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Un encuentro fortuito puede cambiar nuestra vida… y en algunas ocasiones cambiar el rumbo de la Humanidad. Esa coincidencia se dio a los 23 años en la vida de Jane Goodall. Invitada por una amiga a visitar Kenia —estuvo trabajando cuatro meses como camarera para pagarse el pasaje—, los chimpancés acabaron atrapándola para siempre.

Nacida en Londres en 1934 en el seno de una familia humilde, nada hacia pensar que con los estudios de secretariado y un bagaje profesional en la administración de una clínica, en la Universidad de Oxford y en unos estudios que hacían documentales, Goodall acabara como un referente para una especie (en su estudio y defensa) y una forma de vida. Ver artículo completo »

Foto de ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano

En un lugar de África, de cuyo nombre no puedo olvidarme, coexisten burocracia, mafias, corrupción y desigualdades sociales. Algunos médicos y la mayor parte de la población siguen creyendo que el preservativo no previene el SIDA. Los escasos recursos sanitarios son parasitados por la codicia de los profesionales, que utilizan el sistema de beneficencia para su uso en la privada.

En este lugar de África, la mayor parte de las personas no ven como necesaria ni conveniente la canalización del agua potable a sus casas, no conciben como prioritario este acceso; las aguas cloacales son vertidas directamente a los arroyos donde se bañan los niños, se pesca, se llenan bidones para las casas, se lava la ropa y se bebe.

Aunque haya una tímida recogida de los residuos sólidos, estos en realidad son llevados a una montaña de basura donde personas y animales revuelven en busca de nada.  Ver artículo completo »

David Livingstone nació tres veces. La primera en Glasgow, el 19 de marzo de 1813, en el seno de una familia calvinista que marco su existencia hasta que la muerte se lo llevó 60 años más tarde en Chitambo, Zimbabue. Las otras dos ocasiones en las que este humilde misionero de creencias religiosas a prueba de bomba salvó milagrosamente su blanquísima piel fueron en Ujiji, Tanzania, y en Mabotsa, Suráfrica.

En ambos lugares fue el hombre -y no su dios, como pensó él- quien se interpuso en el inevitable camino hacia el otro barrio. En Ujiji surgió un sádico periodista de entre la maleza selvática quien, sin querer, pronunció una de esas frases que le lanzan a uno a la estratosfera de la fama: “Dr. Livingstone, supongo”. Efectivamente lo era, pero con un aspecto lamentable tras un lustro perdido en el continente negro. Ver artículo completo »

Hay tipos que nacen con estrella y otros estrellados. Henry Stanley está a medio camino entre los dos polos. En 1871 se topó con David Livingstone, el explorador escocés a quien casi todos daban por muerto en su obsesiva búsqueda de los flecos del nacimiento del Nilo que Speke y Burton habían dejado sin cerrar. Estaba en el corazón de África.

—“Usted es el Dr. Livingstone, supongo”.

—“Sí, caballero” —contestó Livingstone, con la benévola sonrisa y la ritual reverencia típica de un hombre con un carácter dulcísimo que gozaba en Inglaterra de un sólido aprecio popular.

Se encontraba sentado en la orilla del lago Tanganica, en una aldea llamada Ujiji, en Tanzania, y vestía como un lord en pleno centro de Londres. Llevaba más de cinco años desaparecido. La última noticia que se tenía de sus andanzas por el continente negro era un cable llegado a las oficinas de la Royal Geographical Society: “He encontrado el nacimiento del Nilo”. Todos los expertos de la refinada y prestigiosa sociedad británica quedaron estupefactos. Las coordenadas enviadas le situaban mucho más al sur, en Tanzania.  Ver artículo completo »

Toma mi mano

Foto de grietgriet

En palabras del famoso divulgador Lewis Thomas, la habilidad más antigua del oficio de médico fue tocar al paciente, entrar en contacto físico con él, poner sus manos sobre el paciente para reconocerlo, explorarlo y también en cierto modo sanarlo. Esta acción tiene poder terapéutico de un modo mucho más complejo que el mero efecto placebo.

Es una habilidad común a los chamanes, curanderos y religiosos de todo el mundo, que no sólo puede curar (en parte) sino que también puede mejorar al sanador. La Madre Teresa acogía la mano de su interlocutor de un modo muy especial, en un intento de transmitir y recibir algo intensamente humano, que algunos calificarían de energía… Incluso Michael Jackson, después de su muerte, sigue conmoviendo con una canción titulada Hold My Hand…  Ver artículo completo »