Los españoles nos vanagloriamos de haber aportado la siesta —esa cabezadita después de comer— como uno de los grandes avances de la humanidad. Ese pequeño —o grande, que ya saben que frente a la de 20 minutos tenemos la llamada “de pijama y orinal”, que se prolonga en más de una hora y se ejecuta en el lecho y no en sofá o sillón— alto en el camino en la jornada laboral que nos permite retomar el quehacer con mayores dosis de energía y entusiasmo y que sajones o japoneses recomiendan a sus abnegados trabajadores.
Pero, como diría el castizo, menos lobos, Caperucita, que todos los animales —al menos los mamíferos— practican esta saludable práctica. Y lo primero que hay que señalar es que los alimentos de la colación del mediodía influyen, y de qué manera, a la hora de dejarnos vencer y caer rendidos en los brazos de Morfeo. Ver artículo completo »












