La paloma es sinónimo de libertad; la cigüeña, de maternidad; el buitre define la codicia; la mitología asocia el cuervo con la inteligencia. A esta incompleta lista de analogías con las aves hay que añadir, gracias al ser humano, un genérico: pájaros de Chernóbil como sinónimo de estulticia e irresponsabilidad.
Los efectos a medio y largo plazo de la contaminación radioactiva se empiezan a percibir con nitidez 25 años después de la catástrofe nuclear que afectó a esta zona de Ucrania: el tamaño del cerebro de las aves que anidan en este entorno es más pequeño que el de sus congéneres que viven en otras latitudes.
Esta reducción de la masa encefálica está provocando un desarrollo anormal del sistema nervioso que se traduce, además de en las mutaciones físicas, en un deterioro de sus capacidades cognitivas (la capacidad de transmitir y recibir conocimientos) que resulta letal. Un proceso involutivo debido al mayor estrés oxidativo, es decir a la disminución de las defensas naturales del organismo frente a la acción de los temidos radicales libres. Ver artículo completo »




