Aliviar el dolor o, sencillamente, mitigarlo mediante el uso de analgésicos que provocan bienestar son dos conceptos que no tienen por qué entrar en colisión. Ahí está el llamado Bálsamo de Tigre (que no del Tigre, pues su nomenclatura se debe a su descubridor y no al animal) para demostrarlo.
Desde hace más de 5.000 años, esta pomada de la farmacología natural china, hecha a base de alcanfor, mentol y aceites esenciales de cajeput, mental, clavo y canela, está demostrando sus propiedades curativas. Así como el negro es la ausencia de color, analizando los efectos del bálsamo se puede afirmar que el bienestar es la ausencia de dolor. Su eficacia se prueba adentrándonos en el mundo de las neuronas y las proteínas que ejercen como canales transmisores del dolor al cerebro.
El origen de las sensaciones que percibimos se llama sensibilidad somática. Es sensible a multitud de estímulos (un roce sobre la piel, el nivel de distensión de la vejiga o los cambios de temperatura) y genera sensaciones en función del estímulo del receptor sensorial activado (los mecanoceptores de la piel, los termoceptores de frío o de calor, los propioceptores musculares). Ver artículo completo »




