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mussel 

La mitología postindustrial ha relegado a los japoneses como los grandes imitadores del planeta. Un pueblo al que le negamos la capacidad inventiva, pero por el contrario les aplicamos una gran capacidad para perfeccionar y adaptar lo que otros inventan. Como cliché no está mal, aunque dista mucho de la realidad.

Pero no se trata ahora de hacer una disquisición sobre la capacidad de los japos para crear. Más bien al contrario, se trata de llamar la atención sobre que muchas de las soluciones tecnológicas que pretendemos descubrir llevan millones de años funcionando de manera natural y sencilla en la naturaleza. En un mundo que estamos llenando de basura (los humanos, porque el resto de los animales está lleno de grandes recicladores) la solución pasa por la biotecnología: respuestas sencillas y naturales que determinados organismos vivos —sean vegetales o animales— aplican como mecanismos de adaptación a sus respectivos hábitats. Sin ir más lejos, la cinta velcro forma parte de esas respuestas que ofrecen determinado tipo de plantas. Ver artículo completo »

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Somos lo que somos, genéricamente como especie y individualmente como especímenes, gracias a la información genética que se va transfiriendo de generación en generación. Este código es el que nos agrupa con otros individuos de parecidas características y, al mismo tiempo, lo que nos diferencia de ellos.

Toda esta información se almacena y se transfiere a partir de dos moléculas, el ADN y el ARN. El ADN está presente en todas las células y contiene la información genética de todos los seres vivos y es responsable de tansmisión hereditaria.

Está formado por un grupo de azúcar (la desoxirribosa), una base nitrogenada y un grupo de fosfato. Su estructura es la de un polímero formado por muchas unidades simples unidas (como las cuentas de un collar). El hilo que los une es el fosfato y lo que diferencia a cada cuenta es la base nitrogenada. Para que esta información pueda ser utilizada, debe de copiarse en otros nucleótidos, llamados ARN.  Ver artículo completo »

genoma humano

En febrero de 2001, con un nuevo milenio apenas comenzado, Nature y Science (las dos revistas científicas más influyentes del mundo) publicaron en sendos artículos el descubrimiento científico más esperado de las últimas décadas: la secuencia completa del genoma humano.

Aparentemente desvelado el gran misterio de lo que nos hace humanos, parecía que un nuevo mundo lleno de oportunidades se abría ante nosotros. Algunos científicos, empujados por un desmedido optimismo mediático, pronosticaron un futuro de logros asombrosos: desde una medicina personalizada capaz de prevenir las enfermedades, hasta una evaluación predictiva de lo que un bebé llegaría a ser en la vida, pasado por empresas biotecnológicas de fabuloso éxito.

Incluso a los abogados se les abría un nuevo campo, basado en los múltiples litigios que se derivarían de las patentes del genoma humano… Para todo el mundo estaban claras las infinitas posibilidades desveladas por el descifrado de nuestro genoma. A fin de cuentas, la mayoría creía que el cifrado del genoma humano era el descubrimiento científico por antonomasia…  Ver artículo completo »