Los españoles nos vanagloriamos de haber aportado la siesta —esa cabezadita después de comer— como uno de los grandes avances de la humanidad. Ese pequeño —o grande, que ya saben que frente a la de 20 minutos tenemos la llamada “de pijama y orinal”, que se prolonga en más de una hora y se ejecuta en el lecho y no en sofá o sillón— alto en el camino en la jornada laboral que nos permite retomar el quehacer con mayores dosis de energía y entusiasmo y que sajones o japoneses recomiendan a sus abnegados trabajadores.

Pero, como diría el castizo, menos lobos, Caperucita, que todos los animales —al menos los mamíferos— practican esta saludable práctica. Y lo primero que hay que señalar es que los alimentos de la colación del mediodía influyen, y de qué manera, a la hora de dejarnos vencer y caer rendidos en los brazos de Morfeo.

Pero antes de esta paradita en el estómago, subamos un poco —en el caso de los humanos— en la anatomía y fijémonos en el cerebro. Las neuronas producen una determinada hormona en el hipotálamo, la orexina, que es entre otras cosas la responsable de mantenernos en alerta y, consecuentemente, del estado de vigilia. Es decir, que para estar despiertos y bien despiertos necesitamos una generosa dosis de esta hormona.

Además, se le atribuye un papel destacado en un correcto funcionamiento del ritmo circadiano (ese flujo que nos regula habitualmente el sueño) y se sabe que excita las áreas cerebrales encargados de producir dopamina, norepinefrina, histamina y acetilcolina; eso sin decir que existen estudios que la relacionan con la lucha contra la obesidad.

Y eso qué tiene que ver con el alpiste, se preguntarán. Pues más de lo que se creen, ya que en 2003 unos científicos descubrieron que las neuronas que producen orexinas trabajan menos con niveles altos de glucosa. Y a menos orexina, más modorra. A nivel evolutivo, los investigadores le han encontrado la lógica a este funcionamiento neuronal: “Para los animales —también para nosotros— resulta ventajoso suprimir la tendencia al consumo energético tras la obtención de alimento, para que las calorías durasen tanto como fuera posible”.

Ahora bien, en función de este descubrimiento y ya que hablamos en términos de glucosa y no de otro tipo de nutrientes, ¿existen alimentos que especialmente nos induzcan a la siesta? Pues parece ser que sí: las sustancias ricas en carbohidratos o grasas elevan el nivel de glucosa en la sangre y fatigan más; mientras que los alimentos más altos en proteínas son menos propensos a provocar este efecto narcotizante.

Paradojas de la ciencia…. el mejor remedio para evitar la siesta pasa por incluir la carne en el almuerzo.

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