Si nos dijeran que existe un botón que al apretarlo nos permitiera borrar cualquier recuerdo que tuviéramos almacenados en la memoria, seguro que una gran mayoría de nosotros haría desaparecer todas aquellas imágenes, sensaciones o vivencias que nos producen miedo. El temor, sin duda, es una emoción que no solo nos puede paralizar en el momento en que la sentimos, sino que nos acompaña durante largo tiempo y nos puede llegar a bloquear en la toma de decisiones en el futuro.

Pues bien, estos recuerdos emocionales no tienen por qué ser permanentes. Bastaría con determinar cuál es el proceso de aprendizaje que sigue nuestro cerebro ante determinadas situaciones y, sobre todo, cómo y dónde se almacenan esas sensaciones que hacen que reaccionemos de una determinada manera.

La memoria de larga duración se forma en la amígdala del cerebro. Cada vez que se aprende algo (positivo o negativo), se crea esa imagen al cabo de unas horas en nuestro cerebro (al menos seis horas después) a través de un proceso de consolidación que se basa en la formación de proteínas (“este proceso se puede definir como el paso de la memoria dependiente de la síntesis de proteínas a la memoria independiente”, explica el neurólogo Iván Antonio Izquierdo). Cuando se recuerda algo, en realidad no recordamos lo que ocurrió esa vez, sino que recordamos la última vez que pensamos en ello. Luego si se interfiere en este proceso, la imagen que nos atemoriza desparecerá de la memoria antes de que se fije y adiós al miedo para siempre.

Utilizando una simple resonancia magnética y sometiendo a unos individuos a un sencillo experimento, un grupo de investigadores han demostrado que es posible interrumpir ese proceso de consolidación: ver imágenes neutras y darles una descarga eléctrica. El miedo se reproducía después si se les mostraba la imagen, aunque no recibieran el calambrazo (actuaba la memoria del miedo).

Ahora bien, si esa imagen se repite continuamente (sin descarga) durante diez minutos a lo largo de varios días, se interrumpe el proceso y desaparece el temor al contemplar la fotografía.

No solo desaparece el miedo, sino que la resonancia muestra a las claras que dejan de aparecer la formaciones de determinadas proteínas. Es decir, la memoria se vuelve neutra porque ha desaparecido el proceso de consolidación en el cerebro.

Los autores de este descubrimiento aseguran que, avanzando en la línea que han marcado, se puede trabajar de manera eficaz en mejorar los tratamientos actuales para combatir las fobias, los ataques de pánico o ansiedad y, en general, todas aquellas emociones que puedan ocasionarnos un estrés postraumático. Y, sobre todo, seguir conociendo cómo funciona la memoria.

En definitiva, parece que ese botón existe y lo que hay que hacer ahora es aprender a manejarlo.

About these ads