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 sleep and estatura

Seguimos intentando derribar clichés al uso. Seguro que han escuchado eso de que cuando los niños tienen que soportar un periodo de permanencia en cama para curarse de una enfermedad, pegan el estirón y crecen. Incluso algunos lo hacen. Otros, más osados, se atreven a afirmar que el crecimiento se produce mientras dormimos y hay quien se aventura —esta argumentación la he escuchado en persona— a asegurar que ese aumento de estatura se produce porque mientras estamos en la cama no soportamos la fuerza de la gravedad que nos tira hacia abajo.

Nada más lejos de la realidad. El crecimiento de los seres humanos se controla por la acción de dos hormonas: la somatotropina y factor de cremiento 1 (IGF-1). La GH (growth hormone) estimula el crecimiento, la reproducción celular y su regeneración. Sus efectos pueden ser descritos como anabólicos y, además de esa función de aumentar la altura, incrementa la retención de calcio y la mineralización de los huesos, la masa muscular y, en general, estimula el crecimiento de todos los órganos internos, salvo el cerebro. Ver artículo completo »

Espermatozoides

saludable.infobae.com

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Si de sexo hay que departir, y si especialmente hay que hacerlo a pequeña escala, casi se impone hablar necesariamente sobre los espermatozoides.

Los espermatozoides son células muy interesantes no solo porque valen para lo que valen, sino porque aunque puedan parecer todos iguales, en el fondo no lo son. Desde la perspectiva más bioquímica, los espermatozoides son bastante simples, no tienen demasiadas proteínas en comparación con otras células, pero atesoran la información genética del varón, el ADN, además de otras cosas relevantes como ARN y esas pocas pero importantes proteínas.

Todos conocemos que los espermatozoides se caracterizan por poseer un largo flagelo, que, a modo de látigo, los impulsa en busca del óvulo. Es curioso, pero desde hace un tiempo, los científicos han comenzado a estudiar los espermatozoides como si fueran coches de carreras. Esto es debido a que tienen que nadar lejos y, para llegar a su meta final, cuanto más hidrodinámicos sean más lejos llegarán. Tal vez por eso, la parte delantera de estas células seminales sea lisa y no tenga mucho citoplasma, pues debe dejar espacio para el núcleo con el ADN.  Ver artículo completo »

Yo, que soy de los que va arrastrando la legaña por las mañanas y me golpeo con todas las esquinas hasta que un café me otorga un halo de vida, me maravillo de aquellos que saltan como un resorte cuando clarea el alba y se muestran pletóricos de actividad. En cambio, me gusta prolongar las veladas hasta el hartazgo, mientras los de la otra secta, apenas se pone el sol, se ponen en momento sueño y se les nubla hasta las ideas.

Biológicamente, los humanos somos habitantes diurnos. La oscuridad nos invita al descanso. Nuestro ciclo circadiano y reparador se ajusta para reparar el organismo durante la noche y las alteraciones del mismo, además de insomnio, provoca importantes problemas de salud. La condición de vampiro se atribuye a malos hábitos que provocan trastornos de sueño; aun así, hay personas que, gozando de unos hábitos saludables —no como los míos—, pertenecen a mi secta y otros, con hábitos tan malos como los que practico, madrugan como los reclutas.

¿Excepciones que confirman la regla? Quizás, pero tan vez también algo de genética. Trabajando en un estudio que pretendía localizar rasgos genéticos responsables del alzhéimer y del parkinson, un grupo de científicos se topó con una curiosidad en la composición de sus genes. En concreto,  en el llamado PER 1.  Ver artículo completo »

Cuando hace poco menos de una década el mundo se asombró por la noticia de haber descifrado el ADN humano, parecía que entrábamos en una carrera contrarrejoj por explotar todas las posibilidades que ofrecía conocer el mapa de los genes, el genoma. Gracias a él y al trabajo con las células madre, muchas enfermedades iban a tener cura y se conseguiría que los órganos dañados o con defectos de fábrica funcionaran correctamente. Y todo a la voz de ya.

Los investigadores sabíamos que tras la inicial fase de euforia social, las aguas se remansarían. Sobre todo porque el milagro de los panes y los peces en forma de maná abundante para la investigación nunca será una constante y, por otra, porque tampoco hay milagros en investigación y los trabajos precisan de un tiempo para madurar, que es necesario un largo tiempo de ensayos y pruebas de laboratorio para poder encontrar un fármaco o una terapia de aplicación para nosotros. Ver artículo completo »

Todos los seres vivos, animales o plantas, dejamos rastros de nuestra edad. Siendo niño, al contemplar un tronco cortado, me resultó fascinante saber que ese dibujo con forma de diana en su interior no era otra cosa que una representación gráfica del DNI, que por cada anillo había que sumarle un año al árbol. Luego, no dejó de inquietarme la afirmación de un lugareño de que a los burros se les reconoce su edad mirándoles la dentadura (ya saben: “A burro regalado no le miren el diente”).

Pasaron los años y comprendí que las arrugas son la expresión de la edad en los humanos, aunque hay algunos especímenes que, a base de aplicar cirugía u otro tipo de ungüentos, se empeñan en camuflarlos. Pero no es un método preciso, ya que la piel envejece por múltiples razones, entre ellas la exposición a los rayos de sol.

Para conocer la edad de un ser humano basta con analizar un poco de su saliva. Y con un margen de error mínimo. La saliva contiene nuestro ADN, es decir, toda nuestra información genética. Pues bien, una de las cinco partes básicas que forman este código es la citosina. La citosina sufre una modificación química según vamos envejeciendo. A este proceso se llama metilación y en función del cuadro que presente podremos determinar cuál es la edad de a quien se le haya escapado un poco de saliva.  Ver artículo completo »

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Somos lo que somos, genéricamente como especie y individualmente como especímenes, gracias a la información genética que se va transfiriendo de generación en generación. Este código es el que nos agrupa con otros individuos de parecidas características y, al mismo tiempo, lo que nos diferencia de ellos.

Toda esta información se almacena y se transfiere a partir de dos moléculas, el ADN y el ARN. El ADN está presente en todas las células y contiene la información genética de todos los seres vivos y es responsable de tansmisión hereditaria.

Está formado por un grupo de azúcar (la desoxirribosa), una base nitrogenada y un grupo de fosfato. Su estructura es la de un polímero formado por muchas unidades simples unidas (como las cuentas de un collar). El hilo que los une es el fosfato y lo que diferencia a cada cuenta es la base nitrogenada. Para que esta información pueda ser utilizada, debe de copiarse en otros nucleótidos, llamados ARN.  Ver artículo completo »

Inexplicablemente todavía nos engañan con el mito de la raza, de las presuntamentes superiores, de las diferencias entre ellas, cuando tan solo con unas nociones elementales de Genética de Poblaciones podemos darnos cuenta de la falacia.

Cualquier rey, el nuestro por ejemplo, puede rastrear en su árbol genealógico sus ancestros regios durante todo este milenio. Yo (y posiblemente la mayoría de los lectores) solo puedo rastrear a los míos hasta el siglo XIX, con mi abuelo Eduardo. Sin embargo don Juan Carlos, al igual que yo, tiene dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, 16 tatarabuelos…

Matemáticamente podemos representar el número de ancestros que tendríamos hace n generaciones como 2n ( y si hacemos el estudio comparado, es decir por 2 generaciones -la suya y la mía- tendríamos 22=4 abuelos, mientras que hace 4 generaciones tendríamos 24=16 tatarabuelos). Suponiendo que hubiera 4 generaciones por siglo, durante el último milenio habrán pasado 40 generaciones. Así, el número de ancestros en el año 1.000 de cualquiera de nosotros sería de 240 = 1.099.511.628.000 (más de un billón).  Ver artículo completo »

Ada Yonath impartiendo la conferencia "El increíble ribosoma". Foto de gedankenstuecke

La trayectoria vital y profesional de Ada Yonath es una historia de superación ante problemas que harían rendirse a muchos. Su constancia a la hora de estudiar cuando el entorno no era favorable y de mantener durante décadas una investigación en la que pocos dentro de la comunidad científica creían la ha llevado a estar más cerca que nadie de la esencia de la vida y a recibir el Premio Nobel.

Cuando nació en 1939 en Jerusalén, hija de una familia de escasos recursos económicos y sin estudios, pocos podrían haber sospechado que Ada Yonath acabaría siendo una eminencia del campo de la Química. Los precedentes familiares, según ella misma ha revelado, no daban el perfil de quien se dedica a la ciencia: padre rabino, que solo había estudiado sobre religión judía, y madre ama de casa entrenada para ello desde pequeña. Ambos, con lo justo para vivir. Pero Ada, desde pequeña, tenía curiosidad por el conocimiento.

A pesar de las carencias económicas, los padres de Ada siempre apoyaron su decisión de estudiar. El padre, de salud precaria y asiduo de los hospitales, falleció cuando ella solo tenía 11 años, lo que debilitó aun más las finanzas domésticas. La niña tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a la madre, limpiando casas o cuidando niños, pero no por ello desistió en su empeño de estudiar.  Ver artículo completo »

De cuando en cuando, poseídos por algún tipo de frenesí extraño, algunas extravangantes asociaciones cristianas (afectadas por un extraño cientifismo) se plantean la posibilidad de clonar a Jesucristo a partir de su ADN, obtenido de alguna reliquia como la sábana santa.

La clonación de difuntos no es una idea demasiado original. Basta recordar los presuntos intentos del médico nazi Josef Mengele (el ángel de la muerte en los campos de exterminio) por clonar a Hitler en su exilio/escondite de Argentina o las ensoñaciones de clonar dinosaurios de Parque Jurásico.

La clonación no es una tarea fácil. Básicamente consiste en producir una copia genéticamente igual a un individuo de una especie. Para ello hay que obtener el ADN completo de una célula epidérmica y colocarla en el óvulo de una hembra. Una chispa de electricidad dividiría el óvulo y, después de algunos días, obtendríamos un embrión igual al otro.  Ver artículo completo »

Algunos frisos arquitectónicos del primer gótico representan a Eva saliendo, literalmente, del costillar de Adán. Asomada por el lateral atiende a Dios, que la recibe, mientras Adán echa una cabezadita. En esos relieves se hacen más precisas, si cabe, las palabras del Génesis “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre”. Algo así como un alumbramiento excepcional (como lo de la virgen).

Que la mujer sea resultado de una extracción del cuerpo del hombre no sólo es inaudito, sino que contraviene a la misma naturaleza, que demuestra con cada nacimiento que la vida se genera en la mujer. Pero todo quedaría en una reivindicación feminista más contra el patriarcado eclesiástico si no fuera porque la ciencia ha corroborado que, en el origen, todos fuimos féminas. Ver artículo completo »