luisrock62

En algunas especies, los primeros días otoñales coinciden con la búsqueda de un compañero que proporcione ese calor y compañía para los venideros meses de invierno. Para el ciervo rojo (Cervus elaphus), conocido comúnmente como venado, el cambio de estación viene acompañado del comienzo de la berrea, aunque sus intenciones no sean tanto buscar compañera para la temporada que se acerca como pareja de apareamiento, con un fin claramente reproductivo.

Durante este periodo, los machos disputarán entre sí quién se adueña de un territorio, y por ende de las hembras; el que luche y gane es seguro que elegirá doncella para el baile de la cópula. Una relación de fuerza que lleva aparejado el premio de una compañera, que se rendirá ante el victorioso guerrero.

Sin embargo, el derrotado no lo tiene todo perdido. Contrariamente a lo que se solía entender de esta pugna, la cornamenta de los ciervos no solo constituye un instrumento para el combate, sino que se revela como un carnet de identidad genético que proporciona jugosa información para las hembras.

Si el vencido posee una importante cornamenta, y su derrota se debió a un golpe de mala suerte, podrá igualmente ser elegido, si estas se fijan en su compleja testa. Sigue leyendo