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Quimerismo

Lo prometido es deuda, turno para las quimeras. Una mujer es fecundada, engendra y da a luz a un niño, pero resulta que genéticamente no es suyo. No hay rastros de la trasmisión de los genes de la madre al crío. No se trata de ciencia ficción, es algo más común de lo que podemos pensar.

Cuando hablamos de quimeras pensamos en algo irrealizable o imposible de conseguir, como le pasaba al bueno de Chaplin en La Quimera del Oro, o pueden pensar los aficionados a la mitología en un ser con la cabeza de un león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Pero existe también otra acepción que hace referencia a la biología y a los cromosomas.

El quimerismo es un proceso que se da durante la fecundación, de manera que dos zigotos, en vez de dar lugar a sendos gemelos, se combinan para producir un solo individuo. Este individuo, mezcla de dos, se desarrolla y crece con total normalidad. Este hecho no es óbice para que tenga dos tipos de células, cada una de las cuales tiene cromosomas distintos.  Ver artículo completo »

Foto de The USO

A mis alumnos les suelo explicar fundamentos de epidemiología terminando con un corolario humorístico, de profundo sentido humano y práctico. Se trata de la epidemiología de Barrio Sésamo, muy útil para el científico y para la vida en general.

Coco, un peluche excepcional de andares inconfundibles e intensa mirada, intentaba en aquel mítico programa televisivo explicarles a los niños la diferencia entre grande y pequeño, y cerca y lejos. Íntimamente relacionados, estos conceptos son la base de toda investigación epidemiológica y, por qué no, de cada cosa que nos sucede en la vida.

Un estadístico puede encontrar asociaciones por doquier, estadísticamente significativas, por lo tanto no atribuibles, en principio, al azar. Pero, ¿es la asociación fuerte? ¿Explica gran parte del efecto? Por ejemplo, un fumador aumenta su riesgo de cáncer de pulmón, una enfermedad frecuente, quizá ocho o diez veces respecto del no fumador. Esta es una asociación fuerte.  Ver artículo completo »

En la esencia de la cultura occidental está el convencimiento de que, pese a los inciertos golpes de la fortuna, llevamos el timón de nuestras propias vidas. Ya en la Greciaclásica, el héroe oponía a la adversidad su esfuerzo y talento, para conseguir superar un destino incierto a base de una tenacidad sin límites.

Este pensamiento condicionó nuestro modo de entender la evolución. Las primeras ideas evolutivas sostenían que los organismos se esforzaban en cambiar para hacer frente a un ambiente adverso. Con dificultad, los más perseverantes adquirían el carácter que les permitía triunfar y, como premio, sus descendientes lo heredaban. Un ejemplo es la clásica explicación de Lamarck sobre esforzadas jirafas que estiraban cada vez más sus cuellos para alcanzar los mejores brotes de los árboles.

Inmersos en semejante cultura, no es de extrañar que pensemos que las mutaciones (única fuerza evolutiva capaz de originar nuevos genes que antes no existían y, por tanto, la fuerza evolutiva fundamental) aparecen en respuesta a un desafío ambiental. Por ejemplo, si inventamos un nuevo antibiótico para tratar una enfermedad bacteriana, algunas bacterias conseguirán ser resistentes al antibiótico y sobrevivir. Todos sabemos que las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos, y por eso no conviene abusar de ellos.  Ver artículo completo »

Los recientes acontecimientos dramáticos de Japón, un terremoto nunca visto seguido de un tsunami de proporciones bíblicas, han conducido a la mayor alerta nuclear de la historia después de Chernóbil.

El miedo campa a sus anchas, así que conviene reflexionar y explicar los conceptos clave sobre exposición a radiaciones ionizantes.

La radiactividad natural del suelo, algunos manantiales, el sol y los rayos cósmicos afectan a todas las personas de un modo continuado, y se supone que en general carecen de relevancia clínica, no causan enfermedades.

Se considera seguro que los trabajadores profesionalmente expuestos reciban al año un máximo de 50 mSv, de dosis equivalente efectiva. Si recibieran esa dosis de una sola vez, significaría que durante un año no deberían acudir al puesto de trabajo donde haya exposición a radiaciones ionizantes.  Ver artículo completo »

Precisión

Una vez un niño fue interrogado sobre la edad de su abuela. Con una gran sonrisa y encogiéndose un poco de hombros dijo: “Entre 60 y 90 años”, lo que causó la risa inmediatamente en su entorno. El niño no mintió en absoluto y, desde un punto de vista estadístico, dio una respuesta correcta. Lo que sucedió es que su dato era muy impreciso. Su información realmente era muy poco informativa, aunque no fuera falsa.

Las medidas en epidemiología o en cualquier rama de la ciencia siempre están afectadas por un mayor o menor grado de error. El error que se debe estrictamente al azar y que puede proceder de la calidad del instrumento de medida, o en el caso de las observaciones sobre pacientes, del exiguo número de ellos mismos en la muestra en estudio, se llama error aleatorio y es debido por completo al azar. Por ejemplo, afirmar que en una comunidad dada un 6% de la población sufre diabetes, con un intervalo de confianza del 5% al 8%, es bastante informativo y puede bastar para planificar los recursos asistenciales para esa enfermedad y esos pacientes.  Ver artículo completo »

Nadal, un diestro adaptado a jugar con la izquierda. Foto de Alex Lee

Apenas el 15% de los niños de 10 años son zurdos. Una cifra que pasa al 5% cuando hablamos de los adultos de 50 años y decrece al 1% si el corte lo realizamos a los 80. Se podría pensar que de los 10 a los 50 años los zurdos se han adaptado al mundo de los diestros; pero esta lógica se rompe al analizar el siguiente tramo de edad. No resulta creíble que a los 50 cambiemos de hábitos, lo que nos lleva a una terrible conclusión: los zurdos se mueren antes.

Podemos confirmar si estamos ante una maldición divina, como se relata en todas las culturas, al sumergirse en los clásicos estudios sobre la esperanza de vida de los zurdos de Stanley Coren, que se basan en las abundantes estadísticas sobre el béisbol que, desde hace cien años, atesoran los norteamericanos.

Su análisis resulta revelador: la probabilidad de morir, en cualquier momento de la vida, de un jugador zurdo es un 2% mayor que la de un diestro (el  zurdo más longevo llegó a vivir 91 años frente a los 109 del diestro más anciano: ¡18 años de diferencia!).  Ver artículo completo »

Dicen los jueces que la interpretación de la ley resulta fundamental a la hora de impartir justicia. Que una aplicación lineal de la norma, sin tener en cuenta determinadas circunstancias (el contexto, la necesidad, etc), inexorablemente rompe el principio de la igualdad. La vida está llena de variables y los legisladores, cuando elaboran una ley, deberían tener en cuenta el azar y las matemáticas si no quieren que salgan normas absolutamente injustas.

Por ejemplo, la del carnet por puntos. Por más cuidado que se ponga al volante, si se conduce el suficiente tiempo, aunque sea por despiste, se acabará cometiendo una infracción de tráfico y se perderán los codiciados puntos. El azar dictaminará inexorablemente que muchos excelentes conductores pierdan su carnet, mientras que otros, temerarios y peligrosos, lo conservarán.  Ver artículo completo »