Que la música amansa las fieras es una afirmación que no resiste el menor debate. Probados están en numerosos animales los efectos beneficiosos que tiene escuchar una melodía para aplacar los instintos más feroces. Los humanos tampoco escapan a su poderoso influjo. La música estimula el sistema de recompensa del cerebro y crea la sensación de placer.
Y más allá de lo puramente sensorial, ya se ha comentado en este blog la diferencia entre oír y escuchar y cómo los sonidos llegan a la corteza cerebral (donde también se procesa el lenguaje), activando un complejo proceso en su interior que nos permite captar tonalidades diferentes. En definitiva, la música —más allá de las sensaciones de placer y debidamente entrenados— nos ayuda a desarrollar la capacidad de diferenciar los sonidos.
Y esta habilidad también tiene implicaciones no estrictamente musicales. Tener un espectro más alto para procesar los sonidos en un mundo cada vez más ruidoso se ha revelado como esencial para que los individuos que tienen instrucción musical cuenten con ventajas sobre el resto en acciones cotidianas, como puede ser el aprendizaje de idiomas.
Habida cuenta de lo necesario de hablar más de un idioma en esta globalización que nos ha tocado vivir, ya tenemos un argumento de peso para aprender música desde nuestra niñez. De hecho las personas con buen oído musical son más capaces de procesar idiomas diferentes al materno gracias a su capacidad de captar diferencias en el tono, pero además son más capaces de detectar el habla en ambientes ruidosos.
Pero más allá de lo anécdotico, ese entrenamiento cerebral desde la infancia tiene una función más general. Al escuchar, discriminamos sonidos; es decir, hemos desarrollado una mayor capacidad de concentración. Los últimos estudios neurológicos realizados determinan que las personas que en su niñez han recibido una formación musical no sólo mejoran la audición, sino que también aumentan las habilidades para leer y desarrollar el pensamiento matemático. En resumen, las clases de música mejoran nuestra capacidad de escucha y aprendizaje en general.
A pesar de todos estos estudios y del glosario de ventajas, resulta paradójico la poca importancia que tienen los estudios musicales a la hora de crear el currículo de los estudiantes (en general, en todo el mundo llamado civilizado, y en particular en España). No deja de considerarse una maría, eso en el caso de que la escuela programe estudios musicales, y cuando llegan los recortes, es la primera en sufrir.




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[...] programe estudios musicales, y cuando llegan los recortes, es la primera en sufrir. Extraído de: http://mqciencia.com/2012/09/17/la-musica-que-no-queremos-escuchar/ Social [...]