Categoría: Bajo el microscopio


chocolate y nobel 

Chocolate, premios Nobel y estadística… tres asuntos que nos gustan en Más que Ciencia y, por lo tanto, excitan nuestra imaginación. Esta disciplina matemática, base de los estudios serios y rigurosos en ciencia, también puede resultar un instrumento para la curiosidad. Basta luego con darle el valor real al muestreo analizado y destinarlo a algo sesudo o simplemente, como dicen los sajones, a un joke.

Partamos de los parámetros más científicos: del chocolate. Enumerar otra vez más sus numerosos beneficios para la salud siempre y cuando lo tomemos en las dosis moderadas adecuadas sobra. Quedémonos solo con uno: los flavonoides que contienen —no solo este producto, sino también otro como el vino por ejemplo— es un buen argumento para recomendar su ingesta. Ver artículo completo »

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De cuando en cuando, desde estas páginas nos dejamos caer por el mundo de los materiales. Las investigaciones aplicadas no solo se fijan en modelos animales —en soluciones biológicas— para reproducir sistemas más resistentes. Se sigue experimentando con nuevos materiales o se buscan nuevas aplicaciones a los antiguos.

Hoy en día, cuando la mayoría de los gadgets tecnológicos que usamos son autónomos, una de las líneas de investigación que libran una batalla contra el reloj es la que se dedica a las baterías. Encontrar materiales que sean cada vez menos pesados, que abulten menos y, sobre todo, que duren más —a ser posible eternos, para dejar de estar buscando un enchufe continuamente— es el objetivo marcado.  Ver artículo completo »

ratas empaticas

Las ratas son las primeras en abandonar una nave o una vivienda en problemas. Ahora bien, sin negar la mayor de esa máxima que coloca a los roedores en la escala de los primeros en abandonar un entorno ante la detección de las mínimas señales de peligro, cabe preguntarse si lo hacen cada una por su cuenta. O si, por el contrario, se alían para encontrar una vía de salida en comunidad

La empatía es un comportamiento típicamente humano o de algunas especies de primates pero que raramente se otorga a otro tipo de animales. No hace mucho, este principio se ha cuestionado para nuestros mejores amigos, los perros, cuyas expresiones de solidaridad con nosotros —el contagio de nuestros estados de ánimo— ha sido el motor de varios experimentos para comprobar si los canes son capaces de tener empatía con los humanos.

Ahora, en un nuevo paso de la investigación, parece que las ratas dan muestras de empatía con su congéneres y son capaces de ayudarlas a escapar cuando las ven privadas de libertad. Es decir, que tienen rasgos de ponerse en lugar de los otros, lo que les concede un cierto grado de comportamiento social.  Ver artículo completo »

cheap

Todos tenemos que comer —algunos dicen que cinco veces al día— pero no todas las comidas son iguales. O al menos, no nos lo parecen. Eso está claro. Para gustos los colores, dicen. Pero también está claro que hay algunos sabores que podríamos denominar universales, algunas comidas que se escapan a los particulares patrones culturales de los países y que gustan por igual a un chino, a un bengalí o a un mismísimo hijo de la Gran Bretaña. ¿Ya están salibando pensando en la denominada fast food? Seguro.

Y no se equivocan. De ese tipo de comida, vamos a desgranar unas líneas. Un tipo de comida que gusta a humanos y… a ratas. En concreto, de los snacks, esos aperitivos salados que mayoritariamente nos obligan a comer hasta que el raquítico envase en el que se comercializan queda tan limpio como los suelos del palacio.

La tradición dietética hasta ahora hablaba de la irresistible atracción fatal de su alto contenido en grasa y carbohidratos, pero unos investigadores han querido ir más allá y se les ocurrió estudiar el patrón de actividad del cerebro cuando se comen las deliciosas patatas fritas, las chips. Y para ello se pusieron a observar qué ocurría en el interior de la cabeza de unas ratas alimentadas con patatas fritas, otras que lo hacían con una mezcla de grasas y carbohidratos en una proporción similar a las que contienen las patatas y un tercer grupo que comía un pienso estándar.  Ver artículo completo »

codigo de sueño 

Si nuestro cerebro manda señales radioeléctricas para fabricar su red neuronal, a través de las cuales completamos, entre otras cosas, nuestro pensamiento abstracto, construimos imágenes y almacenamos recuerdos, técnicamente ha de ser posible descifrar estos códigos y leer el pensamiento. Otro asunto diferente es que contemos en este momento con la tecnología adecuada para realizarlo y que hayamos sido capaces de descifrar ese lenguaje encriptado —el lenguaje, en terminología informática— que nos faculte para hacerlo.

Del mismo modo,  también estaremos cada día más cerca de interpretar lo que soñamos, unas imágenes que tanto dan que hablar en los divanes de los psicólogos y psicoanalistas y que provocan también cierta controversia científicas entre miembros de esta profesión y resto de profesionales médicos.

De momento, un grupo de neurólogos japoneses se ha puesto a la tarea de descifrar los posibles códigos de los sueños y, pásmense, de momento lo hacen con un 60% de acierto; es decir, que son capaces de interpretar lo que soñamos sencillamente a través de las imágenes procedentes de un escáner.  Ver artículo completo »

invisible

Hacer desaparecer un objeto a la vista y por lo tanto convertirlo en invisible: un truco solo al alcance de los grandes magos o para la mente de los guionistas de películas de ciencia ficción. Pero, desde hace muy poco tiempo, una realidad de laboratorio en Texas (EE UU).

La invisibilidad de los objetos era algo teóricamente posible. Basta tan solo con anular las ondas que emiten los objetos para que estos no puedan ser captados por la visión humana y se vuelvan transparentes a nuestros ojos. Es la sencilla traslación de las leyes de la reflexión en un complicado fenómeno que se produce en la corteza cerebral.

Sin adentrarnos en muchas complicaciones, y teniendo en cuenta que la visión es un fenómeno que no se desarrolla del mismo modo en todas las especies vivas, podemos decir —en lo que nos toca a los humanos— que todos los objetos o figuras proyectan (reflejan) ondas cuando les da la luz. Estos estímulos luminosos son recogidos por el ojo, que los envía al cerebro, donde se transforman en sensaciones visuales. La luz entra en nuestros ojos (donde se enfoca la imagen) llega a la retina, donde se activan las células sensoriales que la transforman en energía nerviosa. Estos impulsos llegan al nervio óptico, que los traslada a la corteza cerebral, donde se interpretan, reconocen y procesan. Y la visión aparece.

Teniendo en cuenta este proceso descrito, bastaría con anular ese campo de ondas para que cualquier cosa resultara invisible a nuestros ojos. Y decimos invisible porque los objetos seguirían estando en su sitio, solo que escaparían a nuestro campo visual; es decir, que solo desaparecerían de la vista. Es como si los cubriéramos con una manta transparente.

Construir esa capa es algo en lo que se lleva trabajando desde hace años en los laboratorios de física y que es una realidad hoy en día. De momento, ya han conseguido ocultar totalmente a la vista un objeto tridimensional, una vara de 18 centímetros de largo.

Estos investigadores norteamericanos han conseguido desarrollar una pantalla metálica extremadamente delgada realizada en cobre y en policarbonato que ha sido capaz de anular las ondas lumínicas de los objetos que cubre consiguiendo ese efecto de transparencia. Para ello, tuvieron que situar la frecuencia de las microondas en 3,6 Ghz.

Otro gran paso para culminar otro sueño de la humanidad, aunque el camino que queda por recorrer todavía es grande. La micropantalla es rígida y, de momento, solo sirve para ocultar un tipo determinado de objetos… Ahora habrá que probarla con otros que tengan otras formas y que sean asimétricos, así como conseguir que la superficie de la pantalla sea lo suficientemente flexible para volver transparente cualquier elemento.

A este paso, parece que la profesión de mago corre serio peligro de extinción.

hablar en voz alta

Quien más y quien menos canta —es un decir— bajo la ducha, en cambio nos cuidamos muy mucho de expresar en voz alta nuestros pensamientos cuando estamos rodeados de gente. Hablar a solas es considerado como un síntoma de locura y procuramos que nadie se entere si tenemos esa costumbre. Como mucho, nos atrevemos a susurrar en voz queda.

Quienes lo hacen —lo hacemos— se escudan en que escuchar nuestra voz mientras ejecutamos una acción nos ayuda a concentrarnos en nuestra tarea. Pues bien, esa creencia se ha convertido en una verdad científica. Un reciente estudio publicado en Quarterly Journal of Experimental Pyschology asegura que hablar a solas estimula el cerebro y mejora la capacidad de concentración.

Como en cualquier trabajo de laboratorio, se sometió a un grupo de voluntarios a un experimento. Las cobayas debían encontrar diferentes objetos que se hallaban más o menos ocultos en una habitación. Los resultados fueron sorprendentes. Aquellos que repetían en voz alta el nombre del objeto que intentaban buscar lo hallaban antes que quienes realizaban su tarea callados.  Ver artículo completo »

diente

Hoy la cosa va de ratones. En estos tiempos de crisis económica, la solidaridad también se impone en el universo roedor y unos compañeros de laboratorio se han empeñado en echarle una mano a su colega Pérez, ese mismo, el ratoncillo nocturno que trabaja intercambiando dientes de leche por regalos a los más peques, y evitar que pierda su trabajo.

El experimento se puede resumir en una frase: “Un implante de células madre de ratón consigue hacer crecer los dientes”. Se ha logrado en el Reino Unido. El grupo investigador logró desarrollar in vitro lo que se podría denominar el germen de un diente. Un tejido hibrído que utilizó células humanas y de ratón. Ver artículo completo »

telepatia 

Los experimentos de telepatía no dejan de ser curiosos juegos de salón que hacen las delicias del respetable, que provocan la admiración ante los poderes del mago y que siembran la duda sobre el poder de la mente para intercomunicarse con otra. Ahora bien, el desarrollo informático ha abierto un nuevo campo de posibilidades que pueden hacer viable esta conexión sin cables de cerebro a cerebro.

Al fin y al cabo, sabiendo que el funcionamiento neuronal no es otra cosa que un biocircuito electrónico y que el software es capaz de convertirse en impulsos eléctricos, parece que la solución está al alcance de nuestras manos. Ya hemos comentado que ya existe ese cable que puede conectar el cerebro a un terminal de ordenador e intercambiar entre cerebro-máquina información. Así que, si es posible esta conexión, por qué no hacerlo con otro cerebro. Ver artículo completo »

cotorrillas 

Algunos se atreven a llamarlas cotorras, tampoco es para tanto, pero si juntamos en una habitación a un hombre y a una mujer, con casi total seguridad la conversación acabará monopolizada por ella. ¿Agilidad mental? Seguro que sí. No me sean mal pensados, que esto no va de guerra de sexos ni de nada que se le parezca.

Sigamos: los estadounidenses, que, ya saben, son muy aficionados a hacer recuentos y a la estadística, ya dijeron que ellas pronuncian, de media, unas 20.000 palabras de media frente a las escasas 7.000 que acostumbran a salir de los labios de ellos. Casi una tercera parte más.

Algunos, norteamericanos también, andaban con la mosca tras la oreja intentado descubrir los motivos de esa mayor locuacidad femenina y acaban de publicar su solución en el Journal de Neurosciencie: la responsable es una proteína, la FOXP2 —que vaya nombre tan onomatopéyico para una proteína que se la podría haber bautizado con un simple proteína del lenguaje—.  Ver artículo completo »