Uno de los sueños que se acariciaron tras descifrar el genoma humano era dar con las claves de la vida eterna. A priori, algo tan sencillo como localizar los genes que hacen que las células se mueran y revertir el proceso. O por lo menos, detener este proceso y evitar el proceso degenerativo que conlleva en la mayoría de los casos el envejecimiento celular.
Eso ya se ha conseguido en ratones. La responsable es una proteína, denominada SIRT3, perteneciente al grupo de las sirtuinas. Se inoculó en células madre de sangre de ratones viejos y se consiguió que crecieran otras nuevas; es decir, se frenó el proceso degenerativo de estas células.
Las células tienen una vida útil. Cuando no presentan las condiciones óptimas para la supervivencia, se dice que sufren de estrés. El estrés oxidativo ocurre cuando se generan los tan denostados radicales libres, que resultan fatales para la estructura celular. Pues bien, sin adentrarnos en más profundaciones, las sirtuinas juegan un papel determinante para que puedan resistir a este tipo de estrés. Ver artículo completo »









