La vida tal y como la conocemos es en parte el legado de unos microorganismos llamados cianobacterias. Su contribución fue esencial —hacen la fotosíntesis— para oxigenar la atmósfera a lo largo de miles de años y crear las condiciones para permitir el posterior desarrollo de otras especies de animales y plantas.
Llevan con nosotros, o mejor dicho, nosotros llevamos con ellas desde hace unos 3.000 millones de años. Acostumbran a colonizar todo tipo de ecosistemas, ya sean terrestre o acuáticos, aunque es en este último medio donde se encuentran más a gusto, dando lugar a grandes poblaciones en aguas ricas en nutrientes (particularmente fosfatos, nitratos y amoníaco) y a temperaturas más bien altas (entre 15 y 30 grados centígrados).
Sabemos que, gracias a su metabolismo, son capaces de sintetizar un gran número de compuestos orgánicos. De hecho, la metabolización de la geosmina y el 2-metil-sioborneol hace que las aguas tengan un sabor desagradable o, por otra parte, son las responsables de grandes mortandades de peces, ganado y humanos por las toxinas que pueden llegar a almacenar. Ver artículo completo »













