Alguien con una o ninguna voluntad, o sea con poca, que se camufla entre la masa —el rebaño— y que sigue las pautas que le marcan sin rechistar es calificado como un borrego. Es decir, alguien sin personalidad. Ahora bien, ¿de verdad las ovejas resultan tan insustanciales? ¿Tienen tan pocas luces como les atribuye la cultura popular?

De entrada, parece que capacidad para aprender tienen, y bastante más certera y precisa que otros animales de laboratorio. Un grupo de científicos, para comprender su inteligencia, sometieron a un rebaño de ellas a una serie de pruebas. Básicamente, consisitían en saber si eran capaces de reconocer dónde se encontraba una recompensa (comida) escondida en unos cubos de determinado color. Tanta habilidad demostraron en distinguir los cubos premiados que los investigadores cambiaron de táctica. Pusieron la recompensa en dos cubos iguales y a su lado situaron unos conos con los colores que antes mostraban el premio.

Las ovejas, lejos de caer en la celada, se dirigieron sin mayor problema hacia el cubo con el cono del color premiado. Luego variaron no solo los colores, sino los tamaños de los recipientes y, para su sorpresa, los animalitos reconocían inmediatamente el lugar donde se escondía la comida.

Es decir, primera prueba superada: las ovejas lejos del estereotipo al que se las somete, son capaces —como la mayoría de los animales, por otra parte— de aprender. Pero no es este su único logro. Entre otras habilidades que se les reconoce, se incluye clasificar familias de vegetales, algo imprescindible para lograr todos los días su sustento.

Pero quizás lo más destacable de estos mamíferos es su memoria. En el rebaño pueden cohabitar miles de especímenes diferentes. Pues pásmense, que son capaces de reconocer las caras de sus semejantes. De hecho, esta capacidad de reconocer rostros amigos es algo que se ha comprobado en diferentes estudios realizados.

Como muchos de los hervívoros, los ovinos están en el centro de la cadena trófica, es decir, están sujetas al peligro de verse devoradas por otros depredadores. Una situación sin duda estresante y que hace de ellas unos animales ciertamente asustadizos. Pues cuando están asustadas, se ha comprobado que les tranquiliza ver fotografías de conocidos.

Las ovejas son capaces de reconocer, diferenciar y recordar las caras de otros seres vivos con los que han convivido, ya sean personas, otros animales —como los perros que las cuidan— o sencillamente compañeras de rebaño. Una capacidad para el recuerdo que se ha comprobado que puede extenderse hasta dos años en el pasado.

Quizás por ello, han sido elegidas por investigadores de la Universidad de Cambridge para estudiar diferentes enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Huntington (el mal popularmente conocido como “el baile de San Vito”).

Ahora, cuando cumplimos tres décadas del estreno de Blade Runner, quién sabe si será cierto que los androides sueñan con ovejas eléctricas.

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