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El arte de disfrazarse para pasar desapercibidos no solo es una cualidad de los camaleones y de émulos de Mortadelo. La simulación está presente en la naturaleza y la practican numerosas especies. Lo que no se había comprobado hasta ahora es que también es patrimonio de las bacterias.

Y con ellas las cosas se complican, ya que al disfrazarse de virus lo que consiguen es burlar el sistema inmunitario. Así evitan que este las extermine y se alojan cómodamente en las células para perseverar en sus criminales intenciones. El descubrimiento es muy relevante, sobre todo si tenemos en cuenta que el bacilo de Koch, causante de la tuberculosis, es una de las bacterias que podrían utilizar esta táctica.

El asunto es que al hacerse pasar por un virus, el sistema inmune, engañado, comienza a trabajar utilizando otro tipo de armas para eliminar la invasión… en este caso liberando una proteína que está específicamente diseñada para combatir virus: la interferón beta, que utiliza la vitamina D para prevenir y erradicar el ataque.  Ver artículo completo »

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Trabajando entre marmitones en una mazmorra en largas noches en vela se perfila la imagen de los alquimistas de la Edad Media. Esos ciudadanos a caballo entre los científicos y los brujos, entre la razón y el esoterismo, que dedicaban su vida entera a la búsqueda de la piedra filosofal. Una piedra que, al entrar en contacto con otros metales, alteraba su composición y los convertía en oro.

Nada tiene que ver su imagen con la del rey Midas, sin duda, pero sus consecuencias podrían formar parte de la misma leyenda. Siglos después de haber erradicado esa superchería del imaginario científico, estudiando la vida en los ambientes extremos, los investigadores descubren comportamientos de determinados microorganismos que asemejan el paradigma de los alquimistas: son capaces de sacarse oro de la manga. Ver artículo completo »

Hay otros mundos pero están en este, sin duda. Sobre todo uno desconocido, el que forman el universo de microorganismos, esos seres vivos que no somos capaces de ver pero que sin embargo dejan una constante huella de su presencia. De sobra es conocido que los ácaros nos acompañan durante el sueño. Pero, ¿y en la oficina, quién nos acompaña de manera silenciosa a lo largo de esas ocho horas de promedio que permanecemos en nuestro lugar de trabajo?

Un equipo de investigadores de la Unversidad de San Diego, California, y de la de Arizona se han hecho la misma pregunta y se han puesto a rastrear quién mora en los despachos. Y la medalla a las bacterias más trabajadoras hay que dársela a un tipo bastante común, los Streptococcus, Corynebacterium y Lactobactillus. Y en una proporción nada desedeñable, unos diez millones de bacterias por metro cuadrado. En total, se identificaron unas 500 bacterias de diferente género. Ver artículo completo »

La naturaleza supone una fuente inagotable para la imaginación de los humanos. Unas veces porque nos da pistas para crear o desarrollar ingenios (la formación de las telas de araña ha servido de modelo para diseñar los tejidos de keblar de los chalecos antibala y el velcro está inspirado en las plantas), otras porque nos muestra el camino a seguir (la molécula que utilizan las conchas de los moluscos para permanecer selladas es la base de un potente pegamento) y otras, sencillamente, porque ponemos a animales o plantas a trabajar para nosotros.

Este es el caso de los microorganismos. Los hemos puesto a trabajar bien para fabricar biomasa, bien para depurar las aguas residuales. Sencillamente, las agrupamos en concentraciones que pocas veces se dan en su hábitat natural y juntas producen energía o, como en el caso de un investigador holandés, se utilizan para depurar (se comen) las impurezas de las aguas residuales, convirtiendo unas aguas contaminadas en aptas, al menos, para el riego.

Es el prototipo de la llamada economía azul y, que a diferencia de otras tecnologías, son bastante menos contaminantes y más ecológicas (tanto por lo que ahorran como por lo que evitan de malgastar recursos escasos).  Ver artículo completo »

Por estas fechas, cuando aprieta la calor, comprobamos de muchas maneras cómo las fuerzas del mal se alían contra nosotros. No solo el espejo es portador de malas noticias —su dedo acusador nos dice que hay que ponerse a plan o, por lo menos hacer, ejercicio para combatir la flacidez—, basta con mirar hacia los pies y descubrir el destrozo ocasionado en forma de durezas o callos por vivir meses embutidos en duros zapatos.

Lo normal es acudir al especialista, pero lo cool es someternos a un tratamiento de ictioterapia: sumergir pies y otras partes de la anatomía en agua con peces provenientes de Asia que nos comen las impurezas y otras enfermedades cutáneas. Del mismo modo que hacen algunos grandes mamíferos y cetáceos, dejamos que unos animalillos nos parasiten y nos limpien de impurezas.

Normalmente, en estos centros se utilizan para este fin especímentes de Garra rufa o pez doctor. Son los encargados de succionar las pieles muertas. Succionar sí, porque no muerden los restos de piel muerta, sino que la aspiran. Pero también se utilizan otras especies que sí tienen dientes y en su labor de limpieza pueden arañar la piel y provocarnos heridas.  Ver artículo completo »

Hace año y medio, cuando apenas llevábamos un mes de vida, publicamos un artículo sobre las bacterias que habían sobrevivido en la Luna durante tres años, entre dos expediciones de la NASA. Lo llamamos El Turista Accidental. Ahora tiene versión en vídeo de dibujos, realizado con pocos medios pero con mucha dedicación. Esperamos que os guste la idea y, más adelante, continuar con ella.

Este primer vídeo de Más que Ciencia se estrenó para la presentación del libro Purasangres y Cerdos, que recopila (ampliados) una  colección de artículos publicados aquí. Agradecemos a las personas que se desplazaron para este evento,  a los que nos acompañaron a la charla de María Teresa Miras, presidenta de la Real Academia de Farmacia, y el posterior coloquio entre tres de los autores, los catedráticos Eduardo Costas, Jesús Pintor y Victoria López Rodas. La intención es seguir presentando el libro en distintas localidades, así que permanece atento a futuros avisos, que lo mismo aparecemos por tu ciudad. Mientras tanto, “dentro vídeo”:

La ingesta de un yogur al día, aunque no tenga entre sus ingredientes esos bífidus que la publicidad machaca -con famoso de turno de activo promotor- como remedio natural a los problemas de tracto intestinal, es un hábito alimenticio saludable porque contribuye a regenerar la flora bacteriana intestinal, tan necesaria para su buen funcionamiento.

Está formada por bacterias que, por una parte, ayudan a digerir los alimentos y por otra se encargan de defender al intestino de posibles infecciones. Una mala alimentación o tomar un exceso de antibióticos contribuyen a su desequilibrio ocasionando problemas para la salud que nos vuelven más vulnerables. Surgen, entonces, las diarreas, los problemas estomacales o una sensación de debilitamiento general.

Mantener la flora en su sitio es relativamente sencillo. Basta con consumir alimentos ricos en fibra —la gama es bastante amplia– y lácteos. Estos últimos contienen lactobacilos, un tipo de bacteria que se adhiere a las paredes del intestino y forman una barrera natural que evita que otras bacterias más dañinas se asienten en él. La fibra mejora la asimilación de los lactobacilos.  Ver artículo completo »

Aislarse en una burbuja para evitar el contagio de los gérmenes, bacterias y virus o, por el contrario, mantenerese expuesto a ellos para desarrollar en plenitud el sistema inmunológico es una cuestión tan antigua como la propia Medicina. Millonarios excéntricos como Howard Hugues o también neuróticos como Michael Jackson representan manifestaciones tan extremas como inútiles del primer supuesto (por mucho que intentaron mantenerse ajenos a los virus, jamás lo consiguieron realmente).

Sin la necesidad de pasar por los extremos, existe una corriente de pensamiento científico que asegura que si alguien vive (y crece) en unas condiciones de asepsia, el resultado final es que se convierte en más vulnerable a determinadas infecciones. La acción de los antibióticos en el mundo desarrollado, por ejemplo, nos hace, cuando viajamos, estar más expuestos a enfermedades autóctonas que no sufren los nativos de estos países.

Según un estudio publicado en Nature, se ha identificado un mecanismo en ratones que explicaría los perjuicios de crecer en ambientes limpios en el desarrollo de dos patologías: el asma y la colitis ulcerosa. Siguiendo este principio o “la teoria de la higiene”, aislaron en unas condiciones de limpieza total a un grupo de roedores y pudieron comprobar que en ese hábitat crecieron con un significativo número menor de células iNKTVer artículo completo »

Honrar al padre

Fotografía CSIC

Existe un cierto consenso en la comunidad científica en que el primer organismo vivo que pobló el planeta fue una célula procariota, una arqueobacteria. Un ser que se alimentaba de moléculas orgánicas que, a su vez, se formaron a partir de los gases de la atmósfera y mediante alguna fuente energética y se acumulaban en el mar. A partir de ahí, comenzó un apasionante camino evolutivo de cerca de 5.000 millones de años. Hoy, día del padre en la comunidad católica y la que cae en las garras del marketing, es de justicia rendirle tributo a la paternidad del resto de las especies.

Los registros fósiles más antiguos conocidos se localizaron en Groenlandia y datan de hace 3.800 millones de años. No obstante, desde hace unos años se otorga esta paternidad a la Ferroplasma acidiphilum, una bacteria hallada en 2007 en un reactor ruso alimentado con pirita. Esta bacteria se nutre de hierro y sobrevive en condiciones extremas y donde hay ácido sulfúrico.

El equipo de científicos que la descubrió, formado por españoles del CSIC, alemanes y británicos, estiman que los especímenes hallados de esta arqueobacteria sean los descendientes directos del primer organismo que vivió en la Tierra hace 4.600 millones de años.  Ver artículo completo »

En medio del horror nazi, un grupo de físicos europeos exiliados (Leó Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner) sabían que el III Reich de Hitler estaba intentando producir una bomba atómica. Con la ayuda de Albert Einstein enviaron una carta de advertencia al presidente Roosevelt. Se había iniciado el camino que condujo a Enrico a la construcción del primer reactor nuclear sobre la Tierra: el Chicago Pile-1 (CP-1), que funcionó durante 28 minutos el día 2 de diciembre de 1942 en la Universidad de Chicago. El comienzo de la era atómica. El gran logro científico tecnológico de la humanidad.

Jamás se había dedicado a algo tanto esfuerzo, talento y recursos. No es de extrañar: un reactor nuclear es una máquina sumamente compleja. Con independencia del juicio moral que nos merezca es, sin duda, una de las cumbres del talento humano…

Por eso el mundo quedó atónito ante un trabajo del físico francés Francis Perrin, quien demostró que los africanos habían hecho funcionar un reactor nuclear en Oklo (Gabón) hace 2.000 millones de años, cuando los únicos africanos que había por aquel entonces eran bacterias. Ver artículo completo »