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Siesta

Los españoles nos vanagloriamos de haber aportado la siesta —esa cabezadita después de comer— como uno de los grandes avances de la humanidad. Ese pequeño —o grande, que ya saben que frente a la de 20 minutos tenemos la llamada “de pijama y orinal”, que se prolonga en más de una hora y se ejecuta en el lecho y no en sofá o sillón— alto en el camino en la jornada laboral que nos permite retomar el quehacer con mayores dosis de energía y entusiasmo y que sajones o japoneses recomiendan a sus abnegados trabajadores.

Pero, como diría el castizo, menos lobos, Caperucita, que todos los animales —al menos los mamíferos— practican esta saludable práctica. Y lo primero que hay que señalar es que los alimentos de la colación del mediodía influyen, y de qué manera, a la hora de dejarnos vencer y caer rendidos en los brazos de Morfeo. Ver artículo completo »

La gran hormona

A veces con la información ocurre lo mismo que con la medicación… si se le añade el prefijo auto, se puede convertir en algo peligroso. Si la automedicación puede convertir en perjudicial algo beneficioso para la salud, una mala autoinformación puede hacernos acabar con una empanada de tal calibre que nos acabe confundiendo.

En estos tiempos en los que se preconiza la cultura de lo sano, de lo saludable y donde en cierto modo se vive una entronización de las hormonas y las vitaminas, hasta hace poco unas desconocidas y ahora elevadas a la categoría de bálsamo de Fierabrás, hay que tener mucho cuidado con tirarse al monte y confeccionar su propia receta para liberarnos de determinado mal o para potenciar determinadas actividades como aumentar la potencia sexual.

Ciertamente, la alimentación cumple un papel fundamental en la vida sexual de los humanos, pero de ahí a confeccionar una dieta a base de apio, carne, huevos, arándanos, nueces y helados para convertirnos en máquinas amatorias va un abismo.  Ver artículo completo »

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El estrés crónico provocado por eventos desagradables en la vida de las personas mayores provoca una reducción significativa de la actividad de los neutrófilos, con lo que se desarrollan más infecciones y otros problemas de salud. Estas son las conclusiones de un interesante estudio sobre la salud de las personas mayores y el impacto de nuestro actual estilo de vida caracterizado por un estrés crónico.

Dicen que no hay mayor satisfacción que la que reporta ver el desarrollo de tu descendencia y, a tenor de la alegría que exudan las personas mayores que se convierten en abuelos y abuelas, ver crecer a tus nietos. Sin embargo, en un país como España, donde cada vez hay más personas mayores, además de alegría de disfrutar de la familia, observamos una lista terrible de preocupaciones y experiencias dañinas.

Por ejemplo, ver a tus hijos intentarlo y volver a chocarse contra el muro del desempleo; ver que tu salud, por la que has pagado con tu trabajo durante muchos años, pende de un hilo y encima ahora empiezan a cobrarte extra; o revivir recuerdos de épocas oscuras del paso que temes ver repetirse en el presente… En definitiva, hay mucho estrés.  Ver artículo completo »

Somos la única especie (conocida) que cocina. Para algunos, el descubrimiento del fuego y sus ventajas a la hora de preparar los alimentos significó un punto crucial en el camino de la evolución. La comida cocinada marcó un punto evolutivo en nuestra especie que nos pudo incluso a llevar a desarrollar la inteligencia de la que hacemos gala en la actualidad. Ya saben, somos lo que comemos o, rizando el rizo, cómo lo comemos.

Consideramos que el incorporar la carne a una dieta basada en raíces, frutos, insectos y hojas, realizada por el Homo erectus, allá por entre 1,9 millones de años atrás, propició cambios en su anatomía, especialmente en su cavidad craneal. Aunque no todos los investigadores piensan lo mismo e introducen un elemento para la discusión: fue el uso del fuego lo que marcó el camino hacia la humanización.

Rastrear cuándo las cocinas se instalaron en las cavernas es algo realmente complicado, porque no resulta nada fácil encontrar cenizas con pruebas de haber sido manipuladas por un ser humano. De hecho, la datación más antigua es de hace 750.000 años en un yacimiento en Israel.  Ver artículo completo »

“El cambio de la dieta del hombre de las cavernas —consistente en grasa, proteína, algunos vegetales, raíces, semillas, unas pocas frutas y, rara vez, otras fuentes de carbohidratos— hacia una nutrición dominada por los carbohidratos, provenientes principalmente de granos, habría ocurrido en un periodo demasiado corto como para permitir que sucedan las adaptaciones genéticas necesarias que modificarían nuestro metabolismo”.

Esta es una de las descripciones, bajo mi punto de vista, más sencillas para explicar lo que nos está pasado como especie. Pertenece a un estudio que revisa las evidencias existentes sobre los probados beneficios de reducir la ingesta de carbohidratos para prevenir el cáncer, así como herramienta terapéutica contra él. Se centran en los factores de crecimiento relacionados con la insulina (IGF-1) y aportan más información sobre la alimentación para dichos casos.

Que las células tumorales consumen mucha más azúcar y a más velocidad se sabe desde hace más de 80 años. En 1921, A. Braunstein publicó un trabajo al respecto. Además de la predilección por el azúcar de las células tumorales, estas llevan a cabo la glucólisis de forma anaeróbica (sin necesidad de oxígeno), produciendo grandes cantidades de ácido láctico.  Ver artículo completo »

A punto de terminar febrero, es un buen momento para repasar si ha sido capaz de alcanzar los buenos propósitos que se planteó al inicar el año. Y seguro que en la lista se encontraba ajustar sus pautas alimentarias a un patrón de dieta equilibrada.

Somos lo que comemos o, más exactamente, nos comportamos en función de lo que ingerimos, ya que los alimentos aportan a nuestro organismo la energía suficiente para que nos podamos mover, se regeneren los tejidos, se mantenga estable la temperatura corporal… Es decir, para mantenernos en condiciones óptimas para seguir con vida. Y si no hay equilibrio, surgen los problemas y las enfermedades.

Alcanzar este equilibrio es una capacidad innata en todos los animales —las claves de la supervivencia es algo instintivo— y así lo ha demostrado un reciente estudio publicado sobre la alimentación de un tipo de escarabajo.  Ver artículo completo »

La glucosa es la gasolina de nuestro cuerpo, de todo nuestro cuerpo. Y, curiosamente, el órgano que más consume es el cerebro: a mayor inteligencia, mayor gasto energético. Los humanos destinamos el 20% de la energía que necesitamos a esta parte de nuestra anatomía.

Cuando descienden los niveles necesarios para un correcto funcionamiento, el organismo comienza a sufrir transtornos que van desde sentir debilidad o temblores hasta razonar más lentamente o padecer desmayos (hipoglucemia).

Estamos ante el hidrato de carbono más simple y uno de los objetivos de la supervivencia (o lo que es lo mismo de la existencia de vida) es garantizar su abastecimiento. Los humanos obtenemos glucosa básicamente de los cereales, las legumbres, algún producto hortícola y la fruta. Ver artículo completo »

La alimentación y otros aspectos relativos a la nutrición están en continua revisión. Periódicamente se publican trabajos que ofrecen nuevas pautas y nos invitan a dejar atrás prácticas que, aunque tengan un buen fundamento, son mejorables. Por ejemplo, aspectos como la suplementación con ácido fólico (vitamina B9) en la mujer durante el embarazo. Se ha podido demostrar que hay más beneficios cuando el ácido fólico va acompañado de una fórmula múltiple de calidad, en lugar de la administración aislada de dicha vitamina.

De lo que no hay duda, y existen evidencias que así lo indican, es de la influencia tan importante que ejercemos en la salud de nuestra siguiente generación. Los grupos de alimentos, la calidad de la dieta, el tamaño y la cantidad de las ingestas en casa determinan dichos parámetros en nuestros descendientes. Lo dicta el sentido común, pero de cuando en cuando nuestra frágil memoria precisa que nos lo recuerden desde los estamentos científico-médicos para tomarlo en serio.

Desde esta perspectiva, no resulta demasiado desencaminado culpar al entorno familiar de los malos hábitos de algunos jóvenes. Desgraciadamente, esta influencia —mala o buena— se extiende a otros ámbitos de la esfera de la educación en el hogar. Existen numerosos estudios que demuestran que una estimulación temprana a nivel psico-social capacita a la persona para el futuro (edad adulta).  Ver artículo completo »

En el collado de la Marichiva, a poca distancia del hollado Puerto de la Fuenfría, vive un zorro salvaje ajeno al pasado real que se viviera siglos atrás por esos lares. No lejos de allá está el difícil paso que utilizara Felipe II para cruzar la sierra rumbo a El Escorial y a poca distancia, la desaparecida Venta de la de la Fuenfrida, posada y resguardo de reyes y variopintos personajes que buscaran cobijo entre sus abigarrados paredones.

El collado está recorrido por una valla de piedra que sirve de separación entre las provincias de Segovia y Madrid. Por derecho de nacimiento pertenece el zorro a la linde segoviana, vertiente por donde se solaza y desenvuelve, aunque no duda cuando, la ocasión es propicia, en probar suerte al otro lado de la franja, trasladando cuerpo y cola por tierras madrileñas.

La necesidad le ha obligado -como a muchos otros- a cambiar de hábitos, y ajustar sus ‘horarios de trabajo’ a las circunstancias; así, ha cambiado su escurridizo modo de vida por otro más “socializado”, imponiendo a sus formas ausentes y esquivas un talante más abierto y una actitud espléndida para mostrarse y exhibirse. Ver artículo completo »

Dentro de unos días Juan García cruzará por primera vez como alumno el vestíbulo de la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia. Atrás quedan años de lucha y paciencia, de perservencia y disciplina, y una alegación que le permitió pasar el filtro de los números clausus. “Otros podrán esperar para cursar sus estudios. Yo no sé si tengo tiempo”.

Y es que este murciano, valenciano de adopción, inicia sus estudios superiores a los 101 años. Impecablemente vestido con un terno y cubierta la cabeza con su sombrero de fieltro blanco, deseaba ser universitario desde su etapa de adolescente.

Cada día acude a la biblioteca del Ateneo Mercantil de Valencia para repasar, durante tres o cuatro horas, la situación geográfica de las ciudades más importantes del mundo y también para aprenderse poesías.
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