La vida tal y como la conocemos es posible gracias a la explotación de las reservas subterráneas de agua. Las utilizamos tanto para el abastecimiento como para regar las cosechas o dar de beber a los animales que luego comeremos. Estos acuíferos se vacían periódicamente, pero el ciclo del agua los va rellenando paulatinamete y se mantiene de este modo el equilibrio del ecosistema.

Ahora bien, su sobreexplotación en los últimos cien años está poniendo a prueba este equilibrio.Una investigación publicada por Nature recientemente nos indica que estamos entrando en déficit y se están vaciando sin que puedan rellenarse de manera natural.

El estudio, realizado por investigadores de la McGill University de Montreal (Canadá) y Utrecht University en Holanda, ha combinado los datos existentes sobre el uso de napas subterráneas de todo el mundo con modelos desarrollados por ordenador sobre los recursos hídricos. De este modo, han establecido unos parámetros para medir el uso del agua respecto del suministro, que han arrojado el siguiente resultado: el área del suelo de la Tierra que depende de estas fuentes de abastecimiento de agua para la agricultura —denominada huella de agua terrestre— supera en una proporción de tres a uno a la capacidad de los pozos de agua subterránea.

En términos de población, estos datos significan que en torno a 1.700 millones de personas viven en áreas de terreno donde las reservas de agua, y por tanto los ecosistemas que dependen de ellos, corren un serio riesgo de amenaza.

Geográficamente, este mayor déficit se localiza en el continente asiático y en ciertas zonas de América del Norte. Concretamente, las zonas en alerta por una sobrexplotación corresponden al oeste de México y a High Plains y Central Valley de California en Estados Unidos por lo que se refiere al continente americano y a Arabia Saudí, Irán, el norte de India y partes del norte de China en Asia.
No obstante, a pesar de estos preocupantes datos, el estudio concluye que la mayoría de los acuíferos en el mundo, el 80%, están siendo explotados de manera sustentable y no existe un riesgo de que el actual modelo de su uso entre en colapso.

Los investigadores sugieren que hay que proceder a un cambio de modelo en la explotación agrícola que pasa por poner límites a la extracción de agua, introducción de técnicas de irrigación más eficientes y la promoción de dietas diferentes, con más o menos carne, con el objetivo de adecuar las reservas a las necesidades.

De lo contario, ya sabemos cuál es la receta al uso para acabar con el déficit. La naturaleza, cuando se pone a recortar, lo hace en términos de desaparición de especies.

About these ads