A diferencia de otras mujeres, Lise no tuvo problemas para acceder a una formación de ciclo superior, pero en cambio, tuvo que padecer el hecho de haber nacido judía en el centro de Europa. Vienesa de nacimiento, Lise Meitner (1878-1968) tuvo la fortuna de acceder a la secundaria y después a la universidad en un momento favorable, ya que un cambio en las leyes educativas austriacas levantaron la mordaza que impedia a las mujeres cursar estudios medios y superiores.
Esta circurstancia la permitió graduarse en Física y doctorarse en esta especialidad a los 26 años. Desde el comienzo se decantó por profundizar en el mundo de la radiactividad y una vez doctora, se trasladó a Alemania a implementar su conocimiento en este campo como ayundante del profesor Planck —consiguiendo medir la longitud de onda de los rayos gamma— y como colaboradora de Otto Hahn, un químico que trabajaba para el instituto de Emil Fisher. Ahora bien, en Alemania comenzaron sus problemas, primero por ser mujer y luego por sus orígenes semitas.
Fisher no permitía el acceso de las mujeres en el instituto y tuvo que realizar sus experimentos en el sótano. A pesar de ello, pudo sobrevivir dando clases en la Universidad de Berlín, convirtiéndose en la primera mujer en conseguir una plaza en la universidad alemana en una disciplina como la Física.
Su trabajo con Hahn dio sus frutos y descubrieron un nuevo radioelemento, el proactinio (Pa), y trabajaron juntos en la obtención de bario tras el bombardeo de uranio con neutrones. La idea era de Hahn, pero Lisa fue quien explicó el fenómeno (el nucleo del uranio se rompía en dos y surgía el isótopo radiactivo de bario) acuñando el término de fisión nuclear. El descubrimiento fue publicado por Hahn en la revista Nature en 1939. La colaboración entre ambos permitió la identificación de otros ocho elementos radiactivos.
Este descubrimiento fue la base para el posterior desarrollo de la bomba atómica, proyecto en el que Meitner jamás participó. Lise no volvió a trabajar nunca sobre la fisión nuclear. El caso es que a Meitner, como a otros seis millones de judíos, se le cruzó en el camino Hitler y sus leyes antijudías. Tuvo que abandonar su cargo en la universidad en 1938 y buscar refugio, primero en Dinamarca y luego en Suecia con su sobrino.
Atrás quedó ese trabajo, por el que obtuvo el físico alemán en exclusiva en 1944 el Nobel. De todos modos, jamás reclamó su participación en estos experimentos y, por lo tanto, su coautoría entre otros motivos porque era profundamente contraria al uso nuclear para el desarrollo de ingenios de guerra (rechazó formar parte de un proyecto de los aliados para crear la bomba atómica).
En Suecia continuó trabajando y fue nominada en varias ocasiones para la obtección del Nobel, pero su condición de exilada en Suecia actuó siempre en su contra. En 1947 se jubiló oficialmente, aunque no dejó de publicar artículos hasta 15 años después. En 1957 decidió trasladarse a una cabaña en Cambridge, donde murió en 1968.
Pacifista convencida, a Meitner se le conocen dos pasiones a parte de la Física: la música y las montañas de su país. Desde que se vio obligada a abandonar Austria nunca dejó de añorar los paísajes de su tierra natal. Jamás renunció a su ciudadanía austriaca.
A lo largo de su dilatada carrera académica, recibio cinco doctorados honoris causa y varias condecoraciones, como la medalla de oro Max Plank, en 1949; el premio Otto Hahn de Física y Química, en 1955; y el premio Enrico Fermi, en 1966.





Como ha venido sucediendo, los reconocimientos no son siempre justos, muchas “hijas de hipatia” quedan en un segundo plano o en un sótano. Saludos.