Seguramente, la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) sea el insecto que más elementos comunes comparte con los humanos en sus genes (casi un 70%) pero, sin duda, el que más atrae la atención de biólogos y entomólogos son las hormigas. Quizá por esa gran capacidad de formar colonias altamente organizadas —donde conviven en orden y armonía miles de especímenes—, por su prusiana organización del trabajo, o del trabajo en equipo, o bien por esa facilidad que tienen a la hora de comunicarse entre ellas.

Esos códigos de comunicación propios que les permiten comunicarse a largas distancias, por ejemplo para pedir ayuda o alertar de un peligro, es algo que intriga a los investigadores, que se afanan en desencriptarlos. Eso parecen haber conseguido en la Universidad de Vanderbilt (EE UU). Por primera vez, se ha completado el mapa del sentido del gusto y del olfato.

Sí, parece que el elemento diferencial de las hormigas está en las narices. O mejor dicho, en las antenas. Y que esta diferencia es lo que les permite ser consideradas como los insectos más exitosos de la naturaleza.

La mayoría de los insectos elevan su sistema ofaltivo del rostro y lo sitúan en las antenas. A través de ellas, son capaces de registrar el mundo que les rodea, procesarlo y estructurarlo. Y, según parece, en las hormigas, distinguirse del resto de sus semejantes.

Sus antenas, según los investigadores, están formadas por tres tipos de receptores: los que registran los olores, llamado ORs, el que diferencia los sabores, GRs, y un tercer grupo, demominado de receptores ionotrópocos, que les permite identificar los compuestos que son tóxicos o venenosos (y, por lo tanto, les evita más de un problema de salud).

Los resultados obtenidos al completar el mapa olfativo y gustativo han sido sorprendentes: poseen genes para desarrollar 400 receptores del olfato distintos, nada menos que cinco veces más que otros insectos. Las avispas apenas llegan a los 170; las moscas, entre 75 y 150; y las mariposas solo son capaces de desarrollar unos 50.

Además, las hormigas practican una curiosa discriminación de género. Los machos están peor dotados que las hembras. Las antenas de ellos cuentan con un tercio menos de receptores que las de ellas. Los investigadores piensan que tiene que ver con la división del trabajo entre ambos géneros, ya que los machos tienen funciones más limitadas en el hormiguero (menos funciones y menor protagonismo en el desarrollo de la especie) y se centran fundamentalmente en la fecundación de los huevos.

Parece que en cuestión de hormigas está claro que quien más aporta acaba con mayores habilidades. Tiene narices.

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