Tag Archive: Chernóbil


Central nuclear de Cofrentes

La paloma es sinónimo de libertad; la cigüeña, de maternidad; el buitre define la codicia; la mitología asocia el cuervo con la inteligencia. A esta incompleta lista de analogías con las aves hay que añadir, gracias al ser humano, un genérico: pájaros de Chernóbil como sinónimo de estulticia e irresponsabilidad.

Los efectos a medio y largo plazo de la contaminación radioactiva se empiezan a percibir con nitidez 25 años después de la catástrofe nuclear que afectó a esta zona de Ucrania: el tamaño del cerebro de las aves que anidan en este entorno es más pequeño que el de sus congéneres que viven en otras latitudes.

Esta reducción de la masa encefálica está provocando un desarrollo anormal del sistema nervioso que se traduce, además de en las mutaciones físicas, en un deterioro de sus capacidades cognitivas (la capacidad de transmitir y recibir conocimientos) que resulta letal. Un proceso involutivo debido al mayor estrés oxidativo, es decir a la disminución de las defensas naturales del organismo frente a la acción de los temidos radicales libres.  Sigue leyendo

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En noviembre de 2010, el fotoperiodista madrileño Ángel Navarrete comenzó un impresionante trabajo sobre las consecuencias del accidente nuclear de Chernóbil, el más grave de la historia. Viajó a la zona de exclusión como un lobo estepario dispuesto a registrar lo que queda en un región asolada por la carcoma radiactiva. El objetivo de su trabajo, de este trabajo que ustedes pueden contemplar, era refrescar una memoria colectiva demasiado flaca con el dolor ajeno, demasiado dispuesta a pasar de página o cambiar de canal cuando las tinieblas cubren el escenario de la vida. El resultado cosechado no pudo ser más turbador.

Esta narración fotográfica de lo que allí sucede hoy, 25 años después del accidente, devuelve a la gente el protagonismo que la maldita actualidad les arrebata cada día. Estas imágenes muestran la voz muda de aquellos a los que la desgracia les segó toda esperanza y fulminó cualquier apuesta de futuro. Todos ellos tienen nombres y apellidos, y todos muestran sin pudor un proceso de demolición interno tan atroz que sólo podemos imaginarlo porque lo desconocemos.  Sigue leyendo

Trabajadores de TEPCO construyendo una bomba de agua para la central de Fukushima. Foto del PACOM

Fukushima es hoy un paraje muerto. Lo más parecido a un mundo deshecho por un enemigo invisible y demasiado poderoso. A punto de cumplirse un mes del devastador terremoto y posterior tsunami que asoló la costa este de Japón, la catástrofe provocada por la central nuclear sigue siendo incalculable. Los núcleos de tres de los seis reactores de la planta han fusionado de forma parcial, un cuarto se encuentra en un estado deplorable y la vasija de contención del reactor 2 cedió hace días a la ardiente presión interna, dejando escapar al mar más de 11.500 toneladas de agua colmada de yodo-131 y cesio-137, dos elementos altamente radiactivos.

He aquí el escenario ideal para otra novela de Cormac McCarthy, si no fuera porque al otro lado del perímetro de aislamiento hay miles de personas aguardando la sentencia sin una mueca en el rostro. Y lo que es más sorprendente: asumiendo con cierta resignación que la contaminación que emana de Fukushima ya ha saltado a la cadena alimentaria. El Gobierno de Tokio ha difundido dónde reside la condena. Esta misma semana han descubierto gigantescas dosis de cesio en la anguila, una de las bases de la dieta local. El impacto de la catástrofe se transforma así en una espera indefinida dentro del cúmulo de desgracias que, para muchos japoneses, comenzó el 11 de marzo.  Sigue leyendo

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