En la naturaleza todo guarda un orden y equilibrio. No existe ningún elemento que sobre y su pérdida ocasional o intencionada provoca una suerte de efecto dominó que afecta a todo el ecosistema.
De sobra es conocido que alterar la cadena trófica —eliminar una especie en la cadena de alimentación de una zona determinada— provoca la sobrepoblación o desaparición de otras. También están perfectamente estudiados y divulgados los problemas de biodiversidad que acarrea introducir determinados tipos de monocultivo de manera intensiva.
Pero estas leyes de equilibrio también valen para los minerales; es decir, para los no vivos. Cuando hablamos de la escasez de agua, los optimistas se sacan de la manga la existencia de acuíferos y aguas subterráneas que acumula el planeta como remedio paliativo a esa carencia. No se paran a medir si su sobrexplotación (sacar más agua del subsuelo que la recarga natural que se produce) tendrá consecuencias. Ver artículo completo »








