No hay nada tan desagradable como amanecer tras una noche de excesos de alcohol —sea o no de garrafón— y tabaco y comprobar cómo nuestro cuerpo se haya inmerso en un torbellino de náuseas, acidez de estómago, dolores de cabeza, pérdidas de equilibrio y… por favor, hable más bajito que no aguanto los gritos. La temible resaca. Entonces, en un segundo de lucidez mental, es cuando nos acordamos de la ciencia, los científicos y por qué no han descubierto ya un remedio eficaz e instantáneo para paliar sus efectos.

Bueno, tiempo al tiempo, que Zamora no se conquistó en una hora. Al menos, después de algo más de 200 años de ciencia moderna —bastante menos de los que lleva el ser humano ahogando sus penas en alcohol— ya se ha descubierto la molécula responsable de ponernos tan mal cuerpo (es un decir, ya que si no nos excediéramos no habría tal): la carnosina.

Pero al margen de los daños colaterales que provoca, la resaca también se ha convertido en un interesante punto de partida para investigar las causas del alcoholismo y abordar tratamientos efectivos de esta auténtica pandemia de nuestra sociedad. Para ello, hay que estudiar cómo afecta a las neuronas. Porque neurológicamente hablando, la resaca no es otra cosa que una señal que envía el cerebro reclamando una nueva dosis. De hecho, en la cultura popular se dice que la mejor manera de combatir la resaca es tomando un trago.

La producción de esta molécula actúa a modo de respuesta cerebral. Se trata de un neuropéptido concentrado en los tejidos biológicos de los músculos y del cerebro y que trabaja como si fuera un interruptor del cerebro. Cuando dejamos de suministrar ese alcohol, y ya saben que la borrachera indefectiblemente termina con la pérdida de consciencia durante unas largas horas, nuestro sistema nervioso está alterado y el interruptor se enciende reclamando su dosis.

Un grupo de neurocientíficos británicos ha llegado a esta conclusión tras analizar las reacciones del cerebro de un gusano, el Caenorhabditis elegans, un animalito que tiene entre otras características la particularidad de reaccionar de manera similar a nosotros ante las intoxicaciones o dependencias del alcohol. Es decir, que experimenta ansiedad, debilidad, agitación e incluso espasmos, síntomas dominantes en las resacas en sus fases más agudas.

Estudiando a los gusanos, comprobaron por primera vez dónde y cómo el consumo de bebidas alcohólicas afecta al sistema nervioso, lo que abre una interesante investigación para el tratamiento de esta enfermedad que tantos estragos ocasiona.

Localizado el interruptor, ahora se trata de hacerlo funcionar de manera adecuada y que sirva para actuar químicamente y se minimicen o eliminen por completo los efectos posteriores a una abundante ingesta de alcohol.

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