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En la naturaleza todo guarda un orden y equilibrio. No existe ningún elemento que sobre y su pérdida ocasional o intencionada provoca una suerte de efecto dominó que afecta a todo el ecosistema.

De sobra es conocido que alterar la cadena trófica —eliminar una especie en la cadena de alimentación de una zona determinada— provoca la sobrepoblación o desaparición de otras. También están perfectamente estudiados y divulgados los problemas de biodiversidad que acarrea introducir determinados tipos de monocultivo de manera intensiva.

Pero estas leyes de equilibrio también valen para los minerales; es decir, para los no vivos. Cuando hablamos de la escasez de agua, los optimistas se sacan de la manga la existencia de acuíferos y aguas subterráneas que acumula el planeta como remedio paliativo a esa carencia. No se paran a medir si su sobrexplotación (sacar más agua del subsuelo que la recarga natural que se produce) tendrá consecuencias. Ver artículo completo »

La posidonia del Mediterráneo es una especie en peligro. Foto de alessiodl

Un sencillo ejercicio de bricolaje doméstico en Mónaco a mediados de los ochenta, dotar a un acuario de un bonito aspecto, es uno de los detonantes de las mayores plagas que amenazan a las colonias de posidonia en el Mediterráneo, con la consecuente amenaza de catástrofe ecológica.

El aficionado y voluntarioso amante del mar probó a mezclar dos tipos de caulerpas, seguramente sin saberlo, que dieron paso a un híbrido que tras un vertido accidental prolifera de manera absolutamente exitosa, invadiendo y aniquilando a la posidonia.

Las posidoniáceas son una familia de plantas que forman parte de los denominados pastos marinos y solo existen en el Mediterráneo. Sus hojas, verdes y alargadas, forman grandes praderas en el fondo del mar.

Juega un papel fundamental en el ecosistema: numerosas especies se alimentan de ellas y, además, encuentran su morada entre sus hojas. Asimismo, esta planta es capaz de multiplicar la superficie del suelo entre 20 y 50 veces; es decir, que en un metro cuadrado de suelo donde haya posidonia los animales disponen de 20 a 50 metros cuadradospara establecerse.  Ver artículo completo »

Dieta mediterránea. Qué poco de española tiene esta dieta, que ya es una de las señas de identidad internacional de nuestro país y sinónimo de salud. El olivo procede de Egipto, los tomates de Sudamérica, el trigo de Israel, las naranjas de la China… y así hasta completar todos sus ingredientes.

Si de las especies autóctonas de Iberia dependiéramos, apenas nos alimentaríamos con algarrobas y una especie de ajetes, al margen de caza y pesca, naturalmente. Especies que invaden, se asientan y proliferan en un territorio ajeno; este es el común denominador de todos los ecosistemas existentes.

A veces, la acción de estas especies invasoras modifican totalmente el paisaje (flora y fauna) de una zona, como ocurrió en España o en Argentina —la mayoría de los animales, tanto salvajes como domésticos, proceden de la vieja Europa—, mientras que en otras ocasiones, su invasión se convierte en el soporte fundamental para el equilibro del lugar.  Ver artículo completo »

Foto de gladtobeout

La inteligencia y el desarrollo tecnológico se han convertido en un arma de doble filo para los humanos: por una parte nos permiten una vida más placentera en en planeta, pero por otra aceleran irremediablemente el camino hacia la extinción.

La inteligencia también resulta funesta para la biodiversidad de las propias especies de homínidos. Hace 2,5 millones de años, cuando comenzaron las primeras culturas que utilizaban la piedra tallada (la Olduvaiense), convivían en África al menos cinco especies de homínidos (dos de Australopithecus, dos de Paranthropus y un Homo habilis). Hace 800.000 años, en pleno auge de la cultura Acheliense, había sólo dos, el Homo ergaster y el Homo erectus. Hoy en día solo queda una.

Utilizando el análisis de regresión (a partir de los datos de todas las especies de homínidos), y si la tendencia no varía, podemos estimar que en función del tamaño de nuestro cerebro duraremos poco más de 120.000 años antes de extinguirnos. Ese es, más o menos, el tiempo que llevamos sobre la Tierra.  Ver artículo completo »

Mancha de petróleo en el Golfo de México

Puede resultar equivocado, y hasta hipócrita, escoger una imagen que para la Biosfera resuma un año repleto de inestabilidad. El problema estriba en que durante este insignificante periodo de tiempo, los 7.000 seres humanos que habitamos el planeta hemos sido protagonistas indiscutibles, víctimas y verdugos, héroes y villanos, de catástrofes medioambientales sobrecogedoras y descubrimientos científicos inquietantes.

Podríamos haber escogido una imagen de la naturaleza más destructiva: el terremoto de Haití, un seísmo de magnitud 7,3 en la escala Richter que convirtió en polvo a uno de los países más pobres de la Tierra. O, quizá detenernos y otorgar el protagonismo a un extraño ser microscópico como la bacteria GFA1, que ha demolido los esquemas de la vida terrestre que la Ciencia viene tratando de descifrar desde la noche de los tiempos.

Por eso, la elección recae en la acción directa de hombre: el desastre ecológico provocado por la multinacional British Petroleum (BP) el 20 de abril en el Golfo de México. No lo es porque fuera la costa de EE UU la más afectada, o quizá por eso. Pero Más que Ciencia considera que esta catástrofe simboliza el resumen de las plagas medioambientales que están destruyendo el planeta. La devastación, que llegó a cotas de auténtico paroxismo, colisionó con la arrogancia mostrada por la empresa a la hora de controlar el accidente. Hasta 15 días tardaron en reaccionar y más de un mes en calificar el vertido de “catastrófico”.  Ver artículo completo »