Los científicos, como colectivo, tienen sentido del humor; y como prueba de que tienen capacidad de reírse de sí mismos, se reúnen todos los años en torno a unos galardones que premian las investigaciones más absurdas o imposibles. Son los Ig Nobel.

Si enunciamos que un grupo de investigación ha conseguido la fórmula para “predecir la forma en que crecerá una cola de caballo o coleta”, que hay gente que se dedica a estudiar que los chimpancés son capaces de “reconocer a sus congéneres mirándoles el trasero”, que “inclinarse hacia la izquierda hace que la Torre Eiffel parezca más pequeña”, que “los investigadores del cerebro, mediante el uso de instrumentos complicados y estadísticas simples, pueden ver actividad cerebral significativa en cualquier lugar, incluso en un salmón muerto” o a “qué ocurre con el café cuando lo llevamos en una bandeja de la barra a la mesa”, seguro que piensan que se trata de frikis que tienen demasiado tiempo libre.

Pero no, estos trabajos existen y se han publicado en revistas científicas. Es decir, que se han elaborado concienzudamente, han pasado los rígidos controles de este tipo de publicaciones y, sobre todo, a pesar de lo absurdas que puedan aparecen, algo de interés para la humanidad tendrán cuando se hacen y se editan. 

Son trabajos que tienen que ver en muchas ocasiones con lo cotidiano y que acercan la ciencia al mundo real, ese donde vivimos todos los que no pasamos nuestras jornadas laborales en un laboratorio. Por ejemplo, la industria cosmética dedica al año millones de euros a la investigación para elaborar sus productos, y para este sector, es importante conocer cómo se va a comportar el cabello cuando crece y se va a peinar en forma de coleta. Intervienen numerosas variables como la rigidez de las fibras del pelo en la cabeza, los efectos de la gravedad y que se trate de cabellos rizados, ondulados o lisos. Saber cómo se puede comportar resulta indispensable para la composición de determinados productos.

Et voilà! Si descubrimos la ecuación mediante la cual se puede predecir el comportamiento… pues otro pequeño paso para el hombre y uno grande para los peluqueros. Esta visión en clave de humor es la génesis de estos premios que parodian a sus hermanos mayores, los Nobel, y que también cuentan con su cuota de prestigio entre la comundidad, tanto que quienes los entregan son auténticos premios Nobel.

Los premios, creados hace 22 años por la revista Annals of Improbable Research, nacieron bajo el principio de honrar logros que “primero hacen reír a la gente y luego la hacen pensar”. La ceremonia, con todo el boato de los grandes eventos, tiene lugar en los salones de la prestigiosa universidad norteamericana de Harvard.

Aunque también dejan perlas como el Ig de Literatura, que en esta edición ha obtenido la Oficina General de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, por un “informe acerca de los informes sobre los informes que recomienda la preparación de un informe sobre el informe acerca de los informes sobre los informes”.

Tal cual, sin poner ni quitar una coma.

Enrique Leite