Parece que bajan las temperaturas y empieza a refrescar por las noches. Momentos de catarro y también, sobre todo para los que les gusta comer de cuchara, de desempolvar las ollas y preparar algún puchero o sopa de la abuela que entone el cuerpo antes de meterse en la cama. Porque, ya saben, nada como un buen caldo de pollo para prevenir o curar el resfriado.
¿No se lo creen? Pues hagan caso a las abuelas (que se remontan al siglo XII, el bueno de Maimónides ya lo recomendaba a sus pacientes), que existe fundamento científico —además de los otros fundamentos que contiene la sopa— en este remedio casero contra el resfriado común.
La historia tiene su aquel, pero por terminar la afirmación, sepan que la sustancia del puchero tiene propiedades que refuerzan el sistema inmunológico, concretamente posee cualidades antiinflamatorias, es decir, reduce la inflamación de garganta y de las mucosas nasales, síntomas asociados a resfriados y gripes.
La investigación surgió de la manera más inocente. En la sobremesa de una celebración familiar, un médico especialista en medicina pulmonar hablaba con el resto de comensales sobre este remedio casero para combatir los resfriados y pensó que tal vez tuviera efectos antiinflamatorios. Y dicho y hecho, se propuso estudiar en su laboratorio la posiblidad de demostrar esta teoría.
Por una parte se puso a recabar datos sobre la inflamación y recuperación de tejidos en afecciones como el asma o el enfisema y, por otra, puso a su mujer delante de los fogones a elaborar una sopa a la manera tradicional: con su pollo, su cebolla, sus patatas, su zanahoria, nabos, perejil, sal y pimienta. Después se inciaron las pruebas en el laboratorio.
Y comprobaron que la sopa (todos sus ingredientes, incluido el caldo) ayudaban a detener el movimiento de los neutrófilos (leucocitos que devoran las bacterias), que son los responsables de estimular la secreción de moco (la causa de la tos y oclusión nasal).
Una vez probado el efecto beneficioso, el investigador no descarta seguir haciendo nuevas pruebas con la sopa de pollo para comprobar otros posibles beneficios para la salud de tan tradicional plato, aunque, cáustico sobre el futuro de las mismas, declaró: “No dudo que en las generaciones venideras, la gente leerá esto [sus trabajos] y lo único que les interesará será la receta. Es que realmente es una buena sopa”.





Desconocía el beneficio descrito por la “sopa de pollo” para los resfriados. Tiene su lógica si durante tanto años ha sido administrado por las madres y abuelas, sabias todas ellas.
Yo tampoco había oído nada al respecto de los efectos terapéuticos tan concretos de la Sopa de Pollo… Aunque debo añadir que esa sopa debería hacerse con pollo ecológico (ni si quiera de corral que aún puede dar lugar a engaños), ya que si no, podríamos estar en una situación de tipo “es más caro el collar que el perro” y para curar resfriados estemos intoxicándonos de otros elementos indeseables presentes en el pollo común… que a veces uno no sabe si es realmente pollo o qué es…
Esa sopa de pollo ecológico con algunas verduras debe de estar riquísima.