
Sus cualidades tonificantes para el organismo, su bajo precio, que no es asunto baladí en estos tiempos de crisis, y su fácil preparación parece que han dado una segunda oportunidad a la limonada, un brebaje hecho a base de zumo de limón, agua, hielo y un poco de azúcar que sucumbió ante el avance de las bebidas con burbujas.
Una bebida servida en toscos vasos de cristal e interminables jarras que evoca largas tardes de verano, tanto en las playas como en la montaña, y que acompañaba las meriendas de los más pequeños y las partidas de cartas, dominó o animadas conversaciones en porches y veladores de los más mayores.
Originario de India y China, el limón llegó a la vieja Europa de la mano de los árabes en el siglo VII y de los conquistadores españoles del XV al otro lado del charco. Sus propiedades curativas eran largamente conocidas y su poder tonificante bastante reconocido, tanto que dio origen a semejante refrán castellano: “Limonada que trasiego, judío que pulverizo”.
Pero como no se trata de hacer un repaso histórico de esta fruta ni de esta bebida y como cada cual tiene, seguro, sus propios recuerdos asociados a un refrescante vaso de limonada les proponemos cinco razones para que no la destierre de sus recetas estivales. Ver artículo completo »
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