Cuando se trata de hablar de las ratas siempre es de precepto poner mala cara. Seguramente sea porque existen numerosos motivos por los que este animal de compañía no nos guste. Digo de compañía por que unos metros bajo nuestros pies se encuentran cientos de ellas aunque no las sintamos y alguna vez las veamos.

La capacidad que tienen de transmitir enfermedades, como la peste bubónica y muchas otras, han hecho que se las tache siempre de animal indeseable. Pero ojo, la peste bubónica la transmite una pulga que llevan las ratas, no las ratas en si…Así que seamos relativamente justos dándole a la rata parte de la culpa, pero no toda.

Hablando de justicia hay que poner a la rata donde se merece, puesto que este mamífero se emplea muchísimo en investigación y ha sido, y continua siendo, la plataforma de pruebas de muchos fármacos que nos hacen la vida mas fácil. Aunque las ratas de laboratorio hagan un papel muy importante en la investigación biomédica no quiero olvidar que incluso manipulándolas en el laboratorio es bastante fácil que, si se ponen nerviosas, intenten morderte. Lo que pasa es que como son ratas crecidas en cautividad, sus mordiscos no son peligrosos.

Cuando por cuestiones de salubridad hay que exterminar a una población de ratas, este hecho, en muchos casos, no resulta fácil. Cuando uno pone veneno mueren algunas pero lamentablemente muy pocas. ¿Por qué?

La mayoría de los venenos que se emplean para eliminar a estos roedores son sustancias anticoagulantes y que por consiguiente lo que hacen es que las ratas se mueran desangradas, bien por heridas externas o por hemorragias internas. Parece ser que las ratas pueden ir adaptándose a esos venenos haciéndose resistentes a los mismos, por lo que hay que ir cambiándolos de manera gradual. Además, algunos de estos roedores poseen un gen que las hace especialmente resistentes a estos venenos.

Además de los condicionantes genéticos y de adaptación hay otro detalle interesante que no hay que dejar pasar. Las ratas son neofóbicas , es decir no les gusta probar cosas nuevas. Es más fácil que las ratas mueran de inanición que por comer un veneno tal y como demuestran estudios realizados en laboratorios de investigación. En este sentido, en casos de necesidad las poblaciones de ratas envían a un probador y estudian si lo que prueba le sienta bien o no. Si la palma, se acabó, si le sienta bien, adelante y todos al ataque. Es probable que no solamente se fijen en si se muere el “probador”, sino que es probable que este envíe mensajes a sus congéneres antes de morir.

En un artículo publicado en la revista PlosOne se ha podido demostrar que las ratas pueden emitir sonidos que nuestro oído no percibe (ultrasonidos). Unos, de alta frecuencia, tienen que ver con aspectos sociales positivos y digamos que agradables dentro de la comunidad, pero otros de baja frecuencia tienen que ver con situaciones de estrés. Puede resultar bastante posible que al detectar su malestar las ratas comuniquen con mensajes en alta frecuencia que algo no va bien, y que esto les haga ver a las otras que no hay que comer de “aquello” que comió la primera.

Ya ven, no solo nos ayudan en el laboratorio, también podemos aprender de ellas. A final, con los animales, los prejuicios también cuentan. Libérese de ellos y piense en lugar de una imagen apocalíptica cuando las vea en Mickey Mouse, ese que era “más listo que un ratón colorao”.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica

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