Nada tan sabroso como un higo. Carnosos y dulces, a simple vista parecen el fruto de la higuera y no un reclamo para que animales y humanos los comamos y transportemos las semillas –que no se digieren— y las dispersemos a través de las heces.
Cuentan con unos de los ciclos biológicos más complejos de la naturaleza, que ya fue descrito con precisión por Herodoto. Sus flores crecen hacia dentro, en el interior de un receptáculo protector (una inflorescencia vuelta del revés). Ahí las flores desarrollan unos frutos en forma de pequeños granos denominados aquenios (que constituyen las pequeñas y numerosas pepitas duras del interior de los higos).
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