A nadie le resulta raro pensar que una medicina tenga su origen en el uso de una planta o de su extracto. Los estudiantes de Farmacia saben que la génesis de la farmacongnosia se remonta en la noche de los tiempos. Ahora bien, el descubrimiento de que determinadas sustancias naturales tengan propiedades beneficiosas para nosotros es una de los aspectos representativos de la esencia racional del ser humano… ¿Seguro?

¿A quién se le ocurrió la brillante idea de ingerir determinada yerba para purgar el organismo? Casualidad, imaginación, suerte o tan solo se trata simplemente de observar con atención (e imitar) a los otros seres que pueblan el planeta.

A finales de los años 60, en Gabón, se pudo comprobar que desde tiempos inmemoriales determinadas tribus ingerían las raíces de una planta llamada Tabernanth iboga, que contiene numerosos alcaloides y que hacía que el comportamiento de los gorilas que las ingerían cambiara sustancialmente. En concreto, los simios, tras comer las raíces de esta planta de la familia de las Apoquinaceas, aumentaban su frenesí sexual, probablemente debido a la presencia de la iboluteina y la tabernantina. Ambos compuestos tienen efectos afrodisiacos y euforizantes y, en grandes dosis, propiedades alucinógenas.  Sigue leyendo