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La mayoría de las personas tiene bastante claro que, de la misma manera que los animales tenemos que tomar alimentos para poder obtener la energía que nos permite funcionar, las plantas usan otra estrategia igualmente válida, pero radicalmente distinta. Me refiero a que las plantas realizan la fotosíntesis, un proceso directamente dependiente de la luz solar.

La fotosíntesis permite transformar moléculas inorgánicas presentes en el suelo donde las plantas están arraigadas en moléculas orgánicas sencillas. Estas pequeñas sustancias serán transformadas en otras más complejas y necesarias para que la planta crezca y se desarrolle con normalidad.

Pese a que parece bastante segregada la manera con la que animales y plantas obtienen energía, resulta siempre curioso comprobar que en el mundo vegetal existe un grupo a las que también les gusta comer.  Me estoy refiriendo a las plantas carnívoras.  Ver artículo completo »

De sobra es conocido que parte de nuestra dieta cotidiana, la patata, el tomate, el maiz o el cacao entre otros alimentos, proceden del Nuevo Mundo. En un mundo globalizado parece algo normal.

Ahora bien, para que estas plantas cruzaran el Atlántico por primera vez en viajes llenos de peligros y penalidades hizo falta un espíritu muy especial y un ansia de conocimiento.

Es el momento de las grandes expediciones científicas y la ‘Comisión de Francisco Hernández a Nueva España’ se considera como la primera de estas características de la historia de España. Su impulsor, el controvertido Felipe II. Ver artículo completo »

Conocimiento. Ciencia. Edad Media. Juntas nos trasladan a los claustros y refectorios de abadías religiosas, al menos en la Cristiandad. Y en género femenino, se elevan a la categoría de milagro. Quizás por ello no es de estrañar que Hildegard de Bingen acabara subiendo a los altares.

Nacida en 1098 en los alrededores de Maguncia (Alemania), fue entregada como “diezmo” a la Iglesia por sus progenitores, pertenecientes a la nobleza local. Hildegard se separó de sus nueve hermanos a los 8 años para recibir la formación religiosa en Disibodenberg, donde profesó como monja y ejerció como abadesa años más tarde.

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Ilustración de Descubierta y Atrevida, las dos corbetas en las que Malaspina llevó a cabo su expedición

Fue un marino listo. Un lobo de mar. Alejandro Malaspina fue el buscador de gloria perfecto en el momento perfecto, en los tiempos de la expansión colonial. Seductor, líder, comprometido, culto, riguroso, osado y, sobre todo, muy vanidoso. Nació cerca de Parma en 1754 y con 19 años ya era cadete de la Escuela de Guardia Marinas de Cádiz, lo que le permitió participar en combates navales donde pudo demostrar a sus superiores militares el valor que atesoraba para enfrentarse a pruebas extremas. Capitaneó la fragata Astrea, que dio la vuelta al mundo entre 1777 y 1779. Tiempo de hastío suficiente para encajar su ambición personal con las necesidades del Imperio, que tras años de conquista sufría un bloqueo de conocimiento. América era un gigantesco territorio inexplorado, donde incontables especies de flora y fauna desconocidas crecían como por ensalmo.

Con la Ilustración llegó a su plenitud una idea del progreso asociada a la expansión del saber, a las ciencias naturales. La corona española puso fin a los viajes de aventura y fe, para impulsar su influencia mundial en descubrimientos de botánica, zoología, geología y también cartográficos. La carrera del conocimiento había comenzado.  Ver artículo completo »