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homo sapiens 

Nos fascinan y pensar que convivimos con ellos durante unos diez mil años, lo que implica la seria posibilidad de que ambas especies se relacionaran y se mezclaran, los hace todavía más interesentates a nuestros ojos. Hablamos de los Neanderthales, los verdaderos europeos que acabaron siendo desplazados —lo que les llevó a su extinción— por los Homo sapiens.

Los numerosos restos fósiles que se van descubriendo en las últimas décadas nos ofrecen incontables pistas de cómo se organizaban, como vivían y cómo eran realmente. Y una de las conclusiones que se evidencian estudio tras estudio es que, aunque tenían un cerebro similar al nuestro —en cuanto tamaño—, tenían una estructura cerebral diferente. Contaban con otras habilidades que, a la postre, les acabaron resultando poco útiles. Y una de las últimas diferencias constatadas es el campo visual. Ver artículo completo »

 music

Comer, beber y… ya imaginan, practicar sexo. Son tres actividades básicas que se focalizan en una zona de nuestro cerebro que se denomina genéricamente sistema de recompensa. Nadie nos recompensa por eso, que quede claro, ya le gustaría a algunos que se dejan tentar por alguno de los pecados capitales. Tan solo es que se activan en esta parte de nuestra cabeza una serie de hormonas que nos provocan sensaciones placenteras.

Y como el equilibrio parte por producir una dosis adecuada de estas sensaciones y todos pretendemos vivir en armonía, las buscamos de manera más o menos continuadamente. Todo eso sucede en el núcleo accumbes. Esta estructura cerebral está siendo objeto de numerosos estudios neurológicos para conocer, además de las actividades descritas, qué otro tipo de acciones lo ponen a producir hormonas. Ver artículo completo »

ratas empaticas

Las ratas son las primeras en abandonar una nave o una vivienda en problemas. Ahora bien, sin negar la mayor de esa máxima que coloca a los roedores en la escala de los primeros en abandonar un entorno ante la detección de las mínimas señales de peligro, cabe preguntarse si lo hacen cada una por su cuenta. O si, por el contrario, se alían para encontrar una vía de salida en comunidad

La empatía es un comportamiento típicamente humano o de algunas especies de primates pero que raramente se otorga a otro tipo de animales. No hace mucho, este principio se ha cuestionado para nuestros mejores amigos, los perros, cuyas expresiones de solidaridad con nosotros —el contagio de nuestros estados de ánimo— ha sido el motor de varios experimentos para comprobar si los canes son capaces de tener empatía con los humanos.

Ahora, en un nuevo paso de la investigación, parece que las ratas dan muestras de empatía con su congéneres y son capaces de ayudarlas a escapar cuando las ven privadas de libertad. Es decir, que tienen rasgos de ponerse en lugar de los otros, lo que les concede un cierto grado de comportamiento social.  Ver artículo completo »

bibe

Cuando pasas de cierta edad o simplemente cuando las vivencias se van acumulando ,pasamos buenos momentos dándole al review de la memoria y recordando esos tiempos pasados. Momentos de ensoñación que, curiosamente, siempre se detienen en un punto a partir del cual no somos capaces de recordar nada.

Es como si tuviéramos cada uno una señal inscrita en nuestro cerebro donde comenzara a funcionar la grabadora. Y más o menos eso es lo que ocurre. A partir de un momento de nuestra vida, comenzamos a recordar. Es lo que se llama amnesia infantil o amnesia de la infancia y tiene que ver con la capacidad de nuestras neuronas de establecer conexiones y las respectivas redes de la memoria. Ver artículo completo »

foca 

Dormir es fundamental para todos los seres vivos, pero tener sueño puede resultar un pésimo negocio, sobre todo cuando eres una potencial presa de un buen número de depredadores. Cada animal de la escala intermedia —los que serán comidos si no espabilan— en la escala trófica desarrolla sus propias mañas para poder alternar los momentos de sueño y vigilia y tener unos instantes a salvo para poder reparar su organismo (el sueño también es reparador para el resto de los animales).

El abanico de posibilidades que utilizan los vertebrados es variado y cada día se descubre una nueva. Quizá, por lo llamativo, merece la pena destacar la de las focas. Literalmente, estos mamíferos, que viven a caballo entre la tierra firme y el agua, mandan dormir a la mitad de su cerebro, la izquierda, mientras que la otra permanece activa y alerta ante lo que pudiera pasar.

Este curioso comportamiento solo ocurre mientras están en el agua —cuando duermen en tierra lo hacen a pata suelta, como lo hacemos nosotros, o sea con las dos mitades en modo sueño— que, lógicamente, es cuando la amenaza se cierne sobre ellas. Hasta el momento, solo se había observado estas pautas de sueño en los delfines, quienes mantienen activa la mitad de su cerebro, pero solo para poder subir a la superficie a respirar.  Ver artículo completo »

hablar en voz alta

Quien más y quien menos canta —es un decir— bajo la ducha, en cambio nos cuidamos muy mucho de expresar en voz alta nuestros pensamientos cuando estamos rodeados de gente. Hablar a solas es considerado como un síntoma de locura y procuramos que nadie se entere si tenemos esa costumbre. Como mucho, nos atrevemos a susurrar en voz queda.

Quienes lo hacen —lo hacemos— se escudan en que escuchar nuestra voz mientras ejecutamos una acción nos ayuda a concentrarnos en nuestra tarea. Pues bien, esa creencia se ha convertido en una verdad científica. Un reciente estudio publicado en Quarterly Journal of Experimental Pyschology asegura que hablar a solas estimula el cerebro y mejora la capacidad de concentración.

Como en cualquier trabajo de laboratorio, se sometió a un grupo de voluntarios a un experimento. Las cobayas debían encontrar diferentes objetos que se hallaban más o menos ocultos en una habitación. Los resultados fueron sorprendentes. Aquellos que repetían en voz alta el nombre del objeto que intentaban buscar lo hallaban antes que quienes realizaban su tarea callados.  Ver artículo completo »

leopardo 

Somos fruto de un complejo mecanismo evolutivo. Gracias a él, todos los organismos tenemos una apariencia determinada que nos permite adaptarnos de la mejor manera posible a los hábitats y sobrevivir.

Los colores de la piel o pelaje, la forma de nuestras extremidades, las capas que nos cubren son una muestra de ello. Ahora bien, existen apariencias que no acaban de explicarse debidamente o, digamos, que no acaban de haberse depurado completamente. Y vamos al lío. Por ejemplo, algo determinante en todos los animales que hemos desarrollado visión es la posición que tienen los ojos en la cabeza. Así se explica que los herbívoros tengan situados los ojos en los laterales porque, según explican los biólogos, sacrifican parte de la visión frontal para tener un mayor campo de visión. Situados a los lados de la cabeza, llegan a tener un campo visual que les permite observar lo que ocurre en un ángulo superior a los 300 grados (prácticamente no tienen ángulos muertos), pero en cambio la visión superpuesta de los dos ojos apenas llega al 30%. Ver artículo completo »

telepatia 

Los experimentos de telepatía no dejan de ser curiosos juegos de salón que hacen las delicias del respetable, que provocan la admiración ante los poderes del mago y que siembran la duda sobre el poder de la mente para intercomunicarse con otra. Ahora bien, el desarrollo informático ha abierto un nuevo campo de posibilidades que pueden hacer viable esta conexión sin cables de cerebro a cerebro.

Al fin y al cabo, sabiendo que el funcionamiento neuronal no es otra cosa que un biocircuito electrónico y que el software es capaz de convertirse en impulsos eléctricos, parece que la solución está al alcance de nuestras manos. Ya hemos comentado que ya existe ese cable que puede conectar el cerebro a un terminal de ordenador e intercambiar entre cerebro-máquina información. Así que, si es posible esta conexión, por qué no hacerlo con otro cerebro. Ver artículo completo »

aromas para el recuerdo

Escuchaba el otro día una anécdota sobre un recuerdo con aroma propio. La protagonista presenció un desgraciado accidente en su infancia justo al pasar por la pastelería que cada día aromatizaba su trayecto a la escuela con su fragancia a croissant. Desde entonces, cada vez que percibe olfativamente este manjar de repostería rememora el incidente. Y yo, al escucharla, me interesaba por este sentido cuya fuerza desconocía.

Algunos expertos consideran que el olfato es, de nuestros cinco sentidos, el menos comprendido. Platón opinaba que, comparado con la vista o el oído, “el género de los placeres relativos a los olores es menos divino”.

Desde el punto de vista químico, la olfacción se inicia con la interacción entre las moléculas odorantes y los receptores. El olfato es en parte analítico, como la audición, y se genera como consecuencia de un aprendizaje (por ello, los catadores de vino aprenden a identificar los distintos componentes que contienen los ricos caldos). También posee, como la vista, un carácter sintético. El ojo integra toques de color cercanos unos de otros para obtener una visión de conjunto. De igual modo, el olfato percibe un olor de conjunto, aunque debidamente adiestrado identifique algunos de sus componentes.  Ver artículo completo »

disco duro

Las analogías y las comparaciones pueden resultar muy peligrosas, pero sin duda resultan muy gráficas y a través de los ejemplos somos capaces de comprender fenómenos muy complejos. El desarrollo informático nos lleva sin duda a una de las analogías más curiosas: comparamos nuestro cerebro con un gran computador. Y en cierto modo es cierto. Entonces, siguiendo este hilo argumental, cabría preguntarse si, como cualquier ordenador al uso, el cerebro tiene una capacidad limitada para almacenar datos. Es decir, cuántos megas o gigas alberga nuestro disco duro.

Teóricamente es así. Tenemos un número determinado de neuronas en nuestro cerebro, entorno a los 100.000 millones, y nuestra capacidad de almacenar datos depende de la formación de conexiones neuronales. Además, recientes investigaciones han echado tierra al mito de que no se regeneran (hasta hace poco, se pensaba que las neurones no se reponían, así que una neurona muerta se perdía para siempre). Es decir, que su capacidad útil no es tan limitada como se pensaba. Sobre todo parece que está capacidad es especialmente activa en algunas regiones de la memoria, como los hipocampos. Ver artículo completo »