Hay otros mundos pero están en este, sin duda. Sobre todo uno desconocido, el que forman el universo de microorganismos, esos seres vivos que no somos capaces de ver pero que sin embargo dejan una constante huella de su presencia. De sobra es conocido que los ácaros nos acompañan durante el sueño. Pero, ¿y en la oficina, quién nos acompaña de manera silenciosa a lo largo de esas ocho horas de promedio que permanecemos en nuestro lugar de trabajo?

Un equipo de investigadores de la Unversidad de San Diego, California, y de la de Arizona se han hecho la misma pregunta y se han puesto a rastrear quién mora en los despachos. Y la medalla a las bacterias más trabajadoras hay que dársela a un tipo bastante común, los Streptococcus, Corynebacterium y Lactobactillus. Y en una proporción nada desedeñable, unos diez millones de bacterias por metro cuadrado. En total, se identificaron unas 500 bacterias de diferente género.

Este tipo de microorganismos son los que habitualmente se encuentran en la piel, boca y cavidad nasal de los humanos y que son los responsables de enfermedades como la admigdatilis, la neumonía o el resfriado común, entre otras.

Los investigadores encontraron en su muestreo, curiosamente, que la mayor concentración de estas bacterias, o sea, las áreas más contaminadas, eran las sillas y los teléfonos. Mucho más que en el ratón, el teclado o la pantalla del ordenador (un hecho que indica que ponemos más énfasis en la limpieza de estos utensilios que de sillas o teléfonos).

Del mismo modo, se encontraron grandes difererencias en su número en función de si la plantilla de la empresa en cuestión estaba mayoritariamente formada por hombres o por mujeres. A oficinas masculinizadas, mayor número de bacterias.

Efectivamente, está en lo cierto, es una cuestión de higiene. Aunque los científicos echan una manita a los varones y afirman que, además de la higiene, existen otros factores como el volumen. Y como los hombres, por regla general, son más voluminosos que las mujeres, cuentan con una superficie de piel mayor que está expuesta a la colonización por la bacterias (que cándidos).

Si fuéramos del Gobierno o de la patronal o incluso representantes de los sindicatos, estaríamos preocupados y a la hora de hacer determinadas reformas del mercado laboral incluiríamos alguna cláusula que les afectara directamente. ¡Vamos, que facilitara el despido de esas bacterias sin derecho a percibir indemnización!

Y si los propietarios de las empresas son los responsables de su mantenimiento y de su limpieza, ¿no habría que penalizarlos también? No en vano, parte de los responsables del absentismo laboral y de determinadas bajas son estos microorganismos y su presencia en los centros de trabajo no solo depende de quién los transporte, sino de quién crea las condiciones para que vivan, se desarrollen y nos contagien.

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