Un encuentro fortuito puede cambiar nuestra vida… y en algunas ocasiones cambiar el rumbo de la Humanidad. Esa coincidencia se dio a los 23 años en la vida de Jane Goodall. Invitada por una amiga a visitar Kenia —estuvo trabajando cuatro meses como camarera para pagarse el pasaje—, los chimpancés acabaron atrapándola para siempre.
Nacida en Londres en 1934 en el seno de una familia humilde, nada hacia pensar que con los estudios de secretariado y un bagaje profesional en la administración de una clínica, en la Universidad de Oxford y en unos estudios que hacían documentales, Goodall acabara como un referente para una especie (en su estudio y defensa) y una forma de vida. Ver artículo completo »








