Categoría: Purasangres y cerdos


adan 

La ortodoxia cristiana dice que somos “imagen y semejanza de Dios”… pero como este señor (o ¿señora?) “está en todas partes” no debiéramos ser tan distintos de otras especies como nos creemos porque, de ser así, habría que buscar la intervención del Maligno en los elementos que nos diferencian del resto —a nosotros o a ellos—. Digo yo.

Así que, si obviamos la arrogancia que nos caracteriza —quizá esa parte de nuestro carácter es obra del mismísimo demonio— y evitando las comparaciones —existen cientos de cosas que nos hacen bastante más torpes y menos inteligentes que muchos animales—, así como en aras de buscar esos puntos comunes que nos asemejan al resto, por aquello de sumar y no restar —ya saben: siempre positivo nunca negativo—, habrá que tirar de la genética para encontrar ese tronco común y esas líneas que nos definen. Porque seguro que existe algo que objetivamente nos haga ser distintos.

Desde que en el año 2006 se hizo publico el genoma humano, llamó poderosamente la atención un grupo de genes denominados HAR, que responde a las siglas Human Accelerated Regions (regiones humanas aceleradas). Estas regiones, que son un total de 49, la presentan muchos vertebrados, pero las que tenemos los humanos son muy diferentes a la del resto, incluso a las de los chimpancés, que tan cerca están de nosotros en la escala evolutiva. Ver artículo completo »

bibe

Cuando pasas de cierta edad o simplemente cuando las vivencias se van acumulando ,pasamos buenos momentos dándole al review de la memoria y recordando esos tiempos pasados. Momentos de ensoñación que, curiosamente, siempre se detienen en un punto a partir del cual no somos capaces de recordar nada.

Es como si tuviéramos cada uno una señal inscrita en nuestro cerebro donde comenzara a funcionar la grabadora. Y más o menos eso es lo que ocurre. A partir de un momento de nuestra vida, comenzamos a recordar. Es lo que se llama amnesia infantil o amnesia de la infancia y tiene que ver con la capacidad de nuestras neuronas de establecer conexiones y las respectivas redes de la memoria. Ver artículo completo »

nariz 

La verdad es que nos lo temíamos. El tamaño de la nariz, de las fosas nasales, está en relación con el clima. Se trata de un mecanismo de adaptación que nuestra especie ha logrado desarrollar para sobrevivir mejor a las diferentes temperaturas que tienen los parajes donde hemos decidido poner nuestra tienda de campaña. O si lo prefieren, es el precio que hemos tenido que pagar por ser una especie andarina, que no se conformó con quedarse en África y prefirió explorar tierras lejanas buscando vaya usted a saber qué.

Así, las narices finas y alargadas están mejor preparadas para los climas fríos, mientras que las chatas y aplastadas resultan más útiles para los cálidos. La confirmación científica ha sido realizada por un equipo norteamericano y pone como responsable a los senos maxilares. Y vayamos por partes.

Además de albergar el sentido del olfato, por cierto el sentido más antiguo pero el menos desarrollado en nosotros, la nariz cumple un papel fundamental en la respiración. Ver artículo completo »

leopardo 

Somos fruto de un complejo mecanismo evolutivo. Gracias a él, todos los organismos tenemos una apariencia determinada que nos permite adaptarnos de la mejor manera posible a los hábitats y sobrevivir.

Los colores de la piel o pelaje, la forma de nuestras extremidades, las capas que nos cubren son una muestra de ello. Ahora bien, existen apariencias que no acaban de explicarse debidamente o, digamos, que no acaban de haberse depurado completamente. Y vamos al lío. Por ejemplo, algo determinante en todos los animales que hemos desarrollado visión es la posición que tienen los ojos en la cabeza. Así se explica que los herbívoros tengan situados los ojos en los laterales porque, según explican los biólogos, sacrifican parte de la visión frontal para tener un mayor campo de visión. Situados a los lados de la cabeza, llegan a tener un campo visual que les permite observar lo que ocurre en un ángulo superior a los 300 grados (prácticamente no tienen ángulos muertos), pero en cambio la visión superpuesta de los dos ojos apenas llega al 30%. Ver artículo completo »

metabiologia 

Uno de los enigmas que los humanos nos empeñamos en descifrar es el origen de la vida. Representa una de las cuestiones a las que intentamos dar una respuesta desde las más variadas disciplinas. En las últimas décadas, parece que nos hemos instalado en el consenso de que vida es todo aquello que evoluciona —o tiene capacidad de evolucionar—.

Si pasamos por alto las interpretaciones teológicas —que merecerían un capítulo al margen—, parece claro que los mecanismos evolutivos que hacen evolucionar a las especies es un fenómeno que se llama mutación.  Las mutaciones son cambios en la información genética que pueden permitir a los individuos adaptarse mejor a las condiciones ambientales (mutaciones beneficiosas) o bien tener consecuencias desastrosas siendo causa de enfermedad (mutaciones deletereas). Ver artículo completo »

 sleep and estatura

Seguimos intentando derribar clichés al uso. Seguro que han escuchado eso de que cuando los niños tienen que soportar un periodo de permanencia en cama para curarse de una enfermedad, pegan el estirón y crecen. Incluso algunos lo hacen. Otros, más osados, se atreven a afirmar que el crecimiento se produce mientras dormimos y hay quien se aventura —esta argumentación la he escuchado en persona— a asegurar que ese aumento de estatura se produce porque mientras estamos en la cama no soportamos la fuerza de la gravedad que nos tira hacia abajo.

Nada más lejos de la realidad. El crecimiento de los seres humanos se controla por la acción de dos hormonas: la somatotropina y factor de cremiento 1 (IGF-1). La GH (growth hormone) estimula el crecimiento, la reproducción celular y su regeneración. Sus efectos pueden ser descritos como anabólicos y, además de esa función de aumentar la altura, incrementa la retención de calcio y la mineralización de los huesos, la masa muscular y, en general, estimula el crecimiento de todos los órganos internos, salvo el cerebro. Ver artículo completo »

envejecer 

Uno de los sueños que se acariciaron tras descifrar el genoma humano era dar con las claves de la vida eterna. A priori, algo tan sencillo como localizar los genes que hacen que las células se mueran y revertir el proceso. O por lo menos, detener este proceso y evitar el proceso degenerativo que conlleva en la mayoría de los casos el envejecimiento celular.

Eso ya se ha conseguido en ratones. La responsable es una proteína, denominada SIRT3, perteneciente al grupo de las sirtuinas. Se inoculó en células madre de sangre de ratones viejos y se consiguió que crecieran otras nuevas; es decir, se frenó el proceso degenerativo de estas células.

Las células tienen una vida útil. Cuando no presentan las condiciones óptimas para la supervivencia, se dice que sufren de estrés. El estrés oxidativo ocurre cuando se generan los tan denostados radicales libres, que resultan fatales para la estructura celular. Pues bien, sin adentrarnos en más profundaciones, las sirtuinas juegan un papel determinante para que puedan resistir a este tipo de estrés.  Ver artículo completo »

face 

Prácticamente, desde que el hombre tuvo conciencia de que no era igual a sus semejantes, que tenían rasgos comunes y otros que los diferenciaban, se lanzó a hacer un catálogo agrupando a los seres humanos por sus características físicas.

A partir de esos rasgos distintivos, históricamente se determinaron atributos en los comportamientos (la nariz con forma de gancho denota a los avaros, el cráneo grande a los idiotas, unacara ancha a los agresivos…) o para definir su raza. Esa sistematización llegó a su cumbre con Césare Lombroso, un médico italiano de mediados del siglo XIX, quien influido por las teorías de Charles Darwin se atrevió a formular que el delincuente es el eslabón perdido en la evolución de la especie.

Y en la búsqueda de ese elemento diferencial de ese ser intermedio entre el hombre y el simio elaboró su antropología criminal, El Tratado Antropológico Experimental del Hombre Delincuente, donde clasifica a los delincuentes en función de caracteres antropológicos y psicológicos. El italiano observó una serie de anomalías en los cráneos de los delicuentes que los definían como tales. Y se lanzo a glosar la tipología de ellos.  Ver artículo completo »

perfume de humano

La naturaleza nos ofrece una gama innumerable de olores que nos resultan muy atractivos o sugerentes. De hecho, en todas las culturas y civilizaciones hombres y mujeres ocultamos nuestro propio olor —y estamos hablando del bueno, no del mal olor— con una serie de afeites y perfumes. De los más fuertes a los más suaves, casi todos utilizamos algún tipo de colonia, ya sea al salir del baño o a la calle.

Un nuevo y lamentable error —y ya hace tiempo que dejamos de llevar la cuenta—. Parece que a los humanos el olor que realmente nos atrae es precisamente ese, el de humano. Eso demuestra una investigación llevada a cabo en Alemania. Y lo curioso no solo resulta que prefiramos el perfume que desprende nuestro cuerpo, sino que este puede resultar un elemento determinante a la hora de elegir pareja. Ver artículo completo »

Arrugas útiles

dedus

No somos anfibios ni animales acuáticos pero nos gusta el agua como si lo fuéramos. Tanto que más de uno solo sale del líquido elemento cuando nota que las yemas de sus dedos están tan arrugados como uvas pasas. Pero esta circunstancia, la de que se arruguen los dedos por su cara interna, no solo pasa cuando los ponemos a remojo, este proceso también sucede cuando vamos envejeciendo, aunque no es tan evidente.

Este hecho común ante acontecimientos que nada tienen que ver —mojarse y envejecer— ha provocado la curiosidad científica. Observando el funcionamiento de nuestros dedos arrugados por el agua, un grupo de investigadores británicos pudo comprobar que de este modo —con arrugas— se mejora la capacidad de agarrar otros objetos mojados o sumergidos bajo el agua.

Algo que sin duda pudo haber facilitado nuestro paso de cazadores a recolectores, es decir, cuando nuestros antepasados decidieron asentar sus posaderas en un territorio y vivir recolectando los frutos del campo o en las riberas de los ríos.  Ver artículo completo »