciencia de la plataforma e-Buzzings y que, hace unos días, quedásemos entre los 50 mejores, según los lectores, de los premios Bitácoras (concretamente, en el puesto 39, un par de posiciones mejor que el año pasado: gracias a quienes nos votasteis. El año que viene, a ver si nos lleváis a la final).

Por supuesto, que una editorial como Silente decidiese publicar un libro con lo mejor que hemos publicado aquí (con versiones extendidas de esos artículos) es otro motivo para continuar dedicando parte de nuestro tiempo a este proyecto.  Ver artículo completo »

Ser original —o genial si prefieren— es algo al alcance de muy pocos, ya sea en el mundo de la ciencia o en el del periodismo. De hecho, como decía un amigo mío parafraseando la cita sobre la materia: “La ciencia ni se crea ni se destruye, solo se copia”. Y eso hacemos, progresamos en las investigaciones cuando un colega encuentra la manera de ver o medir algo; es decir, utilizamos su método para desvelar otros secretos.

Pero esto no es copiar ni plagiar. En el código deontológico de todo buen científico, tan importante como descubrir cosas nuevas es reconocer quién ha hecho una cosa por primera vez. Es por ello que cuando usamos los métodos de otros, sencillamente constatamos quién o cuál ha sido la fuente original. Desgraciadamente, las prisas por triunfar de los más jóvenes, el exceso de competitividad reinante o las ansias de atesorar firmas en las revistas hacen que algunos se la jueguen y se dediquen al noble arte del copy & paste, a falsear datos o a otro tipo de atajos que no solo redundan en que se juegan su carrera científica, sino en que empañan esta noble profesión a la que otros nos dedicamos cumpliendo escrupulosamente las reglas. Eso cuando no ocasionan problemas a terceros.  Ver artículo completo »

Los científicos, como colectivo, tienen sentido del humor; y como prueba de que tienen capacidad de reírse de sí mismos, se reúnen todos los años en torno a unos galardones que premian las investigaciones más absurdas o imposibles. Son los Ig Nobel.

Si enunciamos que un grupo de investigación ha conseguido la fórmula para “predecir la forma en que crecerá una cola de caballo o coleta”, que hay gente que se dedica a estudiar que los chimpancés son capaces de “reconocer a sus congéneres mirándoles el trasero”, que “inclinarse hacia la izquierda hace que la Torre Eiffel parezca más pequeña”, que “los investigadores del cerebro, mediante el uso de instrumentos complicados y estadísticas simples, pueden ver actividad cerebral significativa en cualquier lugar, incluso en un salmón muerto” o a “qué ocurre con el café cuando lo llevamos en una bandeja de la barra a la mesa”, seguro que piensan que se trata de frikis que tienen demasiado tiempo libre.

Pero no, estos trabajos existen y se han publicado en revistas científicas. Es decir, que se han elaborado concienzudamente, han pasado los rígidos controles de este tipo de publicaciones y, sobre todo, a pesar de lo absurdas que puedan aparecen, algo de interés para la humanidad tendrán cuando se hacen y se editan.  Ver artículo completo »

Copytight messier.seds.org

 

Mirar a las estrellas y dejarse fascinar por las constelaciones estaba al alcance de cualquiera, pero fueron pocas, muy pocas las mujeres que pudieron dedicarse a esta actividad con intenciones científicas. Las trabas puestas a las mujeres para acceder al conocimiento astronómico hicieron esperar hasta bien entrado el siglo XVIII (1786) para que una de ellas descubiera un cometa.

Nacida en Hanover (Alemania, entonces Prusia) en 1750, hija del director de la banda de la Guardia Hanoveriana y hermana de un gran astrónomo, Carolina Herschel (15 años mayor que ella), compartió con su hermano la pasión por explorar el Universo. La vida de ambos, hasta cierto punto corrió en paralelo. Ver artículo completo »

Hace unos días estaba buscando en internet información sobre un tema científico a través de uno de los motores de búsqueda más populares en ciencia, el PUB-MED. Me llamó la atención un artículo en particular y procedí, como es lógico, a descargármelo. Cuál sería mi sorpresa cuando, tras leer el título, que estaba en inglés, me encontré con que el resto estaba escrito en polaco. En inglés me defiendo, pero no conozco el idioma polaco, por lo que me sentí bastante frustrado ya que el título era francamente sugerente.

Sin embargo, no me desanimé y me centré en las figuras y diagramas que presentaba el artículo. Tras unos minutos estudiando estas figuras, me pude hacer una idea bastante aproximada de lo que habían hecho estos investigadores. En los gráficos y esquemas había un lenguaje por encima de los lenguajes, unas ideas que podía entender porque estaban escritas en una lengua común a la comunidad científica, por lo menos a aquella que tiene que ver con mi área de conocimiento.  Ver artículo completo »

No cabe duda de que la actual política de recortes generalizados está desmochando muchas de las actividades más prometedoras de este país. Estas actividades contribuían a dar a España un prestigio internacional. Desafortunadamente, la ciencia está entre las más perjudicadas por los recortes (en torno al 40% y tendiendo a aumentar).

Como es lógico, la ciencia española se resiente ya a corto plazo. Y se resentirá mucho más cuando las consecuencias del recorte se noten de verdad en la falta de recursos, la obsolescencia de las infraestructuras científicas y la falta de relevo generacional.

Son muy conocidos los indicadores que permiten estimar la calidad y la repercusión de la ciencia y la tecnología de un país (basados en el número y la calidad de los artículos publicados, las patentes y los modelos de utilidad, la cooperación internacional, etc). Pero, asimismo, hay indicadores de mayor interés económico: los estimadores que calculan cuánto aporta la ciencia al prestigio de un país. Sin duda, no son más que una aproximación. Pero permiten ver tendencias.  Ver artículo completo »

En este cursillo acelerado sobre economía al que estamos sometidos, el nombre de las grandes agencias de calificación de riesgos (como Standard & Poor’s, Moody’s o Fitch Group) se ha erigido en el dedo acusador que separa el trigo del grano. En teoría, su poder radica en su capacidad de predicción del futuro económico (al menos del inmediato) con un cierto grado de exactitud. Sus predicciones orientan a los inversores sobre cómo invertir su dinero de forma rentable y segura.

Así, los informes de estas corporaciones pueden hacer que la prima de riesgo se dispare y que un país no pueda encontrar financiación para su deuda si no es a precio de usura.

Y si tanto poder tienen, lo menos que se puede pensar es que las predicciones que realizan estas agencias son certeras. Vamos, que aciertan en una buena parte de sus diagnósticos. ¿O no? Ver artículo completo »