Que nos gusta cambiar de vez en cuando para dar un giro a nuestra vida es algo que nos ocurre a todos en algún momento. Algunos lo pueden hacer con más facilidad que otros. Me refiero a cambiarse el pelo, de corte o de color, o cambiar de estilo de ropa. La verdad es que, bien pensado, no resulta tan difícil y a poco que nos esmeremos pareceremos otros y, por consiguiente, casi seremos irreconocibles.

Pero ¿si tuviésemos que cambiar de aspecto, por el motivo que fuese, y estuviéramos como Dios nos trajo al mundo? ¡Uy! Esto ya no es tan fácil… Sin duda, para el ser humano es algo complicado, por no decir imposible, pero para algunos organismos no supone ninguna complicación.

Algunos reptiles, anfibios, crustáceos, peces y cefalópodos (pulpos, calamares, etc) poseen en su piel unas células que tienen propiedades muy interesantes, las cuales constituyen unas zonas de la piel llamadas cromatóforos. Según la especie de la que estemos hablando y en clara relación con el nicho ecológico en el que habitan, los cromatóforos pueden tener diversos tipos de pigmentos. Esos pigmentos absorben la luz blanca y solo reflejan una, la que le da el color característico. Por este motivo, los cromatóforos pueden ser blancos, marrón/negro, amarillos, rojos, azules, etc. 

Cada animal puede tener más de un cromatóforo, de más de un color y que puede adaptar a las condiciones del entorno. Puede ser simplemente para camuflarse en el entorno, como hacen los camaleones en las selvas o las sepias en el mar. Estas últimas lo hacen mimetizando con increíble perfección la arena del fondo del mar en donde reposan. Puede ser para mostrar estado de alerta frente a alguna amenaza, como hacen algunos pulpos, o puede ser para resultar más atractivos de cara al apareamiento.

Lo que resulta apasionante es el grado de complejidad que pueden tener estos organismos para ejercer ese cambio en la coloración de la piel. Mientras que el pulpo controla la intensidad de sus cromatóforos por medio de los músculos, los camaleones lo hacen a un nivel más sutil. Los reptiles lo hacen enviando señales químicas a sus células cromatóforas, es decir, enviando sustancias como los neurotransmisores y las hormonas en respuesta a numerosos factores (temperatura, humor, situación de riesgo, etc).

Los mamíferos no tenemos cromatóforos pero sí tenemos células con pigmento que cambian el aspecto de las personas. Me refiero a los melanocitos, que se activan cuando nos da el sol, de ahí que nos pongamos morenos. Como creo que el color de la piel, como el de los ojos o el del pelo, es algo intrigante, dejaré este tema para el próximo post. Sí, lo prometo, el próximo será sobre ese tema…

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica

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