Los agricultores que han desarrollado su actividad junto a la costa siempre han buscado en el mar elementos que contribuyeran a abonar sus tierras. Una actividad milenaria que fue arrinconada por el progreso. La investigación en fertilizantes fue el detonante para abandonar prácticas como el uso de la concha del mejillón o de algas para enriquecer sus tierras de cultivo, en detrimento de otro tipo de productos que resultaban más baratos o, sencillamente, menos costosos en esfuerzo (venían directamente de la fábrica en lugar de tener que recolectar ellos mismos el abono).
El progreso, en esta ocasión, no tenía razón y ha supuesto de hecho un paso atrás. Resulta que el tratamiento con conchas de mejillón mejora la calidad y fertilidad de suelos ácidos: aumenta su pH y reduce la cantidad de aluminio. Ver artículo completo »







